Inventario familiar

noviembre 15, 2012

La mayor parte de nuestra formación afectiva e intelectual se da en el núcleo familiar. Ante la camada de los políticos neoliberales y entreguistas, y sus políticas que menosprecian la educación en México, y por la necesidad de retomar valores básicos que se han borrado de los programas educativos, a continuación va una lista de algunas lecciones que aprendí de mis parientes, sanguíneos y adoptivos, con la finalidad de que valoremos ese primer círculo educativo, el familiar. Por que la descomposición social que pulula ahora en el país se puede contrarrestar desde esa pequeña pero potente trinchera.

Mi agüe Simo: La ama de mi apa me enseñó a adorar a mi país, a disfrutar los domingos y a armar rompecabezas. Me enseñó un México popular y accesible, a comer tlacoyos, huevos con frijoles negros a medio hacer sobre platos de talavera de feria, y a degustar dulce de frijol, a devorar pan dulce y a abanicarle con un cartón en las noches de calor. Con ella entendí que se puede estar sin tener que hablar mucho, simplemente acompañándonos.

Mi abue Licha: De ella aprendí a disfrutar los lujos, a conocer los protocolos y las formas correctas de sociabilizar: los múltiples tenedores en la mesa y las copas de cristal cortado, los adornos en la casa por temporadas y los excesos de bacalao en las cenas navideñas. Aprendí que nunca esta de más traer de todo en una bolsa de mano y que al atardecer la palabra merienda me conmueve. También me heredó el gusto por la chaquira, el fieltro, las miniaturas y a jugar un juego con las manos que se llamaba “hojas de té”.

Mi ama Geña: Me enseñó a sonreír con toda la mazorca y sin complejos, pero también a llevar la contraria y a reaccionar en contra de la figura de autoridad. Con ella aprendí a orar, a creer en Dios y a pensar que el optimismo y la fé son una inversión con beneficios a corto, mediano y largo plazo. Me demostró que nunca es demasiado tarde para aprender algo nuevo, mejorar como ser humano, o querer a un chihuahueño. Ella junto con mi apa me han enseñado lo más importante: a creer en el amor.

Mi apa Chuy: A este señor le he aprendido mucho: a pensar en el bien común, a sumar amistades, a no tener miedo ante la vida, y a soportar cosquillas mientras te levantas. A valorar y a disfrutar el trabajo y la talacha: a lavar los coches, pintar casas y bolear zapatos. Me enseñó a probar todo tipo de comidas, a querer y cuidar a mi familia y a procurar no tener problemas con nadie. Le aprendí también que hay otras cosas en este mundo más importantes y bonitas que la lana. Hasta la fecha sigo sin aprenderle como se hace el nudo de la corbata.

Mi hermano Rodo: Por la cercanía seguramente el ha sido mi gran maestro. Con el aprendí a compartir, a competir, a repartir, a departir y a creer en mi. Mis padres lo obligaron a que lo acompañara a todas sus fiestas hasta la secundaría, si no hubiera sido por su generosa y obligada paciencia seguiría siendo un introvertido antisocial. Juntos aprendimos todos los juegos y también la manera de molestar a todos los compañeros. Aprendí a servir las cubas en el asiento del copiloto y a preocuparme por su bien. Ahora estamos aprendiendo a correr un marathón juntos, y con mi cuñada Paulina nos están enseñando a todos que mi sobrino Santi tiene una bonita familia.

Mi hermana Alicia: Ella me enseñó que entre hermanos existe tanto amor y admiración, que pese a las diferentes maneras de ver la vida, seguiremos cerrando filas y disfrutando la cocina y la pista de baile. Me enseñó que no todo es la realización profesional, que hay otra maravilla que se llaman sobrinos (Manuela y José María) que co-produjo con mi cuñao’ que es a toda madre. De ella aprendí a arreglarme ocasionalmente y a no sentir tanta culpa por algunos lujos.

El tío Román: Es el mejor amigo de mi apa, de él aprendí que la buena suerte si existe, por lo menos para algunos, que no hay que comer grasas saturadas durante muchos años y que pensar que tienes siempre la razón puede hacer una conversación muy aburrida.

La tía Jose: Con ella aprendimos el valor de las posadas, de los picnics en Chapultepec y el poder correctivo de un jalón de patilla en mis primos.

