De conciertos, bailongos y videos

La música es indudablemente fascinante, es el pulso de la tribu, el vibrar de un terruño traducido en ondas sonoras. De su mano siempre viene el baile, esa memoria de la manada sazonada con melodías. Pero “el mundo de la música” es otra historia, más complejo, lleno de historias, anécdotas y mitos, de pasiones y odios, de industria con intereses e intermediarios, de fans e imaginería visual que va desde la portada, a las camisetas, hasta los videoclips. Una cosa es la propuesta y la aportación, y otra muy distinta el proceso de distribución y los distintos modos de consumo. Y de las esferas acústicas y coreográficas, lo que más me interesa son los conciertos y los videoclips. La principal razón: cuestión terapéutica, es la creación -junto con el cine- donde más lloro, más catarsis me genera, y el segundo motivo: mero gusto y malformación profesional, me encanta el video. A continuación tres historias hiladas que tienen que ver con estas peculiares esferas.

Es 2012, mi primer día en Barcelona, viaje desde Madrid solo para saludar a los amigos y conocer dos Galerías que están interesadas en mi trabajo. Bajándome del avión me lanzó a la casa de la amiga Orquídea que es donde me voy a quedar, nos vamos a comer a un chino quesque muy ajax, me conecto a las redes sociales desde el teléfono y el amigo Martin Nardone nos invita a ver por la noche en el Apolo a una banda: Buraka Som Sistema

¿Y esta chingón? – le pregunté. “Es la banda de moda, imperdible, 20 euros”, me contestó. Cuando uno de los operadores de la mítica REACTABLE te sugiere algo de manera tan tajante, hay que ir a conocer la sugerencia. Antes de salir para el lugar vi uno los vídeos de la banda. ¡Me impactó! Que mezcla más bonita, nace periférica y se recicla con los esteroides de la tecnología casera, letras sencillas que incluyen amenos balbuceos y una selección de momentos intrigantes que visualmente te sumergen en el mundo del Kuduro. Esta maravilla que nace en Angola me recuerda tanto el Funky Carioca de Rio de Janeiro, una de las manifestaciones culturales que más he aplaudido en años, quizás por ser periférica y popular al mismo tiempo, empatan en sus raíces africanas, las referencias explícitamente sexuales, lo tribal de sus percusiones y el sampleo barato hecho en casa. Devoré uno y otro video, hasta que preferí dejarle a la noche la sorpresa de mostrarnos como sonaba esta banda en vivo. ¡Fue glorioso! La última vez que bailé tanto fue en el concierto de Mano Negra en el Festival Cervantino, hace diecinueve años.

Era el concierto esperado por la jauría de adolescentes-preparatorianos-alternativos-morelianos a la que pertenencia. La Maldita Vecindad primero, y posteriormente Mano Negra en una polvorienta cancha de béisbol en la ciudad de Guanajuato. El Cervantino y sus gloriosas borracheras por los callejones es lo más cercano a la marcha española que puede vivir un mexicano, y en esas épocas pre-nabster sin intercambio de archivos, las bandas no tenían que tocar tanto en vivo para pagar la renta, razón por la cual los buenos conciertos con artistas de importación eran pocos y muy espaciados. El “Putas Fever” estaba rockeando duro nuestra cabeza así que la travesía al estado vecino era una obligación. Empezó la Maldita y nos dedicamos a empolvar la ropa con un enjundioso slam zapateado, quien iba a decir que años después mi mejor amigo sería su baterista Pacho, y sería el responsable de que esté escribiendo mis memorias en este blog.

Posteriormente comenzó a tocar Mano Negra, según yo fui el primero en subirme al escenario, ahora que veo el video en youtube, diecinueve años después, me doy cuenta que fui el segundo. 01:41 subo al escenario, por la derecha en la toma, 6 segundos después salto hacia el público, 02:45 me vuelvo a subir, 04:44 de nuevo me trepo y en el minuto 5 bailo atrás de Manun Chao en un medium shot. En las tomas abiertas del bailongo veo a mis amigos Edi y al Gallo con su sudadero azul y su corte de pelo estilo EMF. A mi hermano lo busco y no lo encuentro. El fue el que me ayudo a subirme al escenario, me puso la mano y gracias a eso llegue. Y al hablar de manos, recuerdo otro mítico concierto: Siouxsie and the Banshees, en el Auditorio Nacional en 1995, lo recuerdo porque en ese concierto tiré al bajista Steven Severin en el escenario.

Los hechos se dieron de la siguiente manera: En cuanto empezó el concierto la banda se acercó al escenario, la seguridad fue rebasada y todos quedamos hechos bolas hasta adelante, yo llegué a empujones hasta tener a Severin a menos de un metro de distancia. Era una banda, como muchas que han llegado ya en la senectud a este ciudad, que habíamos querido ver desde hace muchos años. Así que emocionados los fans le gritaban su nombre “¡Seeeeeverín!”, típico de un admirador adolescente. Me pareció de mal gusto, pero bueno, por lo menos no le gritaban “Papasito” o alguna otra flor más local. El bajista trataba de concentrarse y enfurecido les gritaba que se callaran: “Shut up!, Shut up!”, y no fueron sus gritos lo que me enojó, sino su mirada de odio y desprecio para la chacaliza local, podría decir que hasta tenia un buque de racismo, me hizo recordar las fotos de Siouxsie con su swástica nazi. Molesto lo tomé del pantalón y lo jalé. Cayó al suelo y la gente se seguridad llego a patearme, no mas me hice pa tras y me perdí en la multitud. Me fui a mi sentar a un lugar en la parte de atrás y a disfrutar del concierto pensando que había hecho un acto de justicia nacional. Adolescente y gandaya, iluso e idealista, pero eso si, una persona de acción.

Ahora, diecisiete años después, encontré los vídeos de ese concierto, pero lamentablemente en esa época no había teléfonos con cámaras en HD, por lo cual el incidente no lo encontré, lo que hay de memoria en línea es una versión ya editada de todas las cámaras y donde no aparece la caída de Steven. Eric Devres dice que bailar es una expresión vertical de un deseo horizontal, yo digo que ayudé entonces a bailar a Severin, que lo bailado de Mano Negra y  Buraka Som Sistema nadie me lo quita y que hay que seguir bailando antes de que a todos nos lleven al baile.

Amén.

PD: La próxima semana participó en una ponencia en el Festival Itinerante de Videodanza “Agite y Sirva”, ahí seguiré reflexionando sobre la memoria, el video, el baile y la música. 

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