Momentos peculiares australianos

Gracias al amigo Tim Webster que conocí en Brasil, tuve la oportunidad de venir a conocer el continente que me faltaba: Australia. Con ayuda de la promotora cultural Annemarie Kohn me trajeron a dar dos talleres, tres conferencias y presentarme con unas intervenciones en el mejor festival de música de este país: Splendour in the Grass. Como en cualquier viaje, coleccioné una serie de anécdotas, de momentos que atesoro y a continuación comparto.

1. Welcome
Por inverosímil y absurdo que suene, el oficial de inmigración que me recibió en la escala de Los Ángeles tenía por nombre de pila: Bienvenido. Lo leí en su placa y no lo podía creer, y por supuesto tampoco me podía reír, conociendo la poca tolerancia y humor que tienen esos personajes, lo único que pude hacer fue preguntarle para confirmarlo: Your name is “Bienvenido”? Volteo a verme con la cara de alguien que esta cansado de repetir esa misma explicación, y afirmó con un breve y casi inaudible “Yes”.

Sus padres habían sido videntes al nombrarlo así, o lo habían marcado de por vida al darle semejante nombre. Me quedé con unas ganas terribles de tomarle una foto a su placa, o por lo menos de saber como se llamaba el resto de la familia.

2. Entre Dios y el Diablo
Me gusta la frase “Dios proveerá”, se puede usar para lavarse las manos y desligarse de responsabilidades, pero también como perfecta bandera para la práctica de la deriva. Con dicha frase en la mente me vine a Sydney sin saber donde me iba a quedar, y solo como 300 dólares en la bolsa. En el avión me encontré al hijo de un gran amigo que estudia acá, Juanito. Me dijo que tampoco tenía donde quedarse pero que tenía muchos amigos en la ciudad. Al llegar fuimos a visitar a uno que le apodaban “El Diablo” a un edificio muy coqueto ubicado en una zona al lado de la bahía en el centro, nos recibió crudísimo en la sala, dormido en el sofá, dijo que casualmente otro par de mexicanos habían dejado el departamento de arriba, que lo podíamos usar. Nos dio las llaves para irlo a ver, era una maravilla de tres habitaciones, con cable, internet y vista al mar. Por si fuera poco uno de los mexicanos dejó su teléfono celular, el cual por supuesto utilicé todo el resto del viaje.

Dicen que Dios proveerá…y bueno, a veces el Diablo también.

3. El provocador
En la prepa decían que era detestable, por la manera en que me gustaba estar verbalmente incomodando y cuestionando a los demás, mis amigos me apodaron Nasty, y hasta la fecha mi hermano y varios cercanos me dicen así. En Lismore, Australia, me contrataron para ser “provocador” de 15 artistas emergentes. Complicarles la tarea y la vida era mi trabajo durante 15 días. ¡Que bonito ha sido  poder capitalizar profesionalmente hasta eso que los demás consideraban defectos en uno!

Al final del viaje una chica ya me estaba proponiendo matrimonio, creo que hasta para eso de provocar hay que tener ciertos límites.

4. Ayudando a los niños a sonreír
La economía de este país es bastante sólida, por lo cual sus jóvenes tienen la etiquete de ser una generación malcriada, digamos que son unos ninis con mucho presupuesto. Entendiendo esto podemos imaginar como es el mejor y más grande  festival de rock en el que tuve el gusto de trabajar, un hedonismo-cinco estrellas-buena onda que se antoja disfrutar sin ninguna preocupación social o existencial en la cabeza. El paréntesis perfecto, la burbuja anhelada pero sin paz, solo ritmos y sustancias que alteran la percepción.

En este contexto, de madrugada encontré un toldo de los Rotarios que ofrecía desayunos por 10 dólares, un precio accesible en comparación con el resto de las opciones. El lugar estaba repleto de ancianos entusiastas que preparaban, servían y cobraban, en medio de esta pandilla de sexagenarios estaba trabajando una adolescente güera con braquets, su entusiasmo y entrega me hicieron sonreír. No todo estaba perdido en este perfecto primer mundo, existían también esas excepciones de inadaptados que nos permiten seguir creyendo en la humanidad.