Mi tía Sarita: De ella aprendí lo que es la metafísica cristiana, el poder de los decretos, y que se puede rezar en medio de un terremoto en una casa de tres pisos con cincuenta años de antigüedad. También que uno puede vestirse con colores vivos y pasteles, sin importar la década.

Mi tío Oscar: Nos enseñó a ir a los baños públicos a muy temprana edad y a soportar  altas temperaturas dentro del vapor. Junto con mi apa y mis primos nos enseñó a jugar beisbol. También aprendí que podías hacer contratos con tus hijos, pero lo que nunca supe fueron las consecuencias del mismo.

Mi tío Efraín: Cuñado de mi apa, esposo de mi tía Canela. De él y mis primos aprendí el gusto por una guitarra acústica y canciones con sabor a patria. El uso del bigote probablemente viene inconscientemente de su parte también.

Mi tía Marilú: La hermana de mi apa que vive en el Canadá me enseñó que uno puede bailar y sonreír sin importar cuantas primaveras tengas encima. También aprendí que hay que viajar mucho y tomar muchas fotos, de preferencia con una cámara profesional.

La tía Elvia: Nos enseñó a todos los primos a no sentirnos culpables por decir groserías, chingonérrima lección que hasta la fecha ocupo.

El tío Eco: Nos inculcó el gusto por la natación, a tal grado que nos entrenó como instructores a muy temprana edad a mi y a mi hermano. También aprendí que los congresos de natación tenían las mejores barras libres en la playa.

La tía Canela: De ella aprendí la chispa y el buen humor por encima de cualquier contratiempo, también que hay que cuidar y acompañar a la madre mientras se tenga.

Mi primo Román: Nos enseñó la anatomía humana vista desde el porno, también que la práctica del ninjitzu no garantiza caminar sobre el agua y a ser en extremo generoso con nuestras amistades. También me enseñó a cantar a José José y a no menospreciar las borracheras de buró.

El primo Gigio: Nos enseñamos a dibujar copiando ratones Miguelito, a echar relajo en bicicleta por Echegaray, a jugar a los soldados con granadas y ametralladoras de palo, y a correr como degenerado cuando se hacía una travesura con tono delictivo.

El primo Eco: Me enseñó que la fantasía de las películas se puede vivir en la vida real con mucha imaginación y el acompañamiento de algunos objetos punsocortantes o explosivos.

La prima Ana: Que la buena onda y la empatía existe en todas las latitudes, y que nunca hay que aventar la toalla ante un amor de a devis. Aprendí a tocar y cantar el “Gato viudo” con ella también.

La prima Sara: De ella aprendí que un novio cabía en el closet, y que ser madre soltera era mejor que madre mal acompañada.

El primo Paquito: Nos enseñó a mis primos y a mí el peso del buen humor y de la sangre liguera.

De mis primos de Celaya: Aprendí a jugar footbal y mini olimpiadas en un patio, a comer rajas en vinagre en cantidades absurdas, y a leer Capulinitas y Condoritos.

Este sábado se casa mi primo Rafael aquí en Cuernavaca, seguramente ampliaré con la familia esta lista y podré recopilar de una mejor manera todas estas enseñanzas para el beneficio de familiares y lectores asiduos. El político y escritor irlandés Edmund Burke decía que Las personas que nunca se preocupan por sus antepasados jamás mirarán hacia la posteridad”, yo digo que sin pasado no hay futuro, pero que lo más importante es corregir entre todos el aquí y el ahora. Urge.

Amén.


Guía para comenzar a dibujar

noviembre 13, 2012

Siempre vale la pena saber para que se aprende algo, ayuda a direccionar la experiencia, definir los ejercicios y encontrar el conocimiento o experiencia en la dirección requerida. Es decir, si quieres dibujar figura humana, hay una serie de observaciones físicas y anatómicas que hay que cubrir. Si lo que se desea es dibujar para generar esquemas de flujo, desarrollar ideas o medir procesos, el lenguaje y los formatos pueden ser otros. Las mezclas de estos mundos e intereses son lo que hacen a cada creador particular.

