Toronto

noviembre 20, 2009

A Canadá vengo desde que tengo quince años. Tengo en Alberta a una adorada tía, varios primos y sobrinos. Siempre me pareció un hermoso lugar con sobrados espacios llenos de vegetación y fauna. De este país conozco pocas ciudades: Calgary, Edmonton, Banff, Montreal y ahora Toronto, y todas me ha tocado conocerlas con un frío encantador.

Vine hasta acá a participar en el Festival AluCine con una conferencia sobre Videoman y con una pieza que llamé “Punto suspensivo“, un coso que presenta en una animación hecha segundo a segundo todas las iphonografías que he tomado en casi tres años.

El ritmo laboral y las caricias del primer mundo me hacen saborear este rico paréntesis con sabor vacacional. Aunque ya estoy añorando la cotidianidad del ritmo hogareño, entre choping de fayuca y empape de contenidos videográficos pienso disfrutar de mis últimos días en esta rica estancia.

“Comer bien, dormir bien, ir donde se desea, permanecer donde interese, no quejarse nunca y, sobre todo, huir como de la peste de los principales monumentos de la ciudad” decía Jules Renard sobre el arte de viajar. Yo no digo nada nuevo, cómodamente solo cito y me complazco en compartirme por acá.

Amén.


Alexandría > Cairo > Madrid > México > F Worth > Toronto

noviembre 14, 2009

aeroportos

Llevo dos días entre aviones, salas de espera, aeropuertos, escalas fugaces, deseos reprimidos y comidas de amentiritas. Entre pasajeros con los que se convive sin compromisos, aeromozas que sonríen por compromiso y pilotos comprometidos con el arte de hacernos llegar al otro lado. Largas e insoportables filas que perpetúan el mismo ritual en todas las latitudes frente a los aparatos de rayos X por supuesto.

Son muchas horas sin lavarme los dientes, con la misma ropa, mal durmiendo donde se puede y como se debe. Leyendo, dibujando, escuchando música o tomando fotos, trabajando en el ordenador y actualizando mi parcela en el cyberespacio cuando hay internet a la mano.

Este traslado ha sido el más largo y cansado que he vivido, hay muchos pasos de una exposición arenosa en el medio oriente a otra entre la nieve de Norteamérica. Por supuesto no me quejo, lo celebro como cuando se corre un maratón y se empiezan a sentir los calambres en las piernas. Duelen, incomodan, pero valen la pena, se podría hasta decir, aunque suene masoquista, que se disfrutan.

Y entre tanto ajetreo todavía hay que trabajar. Contestar correos, armar las páginas de mis piezas, seguir conversaciones y mandar información precisa para mantener todos los proyectos a flote. Todo esto a la mitad de un vuelo entre una ciudad y otra, con pedazos de la que sigue, visado de la pasada y la pila a medio llenar.

Orson Welles decía que “Cuando se viaja en avión solamente existen dos clases de emociones: el aburrimiento y el terror”. Yo digo estar seguro de haber experimentado más en esta eterna odisea, pero ahorita estoy muy cansado como para poder enumerarlas.

Pero bueno, sigamos en movimiento, ya descansaremos en otra ocasión con esa sonrisa que regala la experiencia, y por supuesto en una locación más conocida.

Amén.


Nostalgias desde el Cairo

noviembre 13, 2009
piramidess

Piramides en el Cairo

Desde un segundo piso, esplendorosas, erguidas a la mitad de la urbe, se ven las pirámides. No es la típica postal que le venden a uno, es mejor aún. Como toda la realidad, supera a sus representaciones.

A la mitad del atardecer, con lo doblemente glorioso que se puede percibir ese momento, me tomo el placer de pensar en ti, y si, lo confieso, con cierta nostalgia, pero de esa rica, de esa que se puede saborear.

Mi nueva cyber-amiga Magara me dijo ayer cosas que me parecieron bastante pertinente citar en este blog, ella dice lo siguiente: “La nostalgia me parece un sentimiento, un estado anchuroso y complejo. Abarca el pasado y el futuro. Uno anhela lo que ha sido o lo que podria ser o lo que sera: un encuentro esperado, acordado, por ejemplo. La nostalgia no se circunscribe al ambito del recuerdo, anima mas sentimientos que el deseo de restañar lo pasado. La nostalgia es poderoso estado del anima y mas, si es verdad que en nosotros aun queda algo del polvo de estrellas al que hemos de volver en algun momento, o no? A veces es como verse en un espejo de lo hermoso, de lo eterno; otras, es efimera imagen del recuerdo y otras inspiracion de la historia toda de la humanidad que no vivimos o no viviremos, en el encuentro con la prehistoria o los dias de un posible Blade Runner. La nostalgia genera ciencia ficcion y tambien desata pasiones. La nostalgia es estado poderoso que inunda la capacidad de crear ficcion, de enamorarse sin querer y de llorar sin mucho motivo aparente. Uno anda tonto cuando esta nostalgico. Un poco borracha, un poco soñando y desvelada, Es como una cruda suave y tierna…prolongada y que tambien duele pero dulcemente. Y en cierta forma uno quiere curarse y al mismo tiempo no bajarse nunca de esa nube. Soñar y anhelar, rondar lo vivido y avisorar nuevas rutas de lo mismo, algo asi. Como domir en el viento y dejar que la tormenta bañe la cubierta de su barco o sacuda la fragil textura de la espalda. Uno quiere andar al reves, mirandolo todo con los ojos cerrados y con la boca entreabierta, asi de extraño es el sentimiento nostalgioso, y es una pena que no se propague, se contagie y nos invada de una vez por todas y nos quedemos ensoñando tarde a tarde y noche a noche, sin temor, ni espera solo asi en la mirada mas plena del espiritu (algo bastante inutil, bastante pretencioso y que puede llegar a dar un asco horrendo).”

