El Cirerol

Su música la conocí por recomendación de Txema Novelo, un artista que se le ocurrió inventar una disquera para sacarle un vinilo a este mushasho veinteañero de Shicali. Cuando bajé su LP del sitio de Vale-vergar-discos y lo escuché por primera vez inmediatamente me enganchó, me gustó su música, sus letras, su fresca, cómica y entregada manera de cantar, me gustó porque sabe a México, al norti, a un punk deslavado, como mucho de lo que se importa y se malentiende para bien de algo nuevo, de esas cosas que se reinterpretan a pasto en los estados fronterizos.

Lo conocí en persona en Lilit hace casi un año, un día llegó con una banda, y ya que los dos estábamos vestidos a la norteña, mi primer comentario territorial fue: “Oras, bienvenido, esta es tu casa, por cierto…mi hebilla es más grande que la tuya”, a lo que con indiferencia dijo…“Oras, chilo”, y se fue a tomar unas cheves con su banda. Esa noche recordé lo mucho que me gustaba su música así que le mandé un mail a la palomilla recomendando bajaran su disco, decía así “Me gusta su onda porque es sencilla: guitarra + voz, una combinación entre Chava Flores, algo de rock urbano pero con onda re-norteña y algunos solos estilo Violent Femmes. Es una honesta propuesta jovial”.

Después reflexioné un poco más, ya no sobre porqué me gustaba a mí, sino porque estaba gustando tanto a tanta gente, y pensé que las razones podrían ser varias: el hecho de que viniera de los estados del norte, tan castigados por la violencia y el narco; o porque sonaban a pueblo sus rolas; por su virtuosismo en la guitarra; por su honestidad -que raya en cinismo- con el que trata el tema de las drogas; o por el hecho de ser un contrapunto que surge de la zona de donde hace diez años nació el movimiento de música electrónica más importante que ha tenido este país: Nortec.

Pero lo que uno piensa de otra persona, es muy diferente a lo que uno cree que los demás piensan de esa otra persona, y es opuesto a lo que esta persona cree de si misma. La semana pasada le hice una entrevista en mi casa, y le pregunté porque creía que a la gente le gustaba su música, me contesto: “Porque soy buen músico y hago buenas melodías”. Tan sencillo y tajante como eso.

Ahora ya somos compás, se ha quedado unos días en mi casa, le he ayudado a armar su press-kit, y a conectarle algunas entrevistas, ahora entiendo a Arriaga y a Ehrenberg, de cómo cuando me conocieron me ayudaron sin mayor interés que el de facilitarme la vida. Creo que los que nos abrimos nuestro propio camino, después, cuando pasan los años, valoramos a los que vemos más jóvenes abriendo paso de la misma manera que nosotros lo hicimos, aplaudimos a los que le apuestan con todo, y con ganas no nos quedamos en ayudar a hacer su travesía más amena.

Juan Cirerol trae en su cartera una estampa de Juan Gabriel que dice “número 1”, se rumora que a su corta edad ya tiene 100 canciones compuestas, el martes pasado escuché a una crítica musical jurar que tenía 300 rolas. Así nacen los mitos, y así despegan las carreras. Se dice tanto de este plebe, que más que decir lo que dice los invito a que escuchen su música, esta templada con hartas horas de trabajo y una constante búsqueda de audiencia. Yo digo que sería una gran bendición que el país tuviera más gente con esta pasión en su chamba.

Amén.

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