La bella Alex

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Estoy en el medio oriente, es la primera vez que viajo a África, y es la tercera vez en mi vida que me siento geográficamente tan fuera de lugar, la primera fue en Praga hace muchos años, la segunda en Asia (Japón y Seoul) hace como cuatro años, y ahora aquí, en Alexandria. La verdad me encanta, me fascina no entender nada ni que me entiendan. Ser “el otro” tiene su encanto, sobre todo porque en este mundo globalizado cada vez es más inusual sentirlo.

Vine aquí porque me invitaron a participar en un taller que culmina con una exposición. Podrá sonar muy absurdo, pero todavía no entiendo bien a que vine, o que es lo que se espera de mi participación. Apenas nos estamos conociendo todos los integrantes: dos croatas, una de la India, un gringo, una checa, un árabe y un güey de Macedonia, que por cierto resultó ser mi compañero de cuarto en un hotel de dos estrellas.Y que quede claro, el lujo no esta en el hotel sino en el hecho de poder estar aquí.

El clima es perfecto, la ciudad es preciosa, la gente es muy amable pero como en otros tantos puntos del planeta se trata de ordeñar a tope al turista, y no es difícil si ni siquiera entiendes los números, menos las propinas que se auto-otorgan. El ambiente es vital pero muy sobrio, no toman por cuestiones religiosas, mismas que los hacen mantener muy claros ciertos protocolos.

Es alucinante el escuchar cinco veces al día el llamado a rezar con bocinas emplazadas por toda la ciudad, ¿En que momento dejamos que los medios  nos alejaran de tajo de tan bella cultura? Si bien que la tenemos atravesada en México y América Latina en mucha de la herencia española.

Dice la Wikipedia que aquí nació el museo, por iniciativa de los Ptolomeos, dice también que su función original era guardar todo el saber de la época, bajo esa primicia sería fácil decir que hoy en día el mejor museo es internet, pero de ser así ¿cómo justificamos las visitas a esos mausoleos que guardan fetiches y todo lo que se ha saqueado de tantos países?

A veces me pregunto qué tan necesario es el arte como lo entendemos en el mundo moderno y capitalista, soy parte de un sistema que muchas veces entiendo, pero que si me sacan de contexto empiezo a dudar ¿porqué el estado invierte en personas como yo para que viajen a empaparse de estas experiencias?, ¿será que nuestra mirada clínica si genera un diálogo nuevo entre las dos culturas, entre los dos países?, ¿para qué o para quién damos una opinión con una pieza por estas latitudes?, ¿qué tanto incidimos en la sociedad hoy en día este tipo de artistas nómadas que andamos de aquí para allá queriendo hacer diagnósticos culturales instantáneos? ¿complejizamos realmente la ecuación o se ha vuelto nada más un modus vivendi? Sea como sea, me parece sano tener estas dudas en un contexto tan inusual. Lo importante nunca han sido las respuestas, sino el siempre hacerse las preguntas.

Yo digo que me gusta no dar por hecho las cosas y me encanta poder tener estas vivencias para poder re-acomodar ciertos preceptos. Creo que este taller ya empezó a surtir efecto, como una manera de ejercitar la humildad, para tratar de aprender sobre el valor de la sutileza, a saber escuchar y no imponer o por lo menos a saber decir las cosas en otro tono menos frontal y escandaloso.

Esta bella experiencia traerá nuevas bendiciones.

Amén.

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