La ética porno

A mi amiga Otoño la conocí en una exposición en Buenos Aires, es una mujer muy guapa y tiene la misma cicatriz que yo por encima de los labios, esto fue un excelente pretexto para entablar una conversación. En poco tiempo supe que teníamos algo más en común: nos gustan las chicas. Resultó que una de sus fotografía era la única pieza que me había interesado en la Feria de Arte de Buenos Aires, una fotografía de una mujer desnuda, virada a rojos, tomada dentro de un jakuzzi. Sencilla pero contundente, como toda toma sexual bien hecha.

Otoño es brasileña y trabaja tomando fotos de chicas desnudas para revistas de caballeros con logo de conejito, un día me pidió por correo-e que paseara a una amiga suya que venía de visita a la ciudad de México, al ubicar la latitud de donde provenía, el personaje que lo solicitaba y el ostentoso hotel sobre Reforma en que se hospedaba, dije inmediatamente que si.

Pase por ella en un taxi decidido a llevarla a los lugares más macarras, cutres e interesantes de esta gran ciudad. Era una morenaza guapa y de medidas desbordadas por el bisturí, más tardamos en presentarnos que empezar a hablar de lo que hacíamos. Me dijo que hacía fotos desnuda, y le pregunté si nada más había hecho desnudos, y me contestó: No, antes hacía pornografía dura (hardcore). Me brillaron los ojitos. Nunca había conocido a una guerrera de esa industria, así que emocionado empecé a bombardearla con todo tipo de preguntas.

Dijo que a diferencia de muchas compañeras de set, su historia comenzó sin violaciones, ni abusos, empujada por una sencilla pero potente razón: le encantaba coger. Venía de una familia zapoteca de emigrantes mexicanos que vivían en al este de Los Ángeles y su relación familiar, en la que no ahondó, sonaba algo dañada. No hablaba español, no le enseñaron el idioma sus padres para que no fuera segregada en ese país de las libertades y los dólares. Su primera vez fue con su novio a los 13 años, el novio era un pastor de no se que religión, seguro una muy liberal.

Comenzó en su adolescencia prostituyéndose en la calles por 70 verdes. De ahí entró a una compañía pornográfica como recepcionista y cuando vio lo que le pagaban a las chicas que estaban frente a la cámara se le hizo pequeño el mar pa’echarse un buche. Se despojó de pudores y del resto de la ropa, y dio el salto hacia la fama. Me explico la “ética porno”, una serie de reglas que uno tiene que seguir para poder llegar a la cima. Primero puedes tener sexo con otra mujer, luego puedes grabar escenas con un caucásico, después dos chicos güeros simultáneamente y posteriormente puedes pasar a darte uno de color, y así sucesivamente. Llegó a grabar con cinco chicos al mismo tiempo. Me explicó que si te saltas un paso de estos, se acorta tu carrera porque empiezas por lo más duro. Había cogido con maquinas pero no con animales, -¿Eso es ilegal, no? me preguntó.

Le pregunté con quien había compartido no escenarios, sino flujos, citó nombres míticos de la industria como Rocco Siffredi o Jenna Jameson, y confesó que se quedó con ganas de darse a Sasha Grey. Me platicó hasta de la tortuga que tiene Ron Jeremy y que dice que es Dios. Uno pensaría que le pagaban cantidades exhorbitantes de dinero, y nada es más alejado de esa intensa realidad. Por llamado le pagaban mil dólares, sin importar cuantas veces ni con quien, eso, menos el 50% que le quitaban de impuestos. Si, inverosímil que una chamba tan desgastan (literalmente) como esa sea menos pagada que ser edecán o modelo. Por cierto, y hablando de billetes, tuvo un contrato anal por dos años. La redacción de dicho documento ha de ser una joya del absurdo capitalismo.

Por supuesto hablamos del amor, sobre lo complicado que era para ella encontrar pareja con ese tipo de trabajo. No recordó tener ninguna pareja fuera del negocio o que no fuera su fan. Ahora tenía un novio millonario hindú de sesenta años, que por supuesto le daba una mensualidad, ella sabía que no era la novia exclusiva. Cuando le pregunté quien era el amor de su vida me respondió que su papa.

Respuesta tras pregunta, cinismo tras sorpresa, el personaje me enganchaba por la manera de contestar todo, sin tapujos ni pena, con un gusto por compartir lo más escandaloso de ese mundo que a tanta gente cautiva. Pasamos de comer en un mercado, a tomar pulque en el centro histórico, para el momento del digestivo, que fueron unos mezcales en la calle de Regina, ya estábamos con tal confianza que la invité a seguir la entrevista en unos baños públicos de la calle de Isabel la Católica. Bebimos cerveza desnudos en un baño turco, tenía unos tatuajes increíbles, pero los que recuerdo eran uno en su brazo derecho con la leyenda Califonian heart, y en el brazo izquierdo una calavera mexicana, perforaciones por todos lados. Yo me sentía el plomero de una peli para adultos a punto de comenzar.

Se salió del mundo de la pornografía después de diez años, renunció porque su agente la quería meter al Bunny Ranch, un prostíbulo para ex-actrices XXX que como ella ya habían agotado todo el espectro de la ética porno. Era algo ya muy decadente y barato, prefirió irse a Nueva York a ser asistente de un curador. Le gusto tanto la entrevista que me sugirió ir al Valle de San Fernando en California, su novio tenia un millón de dólares para invertir, y hacer un documental le parecía una gran idea. Le dije que no gracias, que si iba para allá seguro no salía y estaba feliz en este país inventando mis proyectos.

Cuando nos despedimos lo primero que hice fue googlear su nombre artístico, encontré cientos de vídeos, fotos y ligas. ¡Era una profesional en toda la extensión de la palabra! Pero también encontré un video donde salía llorando, en él confesaba que todas sus escenas las había hecho en un estado sórdido de ebriedad, hablaba de un aborto que tuvo y de las múltiples veces que contrajo gonorrea, de como Dios le tenía un propósito más grande para ella en la tierra que el de cubrir su cara con semen. Si, se había vuelto cristiana y miembro de la Fundación anti-pornografía Pink Cross. En el video ella terminaba diciendo “Gracias Dios mío, todas las cosas son posibles”.

Yo no supe que decir, me encantó el personaje y su historia, pero definitivamente coincido con ella…toda las cosas son posibles.

Amén.

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