Pornosotros

Que guste el sexo no es nada nuevo, es parte de su encanto para perpetuar la especie, que se use como tema en una producción artística y que se aborde de manera autobiográfica, esa es otra historia, o mejor dicho, ese es un mundo de historias que se han creado desde que la humanidad se ha expresado.

El sexo ha sido un tema recurrente en mi trabajo, una de esas obsesiones trabajadas sin empacho que también me permite hablar del amor y la pareja,  temas recurrentes en mi cabeza y obra también. Tengo la manía y el gusto por mezclar sexo y amor en mi trabajo, y a veces, el mal tino y el disgusto de confundirlos en mi vida personal.

El amor carnal vinculado a la representación visual nos lleva al uso de dos etiquetas, la erótica y la pornográfica, el ejercicio de delimitar cada campo es otro de mis entretenidísimos hobbies. Cada quien tiene una percepción de esta frontera y es tan subjetiva como válida. Para mi abuela Alicia los calendarios de Gloria Trevi que ponía en sus paredes eran pura y dura pornografía, para mi eran erotismo pop decorativo.

El buen gusto generalmente dictamina que lo erótico es más valioso, sublime y elaborado. Pero para los que gustamos de las cosas frontales y directas, de los sabores fuertes, las intensidades de la vida y el mezcal, las imágenes explícitas nos interesan más. Pero no todo erotismo, ni todo porno es bueno, “bueno” es en relación al uso que le demos. Y en este caso sirve para contar algunas anécdotas personales:

1.
La escuelita
A finales de los 90’s mi compadre decidió poner un sitio web porno, una coproducción de capital yankee y talento michoacano. Chicas que se desnudaban y se masturbaban frente a una cámara por una pequeña cuota en dólares. Un negocio familiar dado que la chamba estaba instalada en un cuarto en la casa de su madre y estaba supervisado por su esposa. Ante esta empresa familiar, no pude negarles mi apoyo. Así que desde mi oficina de creativo en el sur de la Ciudad de México, chateaba con ellas y les asesoraba sobre diversos puntos: su ingles, la manera en que podían seducir al cliente para que estuvieran más tiempo conectados, y algunas correcciones en relación a la cámara: encuadres, iluminación y su posicionamiento en el espacio.

El negocio iba sobre ruedas, mi compadre ganaba mil dólares al mes por la operación y las chicas podían estudiar, trabajar y ser felices. Total, ninguna de las visitas al sitio web eran nacionales, un gozó cotidiano remunerado que les permitía tener una vida digna, valga la posible contradicción.

La historia terminó cuando los padres de las chicas se enteraron y amenazaron a mi compadre con una pistola afuera de su casa. Las oportunidades se les cerraron y mi ventana como entrenador de cybersex también.

2.
El nacimiento de Cursiagridulce
Mi primo desde muy temprana edad fue fan de la pornografía, y tenía un gusto desmedido por las canciones románticas y el alcohol, podríamos decir que le gustaba la “bohemia hardcore”. Tenía excelentes colecciones porno en VHS y una librería musical melosa en CD de antología. Las borracheras de la adolescencia la pasábamos encerrados en su cuarto viendo escenas de sexo explícito y cantando canciones de amor.
Siempre he pensado que ahí nació el  Cursiagridulce y uno de mis preferidos malentendidos.

3.
Caliente, demasiado caliente
Saliendo de la preparatoria no sabía si irme a estudiar artes a Francia o a Italia,  la escena de ver a un italiano cojerse un montículo de arena en Zipolite mientras repetía “Caldo, sono tropo caldo!” me hizo entre carcajadas saber que definitivamente quería ir a ese país para entender porque eran así estos colegas.

Después de un año de vivir allá no creo haber entendido al amigo de la playa, pero sigo sonriendo cuando escucho hablar italiano.

