EL PLANisferio

octubre 29, 2008

Compré un planisferio cuando planeaba vivir con una, cuando se cambió conmigo quedamos que conquistaríamos cada uno de sus rincones. Sobre él dibujamos muchas cosas, de muchos colores, teníamos hartos planes. En seis meses viajamos a Morelia, Japón, Seoul, Nueva York y cuando planeábamos la ida a Costa Rica, la realidad vino y nos revolcó de sopetón, todo se fue al carajo. Ella se llevo sus cosas y me dejo un mapa desdibujado, un plan y un corazón a la mitad.

Lo borré, lo limpié, y lo guardé donde se guardan los planes que no se quieren abandonar, en un cajón cerca de mi almohada.

Después conocí a otra, y dijo que le gustaba viajar mucho también, así que saqué mi mapa y entre los dos volvimos a trazar rutas y caminos, con harto entusiasmo volvimos a viajar de la mano, a gozar de la vida de humano-turista, hasta que cada quien viajo su propio destino.

Después de eso preferí no guardar el planisferio, mejor lo actualicé con mis metas y destinos. Puntos rojos donde he ido a presentar mi trabajo, puntos naranjas donde he paseado y estrellitas verdes donde quiero ir. Aprendí que mis recorridos no pueden depender de un copiloto, y que si a uno le gusta conocer el mundo, lo debe de hacer, que al fin y al cabo en los trayectos se conocen grandes cómplices también.

Dicen que detrás de cada gran hombre, hay una gran mujer. Yo digo que la mía no esta detrás, esta delante y la pienso alcanzar.

Amén.

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Diálogo

octubre 29, 2008

Manuela, mi adorada sobrina, me contó muchos secretos el pasado fin de semana que pase a visitarla a Morelia.

Me dijo que escuchará más el aire que respiro y a los primeros rayos del sol, que Chamaco me quería mucho y que lo tenía que cuidar porque es pequeño y ladra muy fuerte, me dijo también que la vida es muy sabrosa y me sugirió que no me preocupara por nada, que la nada no existe y que ella lo sabía porque venía del todo. También me dijo un chiste muy bueno sobre un enredo entre satelucos y catalanes separatistas, pero como soy malo contando chistes no se los pienso repetir.

También me susurro al oído la siguiente frase: en el amor no hay nada peor que alguien con miedo.

Dicen que los recién nacidos no hablan, yo digo que más bien la gente no los sabe escuchar, ni a ellos ni a los chihuahueños.

Esta fresca noche he de seguir estudiando los sabios consejos de mi sobrina.

Amén.