Charros…charros

Mi abuelo por parte de mi madre se llamaba Antolín Jiménez, fue diputado por Oaxaca y en dos ocasiones presidente de la Asociación Nacional de Charros, terminó sus días como editor. No recuerdo a mi abuelo, no se que decía o como lo decía.

A mi la charrería me empezó a gustar ya tarde, hasta ahora, a los treintas. Me encanta verla y lo que implica como deporte nacional o como símbolo de mestizaje, pero lo que más me gusta es la indumentaria. Me gusta el uso que le han dado los de Botellita de Jerez y artistas como Guillermo Gómez Peña o Cesar Martínez.

Para la inauguración del Festival de México en el Centro Histórico me fui vestido con pantalón y camisa charra, hebilla prominente plateada con cinturón blanco piteado, zapato-teni porque las botas y el sombrero todavía no me prenden. Me faltó el bigote, lo extrañé.

Admitir que me gustan los charros, que soy sateluco, que no leo tanto, que me encuentro a la ex y me incomoda, que le sale a uno el cobre de haber estudiado en una escuela marista con tanta oración, que no se donde esta el MI en una guitarra, que tengo un chihuahueño que llevo a todos lados. etc. etc. Son confesiones que lanzó a la web, porque eso soy y no me dan pena mis lugares comunes, son los cliches con los que me persino todos los días.

Y los domingos, aun crudo, me quiero con todos y mis defectos.

Amén.

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One Response to Charros…charros

  1. Lata dice:

    Jajaja… perdón, pero no pude evitar recordar esos rezos maristas.

    Chale… qué memoria… (s)

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