La muerte de Videoman

Todo tiene un principio y un fin, y en los proyectos que uno trabaja solo se puede esperar tener la suficiente intuición para comenzar a tiempo, bastante energía para desarrollarlo lo más y mejor posible, el suficiente tino para vincularlo con cierto público o áreas de interés (y así verlo crecer sano y fuerte), y saber cuando terminarlo, cuando cerrar su ciclo.

El primer paso puede ser el más sencillo o el más complicado, se puede comenzar simplemente siguiendo nuestro instinto creativo o respondiendo a algún paradigma preestablecido, pero lo óptimo es arrancarlo de una manera más profesional: conociendo las áreas de oportunidades de tu medio, teniendo algo que decir en términos de autoría, trabajando alguna inquietud formal o teórica y trazando una estrategia a corto, mediano y largo plazo para que todo el esfuerzo valga la pena.

Los pasos intermedios son solo trabajo, con lo breve que suena y con lo desgastan que esto puede ser. Desarrollar la producción, afinar procesos, re-ordenar jerarquías, ajustar parámetros, ampliar investigaciones y técnicas, vincular los resultados al gremio o a los públicos e ir generando una memoria del desarrollo, etc. Todo esto durante el tiempo que uno considere necesario, que puede ir desde un par de horas, hasta años y quizás hasta décadas.

El último paso es una consecuencia que corona toda la experiencia, a veces es casual pero lo mejor es que suceda planeada, que se de como una consecuencia natural de saber que se ha explorado todo el espectro deseado y que se busca concluir con bombo y platillo, ya sea con un resumen, varias conclusiones o una simple cereza en el pastel a manera de despedida. Ora si que al gusto del chef.

Con la exhibición “La muerte de Videoman”, presentada en el Stan Lee and Gerald Rubin (Center for the Visual Arts) en El Paso, cierro una inquietud que empezó a germinarse hace nueve años, y que nació formalmente hace cinco. Durante este tiempo el proyecto investigó diferentes maneras de proyectar video de manera móvil, de generar un diálogo con el espacio público, con los transeúntes, con ciertos recovecos urbanos. Acuñé el término “acupuntura urbana” para definir esas mínimas incomodidades que podían desencadenar reacciones sorpresivas, trazar diálogos con los habitantes de las urbes o con los espacios mismos, que nos pudieran llevar a discusiones enriquecedoras quizá no en vivo, pero si en la red.

Fue una aventura extremadamente divertida y enriquecedora. Duró media década en acción y casi una desde su planeación. El proyecto comenzó enfocado en las videointervenciones, y terminó regodeándose en la mitificación del súper héroe: muñecos de acción, pósters, postales, camisetas, y cine experimental con toques revolucionarios en colaboración con otros artistas. Es ahí donde entra la última pieza del proyecto, el videoclip titulado “Historia y Muerte de Videoman (parte 2)”. Mi primer  súper 16 mm hecho en colaboración con el cineasta Gregorio Rocha.

Decidí que la historia del proyecto debía resumirse en un corrido, dado que es una forma musical y literaria típica mexicana que ha funcionado como un medio informativo y educativo para inmortalizar hazañas o personajes históricos mediante la tradición oral. En muchos casos tiene fines subversivos, como es el caso de los corridos hechos sobre la Revolución Mexicana o los actuales narcocorridos. Se dice que desde que se popularizó la radio y la televisión el género esta muerto, o por lo menos agonizando.

Y el videoclip es el formato más popular en televisión e internet para promover música, desde los 60’s se ha desarrollado toda una industria en relación a este formato del video. Hoy en día, la falta de recursos en las disqueras hace que se hagan menos y con menos presupuesto, pero funcionan muy bien de manera viral en internet y las redes sociales.

La idea fue crear un corrido que respondiera a distintas historias: La invasión de Pancho Villa a Columbus, la videointervenciones de Videoman en el Paso y Columbus (recordándoles a la población la intervención villista), la situación de la frontera en relación a la problemática del narco y a la extrema violencia que se vive y por último: la muerte de Videoman en los Estados Unidos, tierra donde mueren miles de inmigrantes año con año.

Y si ha de morir el súper héroe del video: ¡Que sea a 24 cuadros por segundo, en cámara lenta y en 16:9! Que mejor manera de retratar su muerte que en una lata de celuloide, la decisión de contraponer en esta última pieza algo diametralmente opuesto a lo que se ha defendido en todo el proyecto es más que un capricho creativo, busca subrayar la diferente naturaleza de este eslabón que cierra la cadena. Aquí hay puesta en escena, hay un acto de fe en algo que no se ve hasta después del revelado y la digitalización, hay costos menos accesibles y hasta una canción grabada en estudio. Dicen que el cine es el mejor de los formatos para contar historias, yo digo que mientras más conozco al cine más quiero al video.

Hoy, a dos horas de que termine el 2010, decido dejar al superheroe detrás, para poder buscar y valorar a los verdaderos héroes de este país: los que se rompen la madre en la educación, la gestación de oportunidades o la mera defensa de esta preciosa tierra que los vio nacer.

¡A reinventarse se ha dicho!

Amén.

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