Café con piernas

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En Santiago de Chile, existe una curiosa tradición en el giro de las cafeterías, la modalidad de ir a beber café y ser atendido por chicas en bikini. En los tradicionales se hace sin baile, sin cerveza y sin desnudos. Simplemente te sirven café. A estos lugares les llaman “Café con piernas”.

Los hay con variaciones más sutiles, como la cadena Café Haití donde las chicas están vestidas como colegialas porno, pero no se quitan nada, o más subidos de tono como el Bora en Valparaiso, donde ya instalaron un tubo al centro de la cafetería.

Dicen que empezaron a existir después de la dictadura, por ahí de mediados de los 70’s, como una manera de “destaparse”. Originalmente era solo ver y conversar, actualmente, en algunos establecimientos, en la compra de un jugo (de $ 5, 000 pesos chilenos) la chica se baja de la barra y se te frota durante dos canciones de la rocola. Reggaetón sobre todo se escucha.

Fui en un scouting por la curiosidad de entender mejor la cultura chilena, y para tener un juicio bastante amplió a la hora de opinar recorrí cinco de estas locaciones acompañado de otros dos artistas madrileños. Paredes con globos rojos en forma de corazón, espejos, Marylin’s y Yuyitos, la fémina exageradamente buenísima de Condorito -el mayor comic Chileno-, adornaban las paredes mientras una luz negra solo dejaba ver bordes de lencerías o bikinis.

La barra tiene un diseño muy eficaz, es muy baja, pero con una base muy alta, te permite constantemente estar viendo las piernas justo a la altura de tu café. Es muy angosta, para que no solo veas las piernas de la chica que te atiende, sino el trasero de la que le toco al de enfrente.

El protocolo es muy propio, demasiado familiar pero formal, extraño. Te saludan de beso, te preguntan tu nombre y te preguntan que vas a tomar. Probé el peor café de mi vida, eso sí, acompañado de varios excelentes pares de piernas.

Me gusta tratar de entender a un país cuando viajo, y tratar de conocer el manejo de su sexualidad me parece fascinante. En este caso, la breve aproximación fue con su manera peculiar de vender café.

Franz Kafka decía que “el mal es aquello que nos distrae”. Yo digo que prefiero distraerme con unas piernas que con cafeína. Y no bebo café, pero en Chile bien podría aprender a beberlo.

Amén.

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