Mi casa

mayo 8, 2011

Mi casa, que es su casa, no es casa, es un departamento que funciona como bodega, se presume como oficina, se jacta de estudio, y para mi es realmente un pequeño palacio. Mide solamente 48 metros cuadrados, pero esta minúscula base me ha permitido expandirme profesionalmente en un radio de miles de kilómetros a la redonda. Mi casa es mi punto de apoyo para poder mover por lo menos mi mundo.

Es de techos muy altos y por la mañana le entra muchísima luz, lo cual diariamente agradezco y disfruto. Esta compuesto básicamente por cinco áreas, una sala-comedor-estudio, un baño completo, un pasillo-cocina, un cuarto y su closet-bodega. La mayor parte del tiempo lo tengo con la puerta abierta, así el patio de la vecindad se integra como una especia de jardín frontal. De hecho tengo algunas plantas en el pasillo que van desde unas morelianísimas camelinas, un riquísimo huele de noche, una savia, varias comestibles para aderezar, y hasta un trébol que me traje de Seoul.

La entrada esta dedicada de lleno a mi trabajo, así que la bienvenida se da con libros, vídeos, piezas, postales, archivos, equipo, etc. Mi amigo Pacho me critica que tenga a la vista todo lo que he publicado, dice que es un acto de egocentrismo o soberbia. Para mi, que llevo trece años freelanceando es simplemente una manera de venderle mi trabajo a todo aquel que nos visite. Esto lo aprendí de Maris Bustamante, ella dice que porqué solo los doctores y licenciados pueden mostrarnos todos sus títulos, certificados, premios o credenciales en sus consultorios u oficinas.

Antes de vivir aquí, pase por muchos departamentos y colonias: Valle Dorado, Echegaray, Clavería, Coyoacán, Condesa, Narvarte, Nápoles, Roma Sur, etc. ¡En un año llegué a cambiarme hasta cuatro veces de casa! Razón por la cual durante mucho tiempo viví con muchas de mis cosas en cajas, algunas prendas de vestir en maletas y todo mi equipo de trabajo a la mano. Viajaba de un país a otro mostrando mi trabajo, y después tocaba base para conseguir algo de dinero y pagar pendientes locales. El hecho de poder tener desde hace cinco años un espacio que pueda llamar mi casa, me hace sonreír cotidianamente.

En este espacio, por pequeño que parezca, he vivido con mis parejas, con un chihuahueño y ahora con un perico australiano; He trabajado con muchos de mis asistentes; y compartido los sagrados alimentos con mis queridos cómplices y amigos (que por cierto caen sin aviso previo y de sorpresa, como me ensañaron en “mi casa” podía ser). Cuando me doy cuenta de todo lo que hemos vivido aquí, pese a lo restringido del espacio o lo saturado de sus elementos, me da gusto saber que en ciertas ocasiones el tamaño no importa. Casa y hogar no es lo mismo, pero sin el primero no existe el segundo, esta pequeña semilla es el ojo de mi huracán.

La casa de uno, no es solo su casa, la es también de todo aquel que la visita y la redimensiona con su compañía. Así que yo digo el clásico “mi casa, es tu casa”, y que sean bienvenidas todas las bendiciones y los lindos seres que vengan a aplicarlas.

Amén.

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