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agosto 25, 2012

Adorada familia, queridos todos:

Mi apa me pidió que diera unas palabras para este especial festejo. “Hazlo como escribes en tu blog”, me dijo, así que en ese tono relajado y reflexivo empiezo.

Todos los presentes saben que de mis hermanos soy el único soltero, sin hijos, con tres arrejuntamientos fallidos y un parche de paternidad de cuatro patas llamado “Chamaco”. Por lo tanto la petición de mi progenitor me sonó jocosa, irónica y absurda, pero en una segunda instancia, un intento desesperado por parte de mi padre para ponerme a reflexionar sobre el tema, una última chance de salir “aunque sea en rifa” como bien diría él.

Por dicha razón, y pese a que soy fanático del tema del amor y la pareja, no pienso hablar en abstracto sobre lo que no poseo, y mejor pienso enfocarme en lo que si tengo, unos padres que siguen juntos, queriéndose, con una historia de cincuenta años de haberse conocido y con cuatro décadas de haber asumido un compromiso ante su clan y su Dios. Cuarenta años de casados suenan bien, pero si los desglosamos saben aun mejor, son: 14 600 días, 350 400 horas, 21 024 000 minutos o 1 261 440 000 segundos de compartir felicidades y penas, retos y logros, fracasos y sonrisas, amigos y familiares, gloriosos domingos y hasta lunes de subida. Todos esos números se podrían destilar en unos más básicos: 1 sano amor + 3 hijos (que yo sepa) + 3 nietos, mucha familia, chingos de amigos y 3 chihuahueños.

Ante las estadísticas de divorcio, la costumbre de lo desechable, el tsunami de excitabilidad que nos merma por los medios, las crisis de las instituciones, y la comodidad cuasi genética del zapping o el cosquilleo generacional del shuffle, se que muchos de mis congéneres y yo nos preguntamos: ¿donde esta el secreto?, ¿cual es la fórmula para no claudicar entre los que tuvieron la fortuna de encontrar a un cómplice que quiera apostar el todo por el todo?, ¿será genético o cultural?, ¿estará vinculado al optimismo sateluco del origen de su matrimonio?, ¿será su fe en Dios?, o simplemente el amor, respeto y cariño con que se cuidan el uno al otro, día con día.

Para tratar de entenderlo hice un ejercicio de retrovisor, trace el árbol genealógico de ambas familias para ver si podía ver un patrón que se repitiera. De entrada me sorprendió ver la cantidad de personas que se tuvieron que conocer para que mis padres existieran, y no me puedo imaginar las múltiples cosas que tuvieron que pasar para que coincidieran en un espacio-tiempo, y con un accesible estado del humor. Recordé la famosa poesía de Eugenio Montejo que Guillermo Arriaga citó en su película de “21 gramos”:

“La tierra giró para acercarnos, 

giró sobre sí misma y en nosotros,

hasta juntarnos por fin en este sueño,

como fue escrito en el Simposio.

Pasaron noches, nieves y solsticios;

pasó el tiempo en minutos y milenios.

Una carreta que iba para Nínive llegó a Nebraska.

Un gallo cantó lejos del mundo,

en la previda a menos mil de nuestros padres.

La tierra giró musicalmente llevándonos a bordo;

no cesó de girar un solo instante,

como si tanto amor, tanto milagro

sólo fuera un adagio hace mucho ya escrito

entre las partituras del Simposio.”

Pero mis padres no namas se conocieron, si no que en cierto momento se tomaron de la mano y tiraron pa’lante, y no se han soltado pese a desencuentros, enojos, berrinches, caprichos, ronquidos, fobias, parientes, carencias, accidentes y rachas de buena fortuna. Por alguna bonita razón, siguen decidiendo día con día que son el uno para el otro, y que se han de lamer las heridas en la misma cueva y acompañados de preferencia por sus cachorros.

Sí, somos una familia muegano, de esas que disfrutan las buenas y las malas, y que pese a que alguno salimos patas de perros, el eje sanguíneo nos reúne lo más pronto posible para compartir un asado o una peli de Pedro Infante en piyama los domingos. Esto no es gratuito, es una chamba de tiempo completo, fruto del cariño instaurado por Jesus y Eugenia, para con sus hijos, nietos, sobrinos, primos y tíos, vecinos y amigos que para los Llanos Jiménez  sabemos son una familia adoptiva.

Me consta que mis padres no son perfectos, nadie lo es, pero si son re-cariñosos, simpáticos y buena onda. Mis hermanos y yo hemos visto que cada vez refunfuñan más, como toda buena pareja dorada, pero al poco tiempo se vuelven a tender la mano y a decir “cielo” el uno al otro. Supieron pasar del yo, al tú, de tengamos un “el” o “ella” para formar un “nosotros”, de compartir espacios y soportar manías. Recientes teorías científicas dicen que así empezó la vida en la tierra, un astro que chocó con un planeta portó bacterias a la tierra. Supongo que para que haya vida tiene que haber diferencias y choques, pero también un ambiente propenso que la mantenga y promueva.

