Puterias de bolsillo

diciembre 1, 2011

Se imprimen 2, 000 de estas publicidades diariamente. Todos los días hay quince bolanteros de nueve de la mañana a siete de la tarde pegándolos por las calles del micro centro de la capital de Argentina, dejándolos doblados entre las láminas de los teléfonos públicos o con masquín-tape en las paredes o postes. Si estas en el corazón de Buenos Aires es imposible no ver este tipo de pequeños anuncios eróticos para llevar, son aproximadamente de un octavo de hoja carta, con diversos diseños pero una receta similar: cuerpos generosos de mujeres en poca o nula ropa, frases breves, jocosas, y la información necesaria para entablar una conversación con fines mercantiles. Son eficientes, concisos y cachondos (en su acepción castiza y en la mexicana también). Y ostentan este tipo de frases, que pienso son de campeonato:

“¿Mucho frío? ¡Calentate con esta cola!”

“La foto es real…el momento inolvidable”

“Flaquitas y pulposas”

“Super completa, onda novia…¡Te cabalga como ninguna!”

“Mi colita para vos…¡Te espero!”

“Bebotas nuevitas”

“Las pelotas del mundial las tengo yo, vení a verlas”

Manuel, un uruguayo que cruzó el Río de la Plata hace cinco meses para probar suerte en Baires, gana 8 pesos por hora por hacer este trabajo. Las chicas que aparecen en las imágenes pueden ganar desde 30 pesos hasta 150 por hora, según quiera uno servicio y calidad. Cada chica tiene un promedio de 10 clientes por día, según el aguante de cada una.

Se dice que la prostitución es el trabajo más antiguo de la humanidad, algún día escuché a un chef decir que no, que preparar los alimentos seguro fue una actividad previa al acto, pero si a esas vamos, cazar o cultivar los alimentos seguramente ganaría esa partida, pero bueno, pensar en esos términos sería regresar a la idea de la generación espontánea. Prefiero pensar que probablemente todas las profesiones nacieron y evolucionaron juntas.

Lo que si es un hecho, es que hay ciertas latitudes y contextos más proclives a ciertas actividades, en el caso de Buenos Aires, por ser puerto y estar en un país de europeos nacidos en América, la hizo idónea para este tipo de actividades. “Aparece una topografía de la noche que imita a la de París mientras la inmigración trae prácticas y refinamientos cosmopolitas. Los turistas ricos, los argentinos que pasaban largas temporadas en París, los artistas y literatos que hacen viajes, llevan y traen noticias del país en expansión. En Europa se hablaba mucho de las mujeres que poblaban nuestros burdeles y del tráfico de esclavas blancas” narra Liliana Mabel en sus “Apuntes para una historia de la prostitución en Buenos Aires”.

Y no es algo que solo se lea, es algo que sí se camina se respira. La industria de las escorts, o acompañantes, es grande en esta ciudad, y me atrevería a decir que menos mal vista que en otras latitudes del continente. En mi primer viaje a Buenos Aires en 2003 lo único que me recomendó visitar un reconocido galerista chilango fue un prostíbulo que se encuentra en el barrio de Recoleta. Por supuesto, pa’no dejar y para tener otro tema de conversación con el amigo, pase una noche a curiosear. Y si, el lugar era una locación repleto de mujeres extremadamente lindas y con poca ropa. Conocía a Dany, una brasileña veinteañera güerita, de ostentosas curvas y más visibles brakets. Su historia era sencilla y funcional, era estudiante de Florianopolis que en un mes de trabajo en Baires sacaba para vivir todo el semestre y pagar sus estudios. La charla terminó cuando su insistencia por que me fuera con ella al hotel chocaba con mi insistencia por que me contara su historia frente a una cámara de video al día siguiente. Putear es una cosa, hacerlo público y vaya uste’ a saber en que foro, otra muy diferente.

Es un dato poco conocido, pero según el documental “La historia del cine porno” de Alex de Renzy, la primera película pornográfica se filmó en Buenos Aires a mediados de los 20’s. Otras versiones de la misma historia apuntan también hacia la capital de Argentina pero unas décadas antes: “El Satario” fechada en 1907 podría ser la primera película de este género. Esa industria que nació al sur de América, se comercializó y consumió en Europa, en específico en la ciudad de Paris. En Argentina se vive la sexualidad de una manera menos reprimida que en otros países que fuimos colonia.

Erotizado por esta información, y por la cantidad de despampanantes porteñas con polleras primaverales, comencé a hacer una serie de dibujitos de las mujeres que deambulan, no por las calles, sino por mi memoria. En una libreta de las mismas proporciones que las publicidades fotocopiadas, pegué mi colección de papelitos y me puse a trazar líneas que copiaban la receta original: mujeres y frases. Decidí no romper la costumbre y ejercitar la dibujoterapia, hablar de mis historias, de las medallas al mérito o al fracaso obtenidas en batallas campales de alta alcurnia o bajos instintos, esas batallas ganadas que irónicamente pesan y duelen más que las perdidas.

En mi país dicen que hablar de este tipo de sentimientos no es de hombres, es de putos. Quizá por eso conviven tan bien en esas páginas las sexo servidoras porteñas con mis cursis recuerdos. Guerreras de ambos mundos conviven tiernamente sin un prejuicio moral al interior de mi libreta. He pesando que lo justo sería fotocopiar mis dibujos y contratar al uruguayo Manuel para tapizar el micro centro de Buenos Aires con ellos.

Amén.

Anuncios