Yo digo, después de citar las ideas de mi amiga Magara, o mejor dicho, plagiarme sus sentimientos, que hay nostalgias que se viven en presente, pero solo se experimentan en el futuro cuando se ve al retrovisor. Viva la melcocha, aun mejor añejada.

Amén.


Siwa

noviembre 7, 2009
siwas

Siwa

Los oasis, así como el resto del universo, no son como los dibujan en las caricaturas. Y no mas pa’ comprobarlo, viaje seis horas hacia el suereste de Alejandría en dirección a Libia. Llegue en un precioso amanecer, de un lado la luna flotando, regordeta, del otro el sol asomándose entre dunas.

Siwa es un pequeño pueblo de beduinos, bordado en medio de un oasis que se encuentra en un valle a la mitad de un desierto llamado “el mar de arena”. Salpicado de palmeras y rodeada de algunas lagunas saladas y ojos de agua, el contraste entre la vida y lo duro que suena el que exista en esas condiciones, hace que el todo se vuelve un manjar para los sentidos. ¿Será por eso que desierto y postre se dice igual en ingles?

Las visitas relámpago tienen que realizarse de entrada por salida, esto lo vuelve todo doblemente fugaz y emocionante. En ese tono empecé a descubrir y degustar la locación, con ese toque de adrenalina que la intriga le hace a uno la mañana más sabrosa.

El trazo vivencial comenzó con un punto claro pero contundente, subir a un montículo denominado “La montaña de la muerte” y desde ahí ver salir el sol. Tan simple y clásico como eso suena, claro que a doce mil kilómetros de casa y en medio de un oasis de adeveras, lo simple y lo clásico saben diferentes.

Cuando uno tiene problemas para entender las fronteras entre los viajes de negocios y los de placer, estas situaciones nos confunden más, no se sabe si se pasea, si se crea, si se planea lo que se hará después, o si sigue uno jugando al diagnóstico para entender el otro, no importa, todo va de la mano y se vuelve parte de una palabra clave y sencilla: vivir, vivir la experiencia...”con dos cucharadas de gocé estético y para llevar por favor”.

Después probé el desayuno más rico en mi vida, fue ahí, en un chulísimo hotel llamado Albabinshal. Nos dieron unos manjares locales, por supuesto orgánicos, como queso fresco, olivas, aceites, carne de camello, pan y mermeladas de higo y naranja. Te negro con menta fresca para cerrar. Cada vez estoy más seguro que la percepción de todo es una cuestión de contraste, y que mejor escenario para lucir los sagrados alimentos que construcciones hechas de arena y palma. ¡Experiencia colosal!

Ya caída la tarde me adentré en el desierto junto con otros acompañantes, en un jeep que uno contrata y que le da uno la paseada de su vida. Quería saber que se siente aventarse por las dunas en una sandboard (que es lo mismo que la snowboard, pero tropicalizada para la arena) y como era no ver más que arena, mucha, un chingo de arena. No tengo palabras, pero si videos, para describir como fue dicha vivencia. Si el paraíso existe, seguro tiene dunas en lugar de nubes.

Y ahí, en la cima de un gran montículo harto arenoso, esperamos el atardecer, para cerrar bien el ciclo de este periplo, vimos el sol meterse de un lado del hemisferio y del otro una luna llena sonreír a tope. Me sentí en paz y muy feliz.

Cada que tengo el privilegio de vivir algo así, le doy gracias a Dios como aprendí a darlas en un libro que leía en la prepa. Decía que había que darlas tres veces, una por cada plano espiritual: “Gracias, Gracias, Gracias”. Así dije desde ese punto en una duna donde no había ninguna sombra proyectándose.

Amén.


Preguntas sin respuesta:

noviembre 1, 2009

alfabetos

¿En que parte de Alexandria se perdió Alejandro?
¿El camello es doble dromedario o el dromedario es medio camello?
¿Cuando todo esta bien, cuando empieza a estar mal?
¿Cuanto me quieres?
¿Que tanto es tantito?
¿De que color es la piel de Dios?
¿Dios es hermafrodita?
¿Hay vida despues de la muerte? O más importante aún ¿se podra tener sexo después de la muerte?, o todo acaba en un fade out.
¿Los animales tienen alma?, ¿De que tamaño?
Y la más famosa de todas: ¿Yo porqué?, cita de nuestro ex-presidente Vicente Fox.

Yo digo que aunque no tengan respuesta algunas preguntas, siempre vale la pena hacerlas, la imaginación se dispara a todo dar.

Amén