En fin, creo que el retrovisor llegó muy lejos, pero es que al hablar del amor me sabe todo a Big Bang, voy a dejar de tratar de descifrar el secreto de mis padres, gracias a Dios ellos están aquí con nosotros y no lo pueden compartir en vida sin tanta especulación. Quiero felicitarlos en sus bodas rubí, agradecerles infinitamente por los hermanos tan chingones que me dieron, por la estabilidad emocional que me da saberlos juntos, y sobre todo porque su ejemplo me sigue invitando a creer en el amor.

¡Que vivan los novios!

Amén.


La cuna del Universo

agosto 17, 2012

A Tlaxcala se le llama “la cuna de la nación” por que fue el lugar donde instalaron los españoles su primer centro de operaciones, ahí organizaron alianzas con los locales y planearon el ataque a la gran Tenochtitlan. Si consideramos esos factores no sería equivocado mejor llamarla “la cuna de la invasión”, pero dejando de lado la polémica historia de nuestro origen bipolar, para el reverendo Rubén García Badillo, el estado más pequeño del país no es el origen de la nación, ni del mestizaje forzado, si no del tiempo y el espacio, el religioso afirma que Tlaxcala es el lugar donde Jesucristo creó el Universo. Ahí no más.

Dar con la casa del padre Rubén no fue difícil, las paredes de su amplia propiedad tienen murales que van desde pinturas prehispánicas, la Capilla Sixtina, hasta el descubrimiento de la partícula de Dios. Al centro de un enorme jardín su casa luce una paleta multicolor y muros pintados con motivos peculiares: la Virgen de Guadalupe, un Cristo bizarro con ojos en la barba y Tlaxcala enmarcada con el volcán de la Malinche.

Supongo que tanta imagen en su vivienda responde a que el sacerdote dice estar autorizado por la Iglesia católica para desarrollar investigaciones en el campo del arte. Pero su curiosidad va más allá, rebasa la esfera de lo artístico, va por lo transdiciplinario y se sublima con la teología y la física cuántica. Rubén afirma tener pruebas científicas que demuestran que la recién descubierta partícula de Dios fue codificada en Tlaxcala y que en ella están contenidos los nueve personajes de las profecías mayas:  Frida Kahlo, Miguel Ángel Buonarroti, Leonardo Da Vinci, el Faraón Akhenatón, la Reina Nefertiti, Albert Einstein, Juan Pablo II, Barack Obama y por supuesto el mismísimo Padre Rubén García Badillo.

Y para despejar las dudas sobre la seriedad de sus peculiares teorías ha publicado dos libros de tamaño considerable: “Frida se Confiesa” y el “Código Freida”, el primero narra las confesiones en sueños que le hizo Frida Kahlo, su examante, sobre su posesión demoniaca, y el segundo propone la teoría de que la pintora mexicana encriptó importante información en su obra gráfica. Pese a que las dos ediciones son extensas, lo que más me sorprendió fue el reporte de cuarenta y siete páginas que le mandó al Papa Benedicto, con copia al presidente de los Estados Unidos: Barack Obama. Dicho documento incluye narraciones de sus sanaciones a distancia al cáncer del senador gringo Kennedy, menciones a los ultraterrestres santos con formas de la Virgen María y Diego Fernandez de Ceballos que en forma de nube rodean su casa, la física cuántica, las eucaristías en la cuarta dimensión, el Santo Sudario con la cara en 3D revelada por el History Channel y las profecías mayas. Todo ilustrado con fotografías que son majestuosamente recontextualizadas por el sacerdote. Una joya maestra del arte de la mala interpretación, la manipulación y la apropiación, sin tapujos, ni medias tintas. Un posible ejemplo de arte conceptual “outsider”.

Y para muestra un fragmento de lo que le dice a su Santidad: “Queridísimo Santo Padre, tengo todo documentado y me preocupa: Jesucristo se transforma en mí y yo en Él…En mi casa o donde voy muchas veces se realizan signos y prodigios nunca vistos fuera del Evangelio. Mi rostro aparece en muchos lugares y cosas, en el Sol, en las nubes, en el agua, en las piedras, en los árboles, y ya comprobado, dentro de los cerebros de la gente. Todo esto Santo Padre lo tengo documentado por la ciencia; Dios me confirma varias cosas de ciencia y me lleva a otros mundos, como Usted nombra, a otras dimensiones, y algunas veces voy con Moisés, Isaac y Jacob; a Japón a detener las torres atómicas para que Japón no desapareciera en el Tsunami.”