Una vez sabiendo porque se quiere aprender a dibujar, se pueden empezar a definir acciones para ir mejorando nuestra capacidad. Como primer punto, comenzaría con un consejo básico: Tener una libreta del mejor papel al que podamos tener acceso, y una herramienta con la cual nos guste dibujar. Tan sencillo como esto. Todo proceso de aprendizaje se hace más entrañable (y por lo tanto repetitivo) si se comienza con las mejores herramientas, se toma más en serio el momento de ejercitar y se vuelve la experiencia más gratificante. Una vez enganchado en el proceso creativo se puede optar por materiales más perecederos para ejercicios más específicos. Para arrancar, una bitácora coqueta siempre ayuda, y traerla contigo todo el tiempo ayuda más.

El paso número dos es conocer nuestros ingredientes y herramientas, conocer con que vamos a dibujar (herramienta) y saber como reacciona él dónde vamos a dibujar (formato). Aquí lo que sugiero siempre es generar un muestrario de elementos gráficos básicos: puntos, líneas, planos y manchas. Esto es lo que conocemos como experimentar y sirve para ampliar nuestro abanico de recursos, imprescindible para después poder balbucear más conscientemente sobre el formato y con un mayor número de elementos.

El paso número tres, en un entendimiento muy académico y formal del dibujo, es ir calentando motores, es básico, repetitivo, y muy concreto. Lo llamo “el ejercicio de calibración de la impresora”, y es dibujar líneas horizontales, verticales, diagonales, círculos y demás figuras geométricas sobre la misma hoja de papel. Esto solo se hace al principio y para medir que tanto control se tiene con la mano. Ayuda a definir los retos o a desempatarse de formulas preestablecidas, pero de una manera consciente, no por incapacidad heredada o falta de ejercicio. El mejor punto de partida en la profesionalización de nuestra creación es conocer nuestras capacidades e incapacidades, y ver que se quiere pulir o que se quiere trabajar o aprovechar de estas.

Estos ejercicios son igual de monótonos que la digitación de la mano cuando se quiere aprender a tocar la guitarra. Repetir escalas no es crear en sí, pero te permite tener el músculo para poder inventar cosas de una manera más contundente posteriormente. Sin eso, el estilo es una suma de limitantes y aciertos repetidos, así las decisiones parten de la incapacidad, no de objetivos o metas concretas.

Posteriormente, y para desglosar la magia del acto de dibujar, sería bueno manosear algunas ideas básicas, por ejemplo, dibujar se divide en tres momentos:

1. Adquirir información (ojos). 

Generalmente es a través del acto de observar, pero también puede ser por otros sentidos, como el tacto, el oído o el gusto. Hay que conscientizar esto porque significa que el contexto donde se crea influye sobre lo que se genera, y nuestra mirada o atención es lo que va a nutrir dicha creación. Aquí lo que se ejercita generalmente es la observación: ¿qué se ve, cómo se ve, qué se percibe, y porqué? El para qué, que ya implica una interpretación, lo pondría en el segundo punto.

Cuando se dibuja abstracto, es como cuando se improvisa, sabemos que lo que hacemos no es generación espontánea, sino que parte de algún referente capturado por alguno de nuestros sentidos, pero nos gusta la composición formal, y el juego de los elementos. Esto de todos modos implica un momento concreto de adquirir la información que estamos generando y genera una especie de circuito cerrado mental,  actividad que definitivamente va de la mano con el siguiente punto.

2. Traducir o interpretar dicha información (mente).

Esto es un acto personal, mental, de conexiones y aberraciones, de obsesiones y gustos, aquí es donde vale la pena definir si nos mueven las tripas o los sesos, o ambos y en que porcentajes. Si dibujamos para cumplir una función, para inventar mundos, para entender el propio, etc. Por ejemplo en mi caso, dibujo para poder entender en un solo golpe de vista cosas y situaciones que rebasan mi memoria a corto plazo, por eso dibujo esquemas, sentimientos, opciones, rutas y motivos. Dibujar me ayuda a tomar decisiones de vida.

3. Construir gráficamente (mano).

Aquí se desarrolla la capacidad psicomotriz, y es tan sencilla y compleja como meter un balón de basketball en la canasta, mientras más se repite la acción, más se perfecciona. El consejo más sencillo y contundente es el de ejercer, si quieres aprender a dibujar: dibuja. No hay otro camino, pero si hay consejos que sistematizan dicho camino y hacen el trayecto más entretenido intelectualmente.