Disfruté mi desayuno con lágrimas en los ojos.

5. La verdadera muerte de Videoman
…y de mi amigo el artista Paul Gazzola, casi se da en una carretera de esas en las que uno avanza del lado izquierdo. Veníamos de Byron Bay a Lismore, regresábamos de surfear, nadar y comer. Yo como buen pésimo copiloto, pero excelente dormilón, en cuanto nos subimos al auto cerré los ojos y quede dulcemente noqueado. Me despertó el ruido de las llantas cuando salieron de la carretera, las piedras del acotamiento hicieron vibrar al coche de una manera súbitamente preocupante. El conductor también se había quedado dormido.

Lo bueno fue que nos tocó en una recta, lo mejor fue que nos salimos hacia el lado izquierdo, donde había espacio y no coches en sentido contrario, y lo excepcional fue que le dije a Paul: “Are you Ok?”,
– Yes, I just fall sleep for a second!, contestó exaltado.
“Ok” le dije, y me volví a dormir.

6. Perros paralelos
En Melbourne hay una tienda que se llama “La linterna mágica”, la lleva un chico argentino que casualmente se dedica a pintar chihuahueños con cabezas de cámara de foto, cine y video. Cuando le mostré las fotos del Videohuahua no lo podía creer. Nos fuimos a comprar unas pizzas y un tinto para festejar. Su perrita chihuahua se llamaba Norma.

7. Cuestión de enfoques
Turisteando en la ciudad de Adelaide me subí al tranvía rumbo a la playa, en el mismo vagón había un viejito en silla de ruedas rodeado de señoras de su misma edad charlando, de repente el señor comentó que iba para México, y dijo la siguiente frase: “Todo mundo esta feliz allá”. Sorprendido me acerqué para tratar de entender mejor el contexto de la charla y a los personajes. El señor explicaba su emoción por ir a pasear por las tierras aztecas, y las viejitas solo asentían con la cabeza. Al acercarme vi que tenía un pin sobre su chaqueta que decía “Visión impared person”, pensé en cómo a veces es una bendición no leer las noticias.

El señor se bajo en un lindo pueblo llamado Glandore, donde todo era limpio y no había barrotes en la ventanas.

8. El ataque de los pericos asesinos
Si vas a Oceanía tienes que conocer en persona a su rarísima fauna, así que mis amigos Hector y Vanessa me llevaron a una especie de zoológico para darle de comer a los kanguros y los koalas. Para entrar a dicho espacio teníamos que pasar por la jaula de las aves y a la preciosa hija de dos años de mis amigos  se le ocurrió entrar comiendo una manzana. Recibimos rápidamente el ataque de varias pequeñas aves de colores, se prensaban de mi camiseta y del pelo mientras hacían un ruido espeluznante. Inverosímil, absurdo, precioso. Recordé la película “Pájaros” de Hithckok. No me había sentido tan amedrentado por un animal desde que un mono araña me atacó en su jaula en Orizaba en la infancia. No me había reído tanto en muchos años.

Cuando regresé a mi casa ya no pude ver con los mismos ojos a Juanga y a Noa, la pareja de periquitos australianos que tengo en la sala.

Hay gente que dice que “Las anécdotas son un lenguaje que utiliza la vida para proporcionarnos información”, yo digo que son los detritos de la vida que vale la pena destilar y compartir para la sonrisa común.

Amén.

2 respuestas a Momentos peculiares australianos

  1. lunaria dice:

    información y sonrisas, Fer.
    No te acuerdas tú, claro, de aquél cantante llamado Bienvenido Granda? tiene además el apodo de El bigote que canta….
    saludos!y si vienes a Madrid, chulapo, a ver si nos vidiamos!

  2. Yoga dice:

    What a truly great blog.

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