Sincronía

octubre 25, 2012

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Una chispa contiene todo un incendio, una gota que se repite constantemente golpea con la fuerza de una ola, y una ola recita en sus repeticiones el poema de todo un mar, un rayo de sol vaticina un nuevo amanecer y confirma que la tierra sigue dando vueltas al sol, una pequeña intuición es suficiente para evaporar cualquier duda, y un contundente SI abre todas las puertas.

No menospreciemos los pequeños detalles, aprendamos a olfatearlos y seguirlos, a jalar sus hilos y ver que frutos e historias conllevan, las coincidencias son la punta de un iceberg llamado destino, ese que nos rodea y habla de las grandes tramas que mueven al mundo. Para eso nacimos, para curiosear sin límite de tiempo, para construir sin límite de presupuesto y para compartir sin miedo.

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La escena esta enmarcado en una jungla que supo crecer sobre piedra volcánica. Los protagonistas llevan un instinto que esta afilado por millones de años de ensayo y error, razón por la cual dudo categóricamente pueda estar equivocado. Qué los motiva puede ser una lista generosa de adjetivos, o simplemente un pulso que siguen sin entender. El regreso al origen no es un misterio cuando se ve de frente, es un compromiso con el aquí y el ahora. El exótico salvajismo de Adan y Lilit se dio porque no tenían familiares con pudor rondando el paraíso, sin embargo creo que de haber contando con familia y las suficiente viandas y víveres, la historia no hubiera cambiado. Y entre el pasto y las estrellas, que no se veían bien por tanto smog o vino tinto, o ambas, un cirio se encendió. Y mientras esto sucedía, la ciudad, el país y el mundo seguían dando vueltas.

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Me queda claro que desconozco las razones por las cuales me hace sonreír, o mejor dicho, mientras más las anoto menos me importan enumerarlas. Es un misterio que me rebasa y eso tiene un toque de sagrado que vale la pena degustar poco a poco, en el día a día. Estoy consiente de que puede pasar todo, y no puede pasar nada, y esa incertidumbre aviva mis sentidos, detona mi entusiasmo y me invita a apostar. Al fin y al cabo solo somos momentáneos visitantes de esta burbuja llamada vida, y en nuestro beber y salvación hay señales que no podemos omitir, otras tantas que hay que cuidar si nos importa que crezcan, y un par más que debemos cultivar para llegar a las últimas consecuencias. Dicen que el amor es un milagro, yo digo que más allá de los lugares comunes, es un santuario sagrado que si tenemos la suficiente congruencia y sincronía habremos de ir a conocer.

Amén.

 

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Petra

octubre 17, 2012

Petra es mi ahijada, la primera de tres que tengo. Es hija de mis compadres Omar y Lety, ambos creativos de tierras michoacanas que conozco desde que vivía allá. Goza de una singular belleza purepecha y un delicioso acento local. Hasta donde la recuerdo es simpatiquísima y de sangre ligera. Como es más grande que mis sobrinas cuando nació fue la que me despertó el instinto paterno, antes de conocerla no sabía si quería tener hijos, en cuanto la tuve en mis brazos pensé “por supuesto”.

A donde viajaba siempre le traía regalos, sobre todo camisetas con el nombre de la ciudad, quería inculcarle una curiosidad por conocer el mundo entero. Recuerdo con una sonrisa que al principio me decía canino en vez de padrino. Estaba muy morra y no podía pronunciar bien, o era cábula desde morrita. Probablemente ambas.

Eso del compadrazgo y de los ahijados es tan arcaico que me sabe a raíz, a tradiciones latinas que nacen de rituales católicos pero se validan en el peso de la colaboración, del cierre de filas de clanes, maneras simbólicas y a veces reales de compartir responsabilidades y dichas. Una forma de tejer eslabones entre los amigos y familiares, vínculos que deberían de ser tan sagrados como los sanguíneos. En mi caso a mis padrinos los vi poco, no recuerdo mucho su participación dentro de mi formación o recreación. Por eso cuando acepté ser padrino de Petra decidí que no sería una etiqueta más, sino un compromiso de vida, de estar ahí para cuando lo necesitara.

Hace muchos años, por alguna razón que no nos compete, mis compadres se separaron, y por una razón que seguramente ni mi compadre conoce, se alejó un par de años de ella y de su mujer. Posteriormente mi comadre se caso de nuevo y por una razón que desconozco decidió que era mejor dejar al padrino en el pasado también. Así que hace algunas vueltas al sol no he podido ver ni apapachar a Petra.

Dicen que “la sangre llama”, yo digo que sean cuales sean las razones que desconocemos, aquellas que nos inventamos, y aquellas que omitimos, bien valdría la pena dejarlas atrás, revalorar la sangre y los lazos, y darnos un abrazo colectivo. Hace muchos años que no veo a mi ahijada Petra, y Chamaco y yo la extrañamos mucho.

Amén.