Tres accidentes

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Los santos inocentes
Hace como catorce años, un 28 de diciembre, día de los santos inocentes, mis padres tuvieron un accidente en la carretera. Iban rumbo al aeropuerto de Morelia, y se voltearon en su camioneta. Los dos ingresaron a terapia intensiva, casi mueren.

Mi madre con la cara madreada, costillas y vértebra rotas, se había salido del coche por la ventana en una vuelta. Mi padre con cuasi estallamiento de vísceras, la cadera partida a la mitad y algunos lesiones en las piernas. Nos tocó a mi hermano y a mi recibirlos en urgencias.

Estuvieron hospitalizados mucho tiempo, en una sala donde a cada rato se morían vecinos de cama. Mi padre no pudo trabajar durante tres años, y después de once meses por fin empezó a caminar. Sobrevivieron de milagro, él con lesiones de la cintura para abajo, ella con lesiones de la cintura para arriba.

Ese accidente a la familia nos unió. Desde entonces tratamos de vernos lo más que podemos, por lo menos una vez a la semana, en una rica y generosa comida o cena. Valoramos más el aquí y el ahora, que bien sabemos lo tenemos prestado.

La historia del niño
“El Niño” es un amigo regio de mi hermano, así le dicen. Manejando en la Ciudad de México, una ciudad de 23 millones de personas, chocó con una señora en alguna gran avenida. La señora no traía sus papeles del seguro y cuando fueron a su casa por ellos, conoció a su hija, se enamoraron y ahora tienen una hija: “la Niña”.

Ese accidente creó una familiar, cual rompimiento de condón, no más que más bonito y sorprendente.

Mi primer choque
Fue en conjunto con mi hermano, y sin estar ninguno de los dos al volante. Estábamos en la secundaría y queríamos arrancar el coche empujándolo, el detalle fue que se nos olvido que había una bajada y el bocho se fue a estrellar contra un poste al final de nuestra calle. No hubo heridos, pero si una regañada por tan grande estupidez. Hoy es una simpática anécdota.
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Mark Twain decía que “El accidente es el nombre del mejor de los inventor”, y Napoleón Bonaparte decía a su vez que “No existe eso que llaman accidentes, es el destino con otro nombre”.

Yo digo, mientras pedaleo en el Ciclotrón en este re-sabroso domingo asoleado, que heme aquí, esperando que pasé algo sorpresivo, siempre para bien.

Amén.

Una respuesta a Tres accidentes

  1. Mirnuccia dice:

    Oigame ud. este post estuvo re-bonito… bonitas historias con finales felices…
    Saludos y beso

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