Entre estos tres campos hay una serie enorme de divertidos ejercicios que se pueden hacer para poder entender, afinar, cuestionar, descubrir, e inventar maneras de gráficas de creación. Y si se tiene un tema, obsesión o gusto que explorar con el dibujo, todo se vuelve una cadena de piezas, frases visuales y momentos que se van entretejiendo y dialogando entre si. Esto genera un cuerpo que permite a los demás poder curiosear a sus anchas, más a gusto e inventando relaciones, lecturas y justificaciones. Ese diálogo entre pieza y espectador, ese momento donde sociabilizas la creación, es el que le da sentido al acto creativo.

Picasso decía que Lo único que puede frenar la creatividad es el buen gusto”. Yo en medio de una eterna primavera, y con una sola mano, digo que lo único que nos empuja en la creatividad es la curiosidad y el gusto por degustar nuevas experiencias.

Amén.


Enseñanza cadereytense

noviembre 11, 2012

1.

Mi hermano y yo nos llevamos once meses, eso significa que mi madre se embarazó a los dos meses de que él nació. A mi ama no le gustaban los lácteos así que decidió no tomarlos durante su segundo embarazo, razón por la cual nací descalcificado, con los huesos chuecos y endebles. Nada que no se pudiera corregir con yeso, aparatos, calzado especial, litros de leche durante dos décadas y asoleadas en ricas escapadas familiares a balnearios y playas.

Mi teoría es que ese tipo de deficiencia in útero me formó una personalidad más aprensiva. Desde niño fui muy apegado a mi madre, si me soltaba la mano lloraba, tan exagerado como eso.

2.

Por alguna simpática y peculiar razón mi padre desde muy temprana edad promovió una competitividad entre mi hermano mayor y yo. Chavos: ¿A ver quien se acaba la leche primero?, ¿A ver quien salta más lejos?, ¿A ver quien aguanta más sin respirar bajo el agua?, etc. Si a esto le sumamos que de todos los primos yo soy el menor, el resultado fue una serie de frustraciones y descalabros, cicatrices y accidentes que en mi infancia me hicieron pensar que era un crío con muy mala suerte. Así que crecí con un espíritu competitivo, y una tendencia a asumir accidentes o cualquier otro costo por cruzar la meta.

3.

Ayer fuimos a Querétaro, a una carrera campo traviesa por la Sierra Gorda, el plan era realizarla con el amigo Gary y mi hermano. Dos horas antes de comenzar la carrera se nos ocurrió pasear y al ver una pared de piedra mi hermano comentó que sería complicado escalarla. En automático me enganche con el reto, y me lancé sobre ella. Si bien la deficiencia en mis huesos creo fue superada, lamentablemente no puedo decir lo mismo de mis ligamentos. Razón por la cual al descender se me dislocó el hombro por décima vez y caí en la tragedia que ya conozco: esperar en un dolor constante a que alguien me coloque el brazo en su lugar, intentos que se convierten en tortura medieval hasta que llegamos a un hospital y con algún derivado del opio ser noqueado para poder despertar con el hombro en su lugar. En este caso el chiste duró seis horas porque en el único quirófano del Centro Médico de Cadereyta había una cesárea y una apendicitis programadas antes. Seis horas de punzadas y de una mente dando vueltas por entender el cómo resolver esa situación posteriormente a la urgencia: ¿operación que no garantiza nada y cuesta una fortuna?, ¿fisioterápia, pilates o yoga?, ¿comer jaletinas o glucosamina?

En uno de los cuatro intentos por colocarme el brazo en su lugar, el anestesista que jugaba de traumatológo, me dijo que relajara los músculos para poder restablecer el hueso a su posición, le dije que estaba cooperando de la mejor manera que podía, a lo que el exclamó: “Eres muy aprensivo, ya ni un niño”. En ese momento lloré, recordé lo innecesariamente aprensivo y competitivo que puedo llegar a ser, y asumí el dolor.

No trato de culpar a mi progenitora de mis rasgos de personalidad casi cuarenta años después, ni a mi padre por instalarme un mecanismo que más que pesarme me ha ayudado a avanzar en mis objetivos, ni culpar a mi hermano por fungir como un detonante en retos quizá innecesarios, es solo entender ciertos orígenes para poder esquivar tragedias, y aprovechar lo bueno de cada historia.

Dicen que infancia es destino, yo digo que el origen nos da una línea y dirección, pero esta en nosotros llevarla a la latitud y altitud deseada.

Amén.


