Un buen sabor de boca

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Hablamos de música, de video y de guitarras, en una azotea por el Estadio Azul donde continuamente nos orquestaban aviones. A la sazón de un rico té con dejo de anís me contó todo el periplo de su historia personal, era fuerte, tanto que le propuse que hiciera una película autobiográfica. Yo con gusto la iría a ver y hasta me compraba el DVD con todo y extras.

Al poco tiempo de convivir con ella me di cuenta cómo la intriga por el personaje se fermentaba en fascinación. Primero me interesó su mirada, demasiado inquieta, era incapaz de quedarse fija en un solo punto, parecida a la mía pero con ojos más bonitos. Una mirada de pantera que me hacía sentirme más presa que cazador. Recordé esa toma del Discovery Channel, la que afirma mi amigo Pacho que demuestra la inexsistencia de Dios, esa donde el guepardo caza a la gacela y la devora. Me sentí Bambi corriendo por el Serengeti.

Me mostró la música que hacía, sonaba bien, elaborada, pensada, trabajada hasta cierto punto, solo le faltaban las voces. Quizás no era muy novedosa, pero ¿a quien le importa lo nuevo como valor universal ya entrado en los treintas? Hoy la honestidad me parece más laudable, se vincula mejor a los clásicos, la búsqueda de la novedad per se esta llena de pretensiones.

Lo que más me impactó fue su espíritu guerrero, infatigable, absurdamente tierno y difícil de opacar. La vitalidad siempre se agradece cuando es generosa, salpica, contagia. Mi amígdala estaba funcionando a la perfección, la sentía vibrar cuando me veía a los ojos. En ese momento me di cuenta de que prefería a una reina guerrera que a una princesa demandante. Sonreí.

Después botaneamos y bebimos algo, una copa de rosado de la casa, por supuesto pensé en todas las colaboraciones deseadas y posibles, una canción, un jam, una peli, un concierto, un video, un libro, un hijo...”Inventemos algo”…le dije, “seguro” me contestó.

Milan Kundera en la “La insoportable levedad del ser” dijo que “si el amor debe ser inolvidable, las casualidades deben volar a él desde el primer momento”.

Yo digo que vi muchas casualidades, lo juro, pero así me pasa cuando me entusiasmo, así que mejor pensé en las causalidades que nos habían puesto esa noche ahí, en esa latitud. Eran muchas y muy precisas. Seguro podríamos conquistar el mundo, claro…casualmente.

Amén.

Una respuesta a Un buen sabor de boca

  1. sorpresusto dice:

    Heeee!!! mmmmm !!! yupie yei!!

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