amor·loco

Debo de estar mal, loco o enamorado. O las tres.

Hay decisiones que tomo intuitivamente, a veces sin terminar de digerirlas, y sigo creyendo que hice lo correcto. Ayer soñe contigo, el sábado también. Me parece absurdo. Pero también precioso y sorprendente, un poco sintomático de lo que dice Steven Pinker en su reportaje de Crazy Love: “el mal de amores (enamoramiento) se le ha achacado a la luna, al diablo, pero lo que sea que este detrás, no parece el comportamiento de un animal racional tratando de sobrevivir y reproducirse”. Después habla sobre algo muy interesante, propone que uno no acepte a una pareja que lo quiera a uno por una serie de razones muy racionales (?), sino estar con aquella con la que compartamos emociones infalseables (cambio en los latidos, la respiración y la coloración en la piel).

Yo a estas alturas espero que la palabra instinto y extinción no sean parientes. Estoy dejando algo correcto, por un algo bonito en la panza, una intuición, una corazonada literalmente. Y aun ante la incertidumbre, y sintiéndome como en la prepa ante este tipo de decisiones, sonrío.

Amén.

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One Response to amor·loco

  1. Beatriz Rossetti dice:

    Él tiene razón. Mis emociones no son falsables: cuando lo veo me late el corazón, toda mi piel se humedece, se me seca la garganta y los ojos se me vuelven líquidos, y a veces sin verlo lo siento. Paul Valery tenía razón, nada hay más profundo que la pìel.

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