Tradiciones, hábitos, rituales, obsesiones y manías

noviembre 1, 2012

Acciones. Algunas las repetimos de manera mecánica y otras las hacemos más conscientes, unas se aprenden al hacer y otras suceden cíclicamente, algunas son significativas o trascendentes y otras son automáticas e instintivas, algunas se disfrutan y otras incomodan o aburren. Positivas o negativas, a según el contexto y el criterio, las prefiero congruentes y constructivas. Saber operar cada una en el modo correcto es quizá un punto de partida para una madures que se encamine hacia la felicidad y cierta paz. A continuación una lista de acciones que me gusta repetir cotidianamente y/o cíclicamente:

– Cuando compro algo, lo que sea, trato de apoyar a la industria nacional, por eso tardo horas en el super, en lo que revisas de donde viene y con que esta hecho. Es lo que Chava Flores llamaba “las razones de buena vecindad”: acciones locales de apoyo a los vecinos en pro del bien comunitario.

– Los jugos de frutas que consumo en la mañana los sazono con reiki, así como los correos-e importantes, al apretar el botón de envío digo: Vaya con Dios. Es tan abstracta la internet como mi noción de Dios.

– Todos los días felicito a los conozco que cumplen años, tengo la convicción de que es una bendición cumplir años y que las fanfarrias saben más mientras más las escuchas.

– A veces tengo que encimar el dedo chiquito del pie sobre su dedo más cercano para poder dormir, esto lo hago desde niño, por lo cual lo puedo ya hacer en automático.

– Por formación e influencia familiar me persino en la carretera y cuando va a despegar un avión, por supuesto aplaudo al aterrizar. Dentro de esta señal de la cruz, me encanta cuando me dan la bendición mi ama, o mi sobrina Manuela. Y al igual que las marchantas, cuando me pagan me persino con los billetes.

– Soy freelancero desde hace muchos años, trabajo sin un sueldo fijo y para quien me contrate. Así que cada que cobró algo invito a comer o a cenar a mis seres queridos. Hay que compartir la caza con la raza.

– Por educación y profesionalismo contesto todos los correos que me mandan: si, gracias; no, gracias. Básico.

– Para aprovechar el tiempo, optimizo tiempo y espacio, duermo a cuatro pasos de mi oficina y corro literalmente entre actividades o hago dos cosas simultáneamente, como usar la elíptica y leer libros.

– Jamás pongo la lana por encima de una amistad. La lana va y viene, los amigos más vale que se queden.

– No uso popotes, y trato de usar la menor cantidad de servilletas. Me da pánico pensar todo lo que se necesitó para que eso exista y la poca vida funcional que va a tener antes de convertirse en basura.

– No fumo, soporto respirar la ciudad de México, creo que de todos los vicios es el que más se ha desgraciado, la gente fuma basura, ni tabaco real ni otras plantas milenarias, fuman por status, por ocio y por no se qué.

– Si hay algo que me parece desagradable, trato de entenderlo, de verlo sin prejuicios, si me sigue incomodando trato de evitarlo.

– Me encanta conectar gente, veo necesidades mutuas y personajes afines y vinculo. Es una detallito que creo hace a todos profesionalmente más felices y al país progresar.

– Trato de evitar lo más que se pueda los pochismos, me gusta el spanglish de la gente que vive en la frontera, me parece triste como el del resto del país usa el ingles para sentirse a la moda o globales.

– Cuando viajo, ya sea antes o después, me gusta ir a los tacos del Borrego Viudo, me despiden o me dan una bienvenida de antología.

Recientemente tomé un taller de Ayurveda con mi amiga Alejandra Echeverría, para como la entiendo esta consiste en desintoxicarte mejorando tus hábitos de higiene y ajustando tus hábitos alimenticios, me he sentido sorprendente maravilloso en estos días. “Y como es arriba, es abajo” estoy seguro que en mi vida diaria puedo mejorar muchos si cambio otros hábitos en mi proceder. Mi apa esta escribiendo sus memorias, en ellas dice que mi abuelo Juventino Llanos le decía diariamente: “¿Que hiciste hoy para tener nuevos amigos, que hiciste hoy para ser menos malo que ayer?”. Yo digo que pese a que no conocí a mi abuelo, he de seguir sus consejos, con el pequeño ajuste en el peso de la culpa. Diariamente me he de preguntar “¿Que he hecho hoy para ser más bueno que ayer? Hoy por la noche mientras ponga el altar de muertos con mis vecinos en la Romita, me habré de responder.

Amén.