“¿Y ya le contestó el Papa?”, le pregunté. “No, ellos tardan trescientos años en contestar” me dijo. Me quede pensando en la cantidad de archivos de esa generosa naturaleza creativa que seguramente reciben a diario en el Vaticano. Deberían de estar en su museo para consulta. Fue un honor haber conocido la cuna del universo, ese que habita en la cabeza de este peculiar cura. Dicen que “cada cabeza es un mundo”, yo digo que en el caso de este señor, el mundo se quedó corto y su big-bang se pasmó en loop.

Amen…sus historias, la libertad de clero y sobre todo la de interpretación.


Sumando talento

agosto 1, 2012

Hace más de una década trabajé en “Dancer in The Dark” de chalan jala-cables y de peón multiusos, era la segunda peli en la que chambeaba y no me importaba pagar derecho de piso. La finalidad de dicha experiencia era conocer a la mítica Bjork y a mi director favorito de aquellos mozos años: Lars Von Trier. Dicha aventura fue tan peculiar que terminé publicando la anécdota en la revista mexicana “El Huevo” y las fotos en la revista argentina “URL”. 

Después del wrap up le pregunté a Tony Grob, el productor de las fechas en los Estados Unidos, que porqué hacia producción, me parecía un trabajo aburrido de trámites y papeleo. – Es la parte más creativa del proceso cinematográfico, me dijo. “¡Ah chingao! ¿Pos qué no era dirigir?”, le dije en un ingles con sabor cholo. – Por supuesto que no, porque el productor escoge al director, al fotografo y al escritor con el que va a contar la historia. Me quedaron dos cosas claras: la primera que el cine es un negocio y que los dólares pesan en la industria; y la segunda, que él hablaba de ese otro modelo, el que no es de autor y que tiene todas las concesiones para buscar ingresos.

Recordé las “conciliaciones”, más no concesiones, que buscó con los productores Guillermo Arriaga durante “Amores Perros”. Detallitos que a la mayoría de los mortales seguro nos pasarían desapercibidos, pero que para aquél que construyó de cero ese mundo eran medulares. Pensé en eso y sonreí sintiéndome seguro en mi burbuja del videoarte, del realizador que hace las cosas a su ritmo, capacidades y voluntad, sin necesidad de ayuda externa, sin omega3, vitaminas o minerales, puro perseverancia orgánica mezclada con mundo interno sin transgénicos, catapultado por las ganas de decir algo, y aterrizado en las precarias herramientas que tenga a la mano. No en vano mi primera casa productora se llamó “FVIDEO, one man’s production”, y me ufanaba de aparecer en los créditos como un todologo.

Afortunadamente las cachetadas que da la vida con los años despabila, la inocencia y pubertad se despellejan un poco al madurar y uno aprende que el universo no solo florece en nuestro ombligo, y que para poder crecer es necesario el otro, su participación y complicidad. Una persona ensimismada solo se atrofia, con dos personas se aprende a hablar (o bailar) y ya con tres hasta un público (literalmente) puede existir. El monólogo puede ser interesante, pero un diálogo de dos es más enriquecedor, una charla entre varios es un mar de oportunidades y una manifestación masiva es el comienzo de un big bang.

Esto lo entendí después de haber hecho proyectos en colaboración con otros artistas, un festival de animación con todo un equipo de trabajo profesionalizado en cada área, y hasta un bar con otros socios. Ahora que estamos haciendo mi primera película, un fabuloso documental que revisa la historia de este país, al sumar el talento con el que la estamos construyendo, recuerdo las palabras del amigo Tony en Seattle. La creación tiene varios niveles, y no solo el que ejecuta o realiza es el responsable, menos en una pieza colectiva. En esta cacería tribal, uno tira línea pero se apoya en el potencial con el que cada uno puede hacer crecer el proyecto.

Entendiendo esto he tratado de invitar amigos que aporten, que sumen y que tengan la camisa puesta con el tema, así que para el soundtrack decidí poner a dos gallos de diferentes latitudes y generaciones a jugar en la misma cancha, por un lado a Michael Nyman, celebre músico y compositor ingles que ha trabajado en innumerables largometrajes, y por el otro al chico del momento, el punk-norteño Juan Cirerol. Ambos aceptaron a conocerse, y al conocerse, e intercambiar algunas referencias sonoras, aceptaron gustosamente a meterse en la aventura-palomazo creativo del “a ver que salé” en el estudio. Seguro nos harán vibrar a un nuevo ritmo, inédito pero familiar.

Su complicidad me recuerda la que he mantenido con Ehrenberg desde hace años, hacemos y deshacemos periódicamente algo por el simple gusto de intercambiar opiniones, entender nuestras diferencias y similitudes generacionales, y con esto al mundo que nos tocó vivir. Este rompecabezas en forma de documental es una excelente pretexto para generar nuevos vínculos, jugar nuevos juegos o por lo menos en nuevas posiciones dentro de la cancha, y así sumarnos a la milenaria cadena de complicidades de donde la cultura es.

Amén.

pd. La iPhonografía es de Daniela González