Andrea

octubre 15, 2008

Y como ahora se que tengo que un número limitado de posteos en este blog, voy a aprovechar los que me quedan para hablar de cosas que me calan, esas que me hacen sentir las rinostalgias en la venas o lo cursiagridulce en las víceras. Quizá me ayude a llenar ciertos huecos.

Ya hablé de Ana Lucia, siempre digo que es la mujer que mas he amado, pues bueno, cuando me refiero a Andrea digo que es la mujer que mejor he amado. Una fue cantidad-unidireccional y la otra, gracias a Dios, calidad-bidireccional.

Andrea era alemana, bavariana, la conocí en un cumpleaños de mi amiga Erika Harrsh. Era modelo, güerota, grandota y guapa como pocas. Tenía una sencillez y un corazón enorme, de provinciana sin complicaciones ni complejos, algunos traumas, pero bueno, nadie es perfecto.

Siempre le decía que era lo más bonito que me había pasado en la vida, ella solo sonreía y me decía que no era cierto. Un día le regalé un CD con todas las versiones que encontré en la red de Te quiero dijiste, canción que le cantaba de vez en cuando. Incluía frases en alemán intercaladas que yo estaba aprendiendo.

Duramos un año y medio viviendo juntos, sin falta todas las mañanas al despertar le decía las mismas palabras “buenos días amor”. Lo que más me gustaba de Andrea era que me desconectaba del trabajo, me hacía vivir. Ella llevaba la agenda, y lo hacía de una manera fenomenal: a tal hora ejercicio, a tal hora mi espacio, después trabajamos, a tal hora cocinamos y después una peli con tinto en la cama. La pasábamos bomba, era lo más.

Tuvimos hasta un Chamaco juntos, güero y chulo como su madre, grande e inquieto como su padre. Goethe dijo alguna vez: “¡Corona de la vida, felicidad sin interrupción eres tú, amor!” Así era, así fue.

Un día se me ocurrió decirle: Güera, yo creo que ya de aquí soy, como ves: casorio o chamacos?
Berlín – dijo, tomo sus cosas y se regreso a su país.

De eso hace un año, ahora se que anda con un güero, ya no nos escribimos, yo no sabría ni para que, espero que sea muy feliz en esta vida, se lo merece todo.

Y bueno, así pasa cuando sucede, cada quien encuentra o se hace su propio camino en esta vida.

Amén.

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