Dibujando domingos

febrero 22, 2010

He decidido compartir un poco de lo mucho que a mi me han compartido, un poco de esa pasión que tengo en las venas desde chavito, y pienso hacerlo en mi día favorito: los domingos.

Hoy comencé a darles clases de dibujo a hijos de amigas mías, chavos entre 13 y 15 años, lo hago por la mañana, en una heladería. Nos vamos a ver cuando pueda, cuando no viaje, pero ya implementamos una metodología y tareas. Lo que más me gusta ver son las ganas de dibujar y aprender que tienen estos mozalbetes.

Comenzamos ya a revisar los tres elementos básicos de un dibujo: punto, línea y plano. Les recalqué lo que uno tiene que hacer para saber dibujar: observar y mover el lápiz. Así de sencillo, por siempre complicado.

Las clases son gratis, a ver hasta donde llegamos…De momento solo llevamos una clase, y la dedicamos en gran parte a revisar los trazos de “Horacio, el jitomate valiente”, pero estoy seguro que esto puede crecer, y que esto puede ayudarles a crecer también.

Dice Alejandro Jodorowsky en uno de sus libros, que le dijo la chilena Julieta Parra: “no todo puede depender del poder del dinero”. Él aprendió la lección y lee el tarot de manera gratuita en un café en París, yo no creo haber aprendido todavía ese rubro, pero en lo que lo hago doy mis clases entre ricos helados mexicanos.

Así como mucha gente fue generosa y me ayudó a crecer, yo saldaré esta deuda en vida con un exquisito sabor a guanábana, mamey, pistache, rompope y macadamia.

Amén.

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La profesionalización del medio (o la anécdota del cheque)

febrero 17, 2010

Siempre lo he dicho: “es responsabilidad de todos profesionalizar el medio”. Los alumnos, los maestros, los directores de museos, los espectadores, los artistas, los galeristas, los promotores, los coleccionistas, los de seguridad y hasta los de mantenimiento, TODOS tenemos que cobrar por nuestro trabajo. Si, aún en la esfera cultural.

No se vale pedir las cosas de a gratis, no es que no se pueda, es que no es sano, no es una cuestión de “vamos a hacernos ricos”, es una cosa de entender TODOS que las cosas, el conocimiento y la experiencia cuesta, y que por lo que hacemos o compartimos vale la pena ser retribuidos.

Los intercambios deben ser remunerados y así la relación es totalmente profesional. No se vale pedir las cosas “por amor al arte”. Como diría mi gurú en –El arte de vivir del arte-: “De dónde sacan Uds. que los profesionales del arte están obligados a brindar sus servicios gratuitamente?”.

Siempre hay una manera de solucionarlo, es una mentalidad derrotista decir “no se puede” sin siquiera hablar de números y modos de retribución. Así he pensando en los últimos años, y he tratado de contagiar dicho pensamiento en mis alumnos y vivir de la manera más fidedigna apegado a este principio, con la certera convicción de que a largo plazo nos ayudará a todos los que nos dedicamos a esto.

Hace cinco años me invitaron a presentar un video en el Museo Guggenheim de Nueva York, prestigiado recinto del arte contemporáneo. Yo por supuesto acepté y pensando que ya me acercaba a “las grandes ligas” (y sobre todo a sus jugosas tarifas) pregunté cuanto se me iba a pagar, me contestaron que 50 dólares. No lo podía creer.

Aún así, me consta que fui de los pocos en exigir un pago y en asistir a la presentación del programa. El taxi del Aeropuerto a Manhattan me costó 55 dólares y depositar o cobrar el cheque en México me costaba $ 500 pesos de comisión. Así que no lo cobre, decidí mejor enmarcarlo y ponerlo en mi cocina. Para recordarme cotidianamente que hay que trabajar y cobrar, por lo menos para poder comer cosas ricas y sabrosas.

En este caso, pedí un pago, me lo ofrecieron mínimo y simbólico y ni lo pude cobrar, pero todo esto se convirtió en una invaluable anécdota. Buñuel decía: “Admiro al hombre que permanece fiel a su conciencia y a cualquier cosa que ésta le inspire”. Yo al compartir esta anécdota espero que más gente se sume a la profesionalización del medio, y espero también, de todo corazón, que la siguiente lección que aprenda sea “La negociación de tarifas justas”.

Amén.


Orgullo local

febrero 16, 2010

Escudos del pasado
Las oficinas principales de la Secretaría de Educación Pública se encuentran en lo que fue un antiguo monasterio en el Centro Histórico de la Ciudad de México, ahí dicen que se encuentra una tercera parte de toda la obra del pintor Diego Rivera. Son preciosos murales de contenidos históricos, y los que más llamaron mi atención, son los que  están en el segundo piso del patio principal, escudos de cada uno de los estados de la República Mexicana. Dicen que se los encargaron a Diego Rivera y se rumora que Vasconcelos le patrocinó un viaje por algunas ciudades del país para que él inventara los de los estados que no tenían uno. El que más llamó mi atención es el de Sonora, con pirámides egipcias al fondo y una svástica en el pecho de un amerindio con los brazos abiertos.