4.
El casting
Trabajé hace siete años en Liverpool Polanco como fotógrafo de muebles. Durante medio año y para poder ahorrar y comprarme mi primera cámara profesional de video. Una tarde al terminar la sesión con salas y lavadoras, por la calle se me rompió el pantalón, así que le pedí al velador que estaba en el edificio frente a donde estaba mi coche estacionado que me dejara pasar a ponerle gaffer a mis pantalones, me dijo que si, entre, pase a un cuarto y me quite el pantalón. En ese momento me di cuenta que el edificio estaba como abandonado por dentro, y que estaba yo en calzones con un güey que no conocía, para sobrellevar el pánico y romper el hielo le pregunté que de qué era el edificio. Me contestó que ahí hacían una revista porno, le dije que yo era fotógrafo en Liverpool, que si necesitaban más lentes yo estaba disponible. Una vez arreglado el pantalón fui a hablar a un cuarto en el piso de arriba con “El contador”, un señor de lentes, gordo y rodeado de cajas. Le propuse mis servicios, me vio, sonrió y me dijo que de momento no necesitaba fotógrafos.
Mi carrera de pornógrafo nunca despegó.

5.
¡Es que lo amo!
Hace algunos años salí con Jordi Soler y su editor Malcom a perpetuar el ritual  etílico nocturno. Tras varias locaciones terminamos en la Roma, en el Jacalito. Fue una noche llena de pormenores simpáticos, tanto que Jordi hasta escribió una nota en el Reforma al respecto, pero uno de los hechos que más me impactó esa noche y que omitió mi amigo Soler, fue cuando a la mitad del salón una chica se arrodillo y se la comenzó a mamar a su novio. Sorprendidos de que dicha acción se realizara en público y a menos de 30 centímetros de nosotros, fijamos nuestras miradas hacia la chica, ella volteó y nos dijo: “¡Es que lo amo!!”. Regatón de fondo a todo lo que daba.

¿Un acto sexual explícito pero amoroso es pornográfico? ¿Solo porque es público?

6.
Una historia de amor
Un amigo italiano se enamoró de una prostituta. Ella le dijo que se dedicaba a la arquitectura y el le creyó. Me pregunto en que parte del proceso, del manejo de sus habilidades profesionales, se dio cuenta de la actuación.

El músico japonés Masami Akita dice que “El porno es el inconsciente de la cultura y el libido de la humanidad”, yo digo que en países con una sexualidad tan peculiar, por no decir jodida, como la nuestra, el uso didáctico del porno puede ayudar a sanar varios problemas, claro en dosis personalizadas y según cada quien las necesite.

Amén.

2 respuestas a Pornosotros

  1. michi dice:

    Muchas gracias Fer, muy gracioso, acabo de pasar por muchos procesos cercanos al tema, y pues sigo investigando.
    Gracias por esta sonrisa!

  2. Para mi, pornografía son pelis gabachas 100% clasemedieras (por ende, 100% aburridísimas) donde una robusta industria produce miles, millones de horas de gente -2-3-4-6-8 personas cogiéndose como si leyeran un manual de posiciones. Porno es cualquier manual con fotos que te enseñan a coger. Porno es pole-dancing y porno es male stripperes (ojo: todo em inglés). Porno son viejos oficinistas que pagan por que los encadene y les dé de latigazos una señora vestida de cuero que al día siguiente, usando ‘curlers’, va al super y tiene mal aliento.
    Porno es lo que hacen los yuppis (o como se llamen) de Tecamachalco (o de Bosques de Las Lomas, Santa Fe, Coyoacán o donde viva William Levy, es igual) cuando se reúnen a cogerse al jardinero o a la secre mientras observa la esposa o el marido o la prima… y el domingo ir a misa.
    A mi mencanta el sexo, ¿la pornografía? Pa’nada. El sexo es divertido o profundo o sabroso o reconfortante o todo junto. Porno es vivir la precariedad de “lo prohibido” sabiendo que nadie te castigará por hacerlo. Sexo es algo limpio. Porno no llega ni a ser mugroso aunque vaya que ensucia…
    Pero güeno, cada quien lo suyo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: