Recuerdo claramente el día que decidí no tener buena memoria. Era un niño en primaria, y por pura pereza mental le dije a mi madre que a mi no me hiciera los encargos a mi, que se los hiciera a mi hermano, que yo tenía mala memoria.
Ora por huevón tengo que apuntar todo, porque si no se me olvida.
Acabo de comprar mi primer disco duro de un terabite, ta bien chingón, es un chingo de espacio, pero es que esto de dedicarse al video ha hecho que tenga chingos de discos externos. Chingaderas del oficio.
Todos tienen su nombre, los míos reflejan mi educación en cate-sísmos y primarias maristas, se llaman: TODO, AMEN, MILAGROS, OHM, ALELUYA, GOOD – GOD (disco biparticionado) y MIO – DIO (dividido en dos también).
Por cierto, mi compu se llama CHAMACONA.
Y así parece que se me va la vida, llenando de gigas, K’s y bytes cositos de metal. Entre mi chamacona y mis memorias, vacio los universos digitales para cocinar y compartir. La memoria es un tema que me gusta, pero mas por su carencia, por sus aberrantes obsesiones, que por ella en si.
Chis Marker, en su excelente película de “La Jette” decía: “Moments to remember are just like other moments.They made so memorable by the scars they leave”. A mi esas cicatrices son las que me interesan, espero cada uno de mis discos estén llenos de puras cicatrices digitales.
Hoy, después de varios años, deseo, decido, decreto tener una excelente memoria!
Amén.