Se podría especular mucho en relación a esta imagen y sus orígenes, escribir todo un tratado sobre el pre-nazismo sonorense de principio de los años 20’s. Sin lugar a duda son una imagen y una historia no escrita muy perturbadoras.

Escudos de mi origen
Ciudad Satélite esta formado por 33 circuitos y cada uno de ellos esta vinculado a una profesión: novelistas, historiadores, etc. Pocos satelucos saben que existen escudos por cada uno de los circuito. Son preciosos, chistosos y muy peculiares. Se nota que fueron hechos por los mismos colonos y lo mejor es ver como el motivo de las torres cambian en cada uno de ellos según la aproximación de cada profesión.

Hace varios años diseñé uno, el del circuito inexistente número 34, y se lo mandé a Sari Bermúdez, directora de CONACULTA, para que se apoyara la moción de abrir un nuevo circuito, de una nueva profesión: Circuito Videoastas. Nunca me contestaron mi petición.

Escudos del futuro
A finales de este mes presentó el proyecto más social y activista que he hecho. Es para una exhibición que se presenta en Valparaíso durante el Congreso de la Lengua Española. Se llama Orgullo Local y es un concurso por diseñar los escudos de los 42 cerros que conforman la ciudad de Valpo.

Hemos recibido 59 diseños de escudos, y los estamos imprimiendo en muchos productos: camisetas, llaveros, pins, tazas, etc. La apuesta es a largo plazo, la idea es que algunos de estos escudos sean adoptados por la misma comunidad que los creo. Para mejorar su autoestima vía la recreación de la imaginación o el autoconocimiento histórico. Ya lo dijo Thom York, vocalista de Radiohead, “es fácil sentirse miserable, pero ser feliz es más duro…y chido”. Yo digo que estoy de acuerdo con ese espíritu, y bajo ese esquema e intención es muy válido promover un orgullo local.

Amén.


Arquitectura personalizada

febrero 10, 2010

Acabo de regresar de Morelia, después de catorce años visité la casa donde habíamos vivido durante mucho tiempo, esa que mi padre diseño y mi hermano y yo ayudamos a construir y pintar, esa en donde mi hermana invitaba cada día a comer a una amiga diferente, y donde mi madre recibía serenatas frente al parque. La que tenía una sala tan grande que servía para tocar con mi banda o hasta para meter un árbol de navidad tamaño “rainforest”. Nuestra casa, que aunque se haya vendido y tenga nuevos dueños, siempre nos hará resonar en los huesos la palabra “hogar”.

Sorprendente encontrar esquinas con tantos recuerdos, paredes ampliadas en el tiempo por la maneras tan peculiares de rebotar la luz de la memoria, con sus canteras rosadas de tanto cariño inyectado o sus lámparas con ventiladores para orear la melancolía añejada en sus cimientos. Se que probablemente es solo la carga emocional que uno le imprime a los edificios donde uno habita lo que nos hace tener estas distorsionadas lecturas del espacio, pero son estos pequeños placeres que nadie nos puede negar. Al contrario, debe uno seguir añejando recuerdos para descorchar en futuras ocasiones de deleite.

Visitar esa casa me hizo pensar en que por muchos años mi familia y yo vivimos donde quisimos y como quisimos. Que se puede y se debe de buscar esta combinación. Creo que hay que fomentar, desde las leyes del deseo y la atracción, una propositiva y sana vinculación de nuestro clan con nuestro cueva.
Así que he decidido trazar mi nuevo hogar, o por lo menos decretar sus planos en  este blog:

En mi casa hay un nosotros cimentado en un tu. La cocina se mide en amigos y la cama en palpitaciones. El baño tiene una ventana donde se ven plantas y a las nubes pasar. Existe un jardín con una tina al aire libre, al lado de una pared de camelinas naranjas. La sala es salón de usos múltiples, porque de nada sirve tener espacios grandes sin ninguna utilidad. El baño tiene un altar con el sagrado corazón, que lava tus culpas mientras te lavas las manos. Tiene una cocina enorme donde se experimenta diariamente, con una ventana que da mucha luz y permite compartir los olores con los vecinos. Hay una barra para poder cortar cebolla, calabacitas y ejotes. Tiene una azotea desde donde se ve toda la ciudad. En mi casa hay televisores pero no señal de cable, hay nueve guitarras y un chihuahueño esperando su apapacho constantemente.

“Dame lo que pides y pídeme lo que tu quieras” decía el padre de la iglesia de Plateros en Zacatecas, que dijo San Agustín alguna vez. Yo digo que en lo que se me da mi nuevo casa, trabajaré arduamente por hacer de donde viva el mejor de los hogares.

Amén.