Atardecer aéreo

De nuevo se cierra el ciclo, el tiempo llena su cuota y el periplo termina donde empezó. De nuevo pensando en lo que fue, y de ahí lo que podrá ser. Los hubieras y ojalás se convierten en así fue, y de esa manera ampliamos nuestro bagaje de anécdotas y aprendizaje.

Dice Rilke que hay que “Celebrar la vida siempre, incluso con lágrimas en los ojos”.

En mi caso, en el avión de regreso, mi sonrisa es inversamente proporcional al cansancio que traigo encima. Así celebro la vida, con cada gota de sudor y de lágrimas que pueda vertir. Celebraré la vida con TODO que para eso es.

Amén.

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