Xochimilco

junio 22, 2008

La última vez que fui tuve la fortuna de presenciar en la chinampa cantar a Lila Downs. Era la despedida de Felipe Ehrenberg y se organizó una pequeña reunión con sus seres queridos. Nunca había visto a alguien cantar con toda el alma a tan corta distancia. Fue fenomenal.

Hay días, o noches, como hoy, que se me antoja echarme un tequilita y cantar esas canciones que calan. No mas por el puro gusto de sentir, sentir empatía por los caídos, los revolcados. No todos semos Pedro Infante, pero si todos sabemos de lo que habla.

A mi el gusto por la música ranchera, los mariachis y demas cuestiones nacionales se me dio tarde, pero se me dio con ganas. Jesus Jáuregui en su libro “el Mariachi” cita a Salvador Novo: Los norteamericanos se han domesticado a tomar a los mariachis como el símbolo vivo de un mexicanismo que resume todas las virtudes que se nos imputan…”.

Hoy sábado me quedaré en casa, a tocar la guitarra y brindar con Chamaco. A lamerme las heridas con sal y limón. A la salud de Lila, de Felipe, de mi familia y los que leen este blog.

Ajjjuuuaaaaa y amén.

pd. Para todo aquel que comente en este post, le mando a su correo-e un fragmento del audio de ese día en Xochimilco. Un pedacito de eso que Lila dejo en nuestro corazón.

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