El eterno motivo

julio 19, 2012

Dibujé durante dos meses los 420 cuadros del storyboard de Amores Perros, esa acción kamikaze, cuya finalidad mundana era poder primordialmente pagar la renta y posteriormente entender algo del proceso creativo cinematográfico, me hizo acreedor a una tendinitis en el codo derecho, razón por la cual terminé el trabajo dibujando con la mano izquierda.

Al poco tiempo y después de haber tomado un respiro de esa experiencia, se me ocurrió que seria buena idea saber cual podría ser el récord Guinness de la mayor cantidad de horas dibujando sin parar. Para dicho experimento decidí que la mejor idea era dibujar a una mujer, a una que considerara extremadamente bella. Así que le marqué por teléfono al bombón más espectacular que tenía en mi agenda, una amiga de muchos años que contaba con todos los atributos donados por la madre naturaleza y el padre genética.

Le propuse un domingo inusual: que me dejara dibujarla todo el día hasta no poder trazar más, ella, que aparte de ser hermosa era regüena onda, dijo que sí. Así que llegó el séptimo día, y se apareció a las 8 de la mañana dispuesta a cumplir simultáneamente la función de conejillo de indias y musa. Había comprado la libreta más grande que tenía en existencia la tienda, junté todas mis herramientas: pinceles, carboncillos, plumillas, lápices y tintas, y me programé para disfrutar toda el día entre el goce estético y el desarrollo profesional. Quería saborear desde la ociosa complicidad por conocer un límite absurdo, disfrutar la manualidad y la terapia ocupacional de dicha ocurrencia, vivir el asombro retiniano por su anatomía y ejercitar el ameno juego de trazar puntos, líneas y planos sobre el papel.

Algo que disfruto de sobremanera de la acción de dibujar, es que se puede combinar con otras acciones placenteras: comer, beber, escuchar música y platicar. Por eso disfruto tanto ir a Lilit a los “Martes de tintos y tintas”. Algunas congéneres míos se juntan a jugar fútbol en el Ajusco, yo me junto con otros seres de mi misma especie a disfrutar de los trazos y los tragos. Deporte y arte, maravillosos pretextos culturales para convivir y conocer al otro. Y de alguna manera esta idea juntaba un poco de ambos, la acción buscaba un extremo físico que se viera reflejado en un proceso gráfico.

La jornada fue antológica, dibujé todo lo que pude ver: ombligos, uñas, pelo, ojos, cejas, labios, dientes. Arrugas, pliegos, manchas, lunares y texturas. Respiros, suspiros, ideas, miedos, afinidades, asombros y tensiones. Futuros recuerdos que quería se quedaran en ese papel de la mejor manera. Es impresionante como otra persona puede convertirse en un motivo formal infinito a explorar, y lo glorioso de esta relación artista-modelo era el diálogo que mantuvimos durante horas, no se limitó a una observación clínica, si no en un pretexto para conocernos más.

El día se nos fue, la tarde pasó y la noche llegó no’ más a interrumpir. La dibujé por más de trece horas y al final se tuvo que ir porque al parecer la tendinitis no iba a llegar jamás y ella tenía una vida que seguir. Desde ese experimento fallido trato de medir la atracción o fascinación por otra persona en el número de horas que podría dibujarla. Para esta generación tan dispersa que nos toco vivir, el poder enfocar la atención durante un periodo de tiempo, sin mirar de reojo al teléfono inteligente, es un lujo que sabe cada vez más a placer. Pablo Picasso decía que “para dibujar hay que cerrar los ojos y cantar”, yo digo, más que cerrarlos, el secreto en este tipo de situaciones esta en poder mirar al otro de frente y dibujar a duo un canto sin final.

Amén.

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La línea de la vida

julio 6, 2012

Hace muchos años, cuando mi hermano Rodrigo y yo estábamos entrando a la adolescencia, para ser más exactos íbamos a la mitad de la secundaria, nuestro padre nos explicó lo que es “La línea de la vida”. Llegando del trabajo se quitó su saco y se encerró en nuestro cuarto para darnos una inolvidable lección, de esas que se dan de padre a hijo y en contadas ocasiones. Si mal no recuerdo había decidido tener esa formal charla con nosotros por alguna situación escolar adversa, algún reporte por conducta o calificaciones, o algo que lo hizo preocuparse por sus “chavos”, como él ochentósamente nos dice hasta la fecha.

En lugar de enojarse y regañarnos, se sentó en la cama, saco una hoja de papel y una pluma y se puso a dibujar una línea, y con muchísimo amor nos explicó que todos tenemos un principio y un fin, y que la línea comienza en ascendente, y que en algún punto se estabiliza y madura, para después comenzar a declinar hasta que desaparece. Que a esta vida se viene a hacer cosas de bien y de preferencia para compartir con los demás. Recuerdo que usó el ejemplo de un ejercito, dijo que él de momento estaba al mando de las fuerzas, y que nosotros éramos algo así como soldados rasos, pero que en algún momento ya no estaría y nos tocaría a nosotros tirar pa’lante, por nosotros y por nuestra familia. En la parte de la linea intermedia-avanzada se ubicó él y a nosotros nos dibujó en la parte del principio, de subida todavía. Dijo que aun estábamos jóvenes, pero que creceríamos y en algún punto teníamos que dejarnos de pendejadas y ser más responsables con nuestras metas y compromisos. Dijo también que la vida la teníamos prestada y que teníamos que hacer algo bueno con ella, que no había que desperdiciarla. Mi hermano y yo terminamos en llanto, el impacto de sabernos mortales nos ayudó a dimensionar un poco mejor donde estábamos parados y quizá hacia donde sería bueno empezar a avanzar. Nos abrazamos, lo besamos y probablemente nos fuimos a cenar.

Eso fue hace muchos años, y la línea de la vida gracias a Dios se sigue dibujando en nuestro camino. Ninguno de mis abuelas ya nos acompaña, pero ahora ya hay nuevos miembros atrás de nosotros, cubriéndonos la retaguardia. Cada quien va tejido su línea como quiere y puede con la de los demás miembros de la manada. Hemos compartido muchas cosas como familia, afrontando retos y disfrutado bendiciones, hemos crecido y madurado, y hemos sabido dibujar, desde mi modesto y optimista punto de vista, una grande y bonita línea. Hoy fue el cumpleaños de mi apa, festejó 69 vueltas al sol, me encanta saber que todavía es feliz trabajando por el bien del país, es un campeón de un gran corazón, y es un honor que siga encabezando las fuerzas especiales de este clan.

Mi padre siempre ha dicho que “En la vida hay que saber hacer amigos”, yo digo que desde que nací tuve al mejor de ellos a mi lado, espero que este placerón nos dure muchas, muchas, pero muchas más vueltas al sol.

Amén.