
Mi apa de niño nos daba a mi hermano y a mi bolsas de tamarindos, las vendíamos en la primaria. La familia estaba en transición a mudarse del D. F. a Morelia. Yo tenía 8 o 9 años.
En Morelia durante sexto de primaria se me ocurrió hacer dibujos de superheroes como los Transformers y He-Man, mi padre sacaba un tiraje de fotocopias en su oficina, y yo los vendía para colorear. A peso el dibujo. Con eso me compraba ricas tortas de frijol con salsa valentina, un clásico local.
Durante la secundaria trabajamos mi hermano y yo un verano como albañiles en la construcción de nuestra casa en Morelia. Me gustaba comer tacos de sardinas en medio de ese peculiar olor a cemento fresco, eran una especie de afrodisiaco que después hizo florecer un peculiar amor por nuestro hogar. Orgullosamente ostentaba un letrero de cantera al frente que decía: Familia Llanos.
A principios de la prepa, a los 16, y en compañía del mejor amigo que tuve en la adolescencia: Horacio Berra, nos metimos de cargadores en una fábrica de bolsas de plástico y de pinches (ayudantes de cocineros) a un restaurante italiano. Queríamos ahorrar para comprar instrumentos musicales. No lo logramos, pero que buenas atascadas nos dábamos tras bambalinas, comíamos pasta, pizza y ensalada hasta decir basta.
Mas de una década después estaba pidiendo a mi novia en ese mismo lugar.
Un año después daba clases de natación a niños y bebes en Aquagym, la primera piscina moreliana de alta alcurnia. Era lindo. A mi no me podían pagar porque era menor de edad, entonces solo suplía a mi hermano.
Después me dediqué a estudiar como enajenado, me metía a N cantidad de cursos. Durante este periodo, la única chamba que tuve fue para una película de animación, entre otros compañeros diseñamos a los personajes, el proyecto lo dirigía Ulises Guzmán y lo supervisaba Carlos Carrera. El resultado final del cortometraje no se parece en nada a lo que habíamos ideado, pero esa ya no era nuestra chamba. Por ese trabajo, y a los 20 años, me estaba dando de alta en Hacienda como dibujante.
Hasta los 23 tuve mi primer trabajo de adevis, con horario y oficina, diseñaba una revista. Recuerdo que me ponía muy nervioso cuando las modelos iban a hacer casting, no podía trabajar. La revista era malérrima, pero aprendí a usar programas de diseño que hasta la fecha exploto. Después entre de creativo al ILCE y durante unos meses me di cuanta que las oficinas no eran para mi, o que la mejor oficina siempre esta casa.
A los 24, y envalentonado por haber ganado un concurso universitario de video en Venezuela, decidí dedicarme al freelance. Llevo 10 años inventándome mis entradas económicas, hemos hecho y deshecho todo tipo de cosas: festivales, expos, publicaciones, diseño, producción, tele, cine, publicidad, clases, cursos, conferencias, espionaje a petición, ilutraciones, asesorias, etc, etc.
Ahora ya hasta asistentes tengo y me encanta que jalan parejo, se llame la misión “tras la chuleta” o aportación cultural no deducible de esfuerzos. Tener un equipo nos permite cazar al mamut de manera mas cerceta y agarrando cada vez uno mas grande. Trabajo entre semana por lo menos 11 horas al día, trabajo los fines de semana también. No somos una mega-empresa o emporio, pero si unos complices entusiastas que nos gusta hacer MUCHAS cosas. Creo que lo que pasa es que el trabajo ha dejado de saber a obligación.
Por supuesto que no me da pena decir que soy un artista que se ejercita creativamente en otras áreas.
Dicen que soy medio workaholic.
Yo digo que hay peores casos, clínicos. A mi solo me gusta mucho lo que hago. Creo es una bendición, que agradezco todos los días, el poderme dedicar a hacer cosas que me gustan, tener trabajo.
Amén.