Final feliz

diciembre 10, 2012

finals

Este proyecto nació sin ninguna finalidad, por mera recomendación de mi amigo Pacho Paredes me puse a escribir y a publicar en un blog, lo único que tenía claro era que quería mantener una estructura que constara de cuatro elementos: primero, abrir con una fotografía tomada con mi teléfono celular, una iPhonografía, segundo, narrar una anécdota personal, historia local o un breve ensayo sobre algún tema en específico; tercero, incluir citas célebres, ya sean de autores clásicos o de amigos chingones cercanos. Y cuarto, cerrar con una declaración personal, en tono de decreto, que subraye lo mejor de cada experiencia: encontrar y compartir esa parte positiva que hay en el aprendizaje de lo vivido.

Con el tiempo pensé que lo que estaba haciendo podía ser considerado la autobiografía-temprana de un artista visual que sobrevive en la Ciudad de México, una de las más pobladas del planeta. Que compartiera las preocupaciones de un cada vez menos joven profesional del mundo del arte, conocer sus confesiones personales para entender de dónde nacen ciertos intereses y obsesiones, consejos prácticos sobre la diversificación creativa y la cocina, o hasta reseñas a sus viajes por latitudes como Venecia, Los Ángeles, Fresnillo, Morelia, Ginebra, Sao Paulo, Buenos Aires, Santiago, Medellín, etc. Así que decidí ponerle un límite para cerrar dicho ejercicio, y decidí que quería escribir 365 posteos (capítulos), uno para cada día de un año. Desde que comencé han pasado casi cinco años y por fin hemos llegado al final. Este texto es el número 365, el último, con el que corono la experiencia, el que revisa el camino andando y con el que me despido.

Este blog ha sembrado más de 117, 000 palabras, que terminaron empaquetadas en más de 300 cuartillas, y generaron más de 120, 000 visitas en cuatro años con nueve meses, y consiguieron una cosecha de más de 700 comentarios. Pero más que números, me gustaría hablar de las letras y el uso que aprendí a tener de ellas con el ejercicio cotidiano de escribir. Gracias a este ejercicio bloguero, sin duda creo que me sé expresar mejor con la palabra. Agradezco infinitamente a todos los lectores, curiosos y navegantes que pasaron a degustar nuestras historias, consejos y terapias.

El futuro de este proyecto esta ya definido, terminarán de manera impresa en un breve pero coqueto tiraje con una selección de las 100 mejores rinostagias, y haremos un e-book para navegar en tabletas con los 365 capítulos. Esta modalidad nace de la mano de la amiga y cómplice Jocelyn Pantoja y su Proyecto Literal. El diseño estará a cargo de los diseñadores editoriales Davey Whitcraft y Ana Llorente, amigos del norte a quien agradezco públicamente el tiempo de espera para poder darle forma al futuro libro. Los invitados a presentar el libro en el prólogo y la introducción son nada más y nada menos que Tamara de Anda, la bloguera más chipocluda de este país, querida amiga y cómplice, y el talentoso Pancho Hinojosa, a quien le hago público mi agradecimiento por el honor de que sus letras y su humor abran las puertas de este impreso.

Comencé con un gran amigo esta experiencia y pienso terminar de la mano de otro. Jordi Soler dice que: “En esa zona de la vida donde aparentemente no hay nada, el talentoso Fernando Llanos, dotado de un singular ojo clínico, descubre el destello artístico”. Yo digo de entrada que me siento muy honrado del comentario que esgrime el amigo Soler sobre este proyecto, y la verdad, ahora que lo pienso, creo que más que una autobiografía esto es un libro de auto-ayuda para no perder la memoria, espero a algunos los comentarios, historias y reflexiones les sirvan a otros curiosos, o por lo menos les entretenga. Me siento muy feliz de haber compartido todas estas palabras, estoy seguro que cuando se añejen sabrán todavía mejor.

Amén.


Inventario familiar

noviembre 15, 2012

La mayor parte de nuestra formación afectiva e intelectual se da en el núcleo familiar. Ante la camada de los políticos neoliberales y entreguistas, y sus políticas que menosprecian la educación en México, y por la necesidad de retomar valores básicos que se han borrado de los programas educativos, a continuación va una lista de algunas lecciones que aprendí de mis parientes, sanguíneos y adoptivos, con la finalidad de que valoremos ese primer círculo educativo, el familiar. Por que la descomposición social que pulula ahora en el país se puede contrarrestar desde esa pequeña pero potente trinchera.

Mi agüe Simo: La ama de mi apa me enseñó a adorar a mi país, a disfrutar los domingos y a armar rompecabezas. Me enseñó un México popular y accesible, a comer tlacoyos, huevos con frijoles negros a medio hacer sobre platos de talavera de feria, y a degustar dulce de frijol, a devorar pan dulce y a abanicarle con un cartón en las noches de calor. Con ella entendí que se puede estar sin tener que hablar mucho, simplemente acompañándonos.

Mi abue Licha: De ella aprendí a disfrutar los lujos, a conocer los protocolos y las formas correctas de sociabilizar: los múltiples tenedores en la mesa y las copas de cristal cortado, los adornos en la casa por temporadas y los excesos de bacalao en las cenas navideñas. Aprendí que nunca esta de más traer de todo en una bolsa de mano y que al atardecer la palabra merienda me conmueve. También me heredó el gusto por la chaquira, el fieltro, las miniaturas y a jugar un juego con las manos que se llamaba “hojas de té”.

Mi ama Geña: Me enseñó a sonreír con toda la mazorca y sin complejos, pero también a llevar la contraria y a reaccionar en contra de la figura de autoridad. Con ella aprendí a orar, a creer en Dios y a pensar que el optimismo y la fé son una inversión con beneficios a corto, mediano y largo plazo. Me demostró que nunca es demasiado tarde para aprender algo nuevo, mejorar como ser humano, o querer a un chihuahueño. Ella junto con mi apa me han enseñado lo más importante: a creer en el amor.

Mi apa Chuy: A este señor le he aprendido mucho: a pensar en el bien común, a sumar amistades, a no tener miedo ante la vida, y a soportar cosquillas mientras te levantas. A valorar y a disfrutar el trabajo y la talacha: a lavar los coches, pintar casas y bolear zapatos. Me enseñó a probar todo tipo de comidas, a querer y cuidar a mi familia y a procurar no tener problemas con nadie. Le aprendí también que hay otras cosas en este mundo más importantes y bonitas que la lana. Hasta la fecha sigo sin aprenderle como se hace el nudo de la corbata.

Mi hermano Rodo: Por la cercanía seguramente el ha sido mi gran maestro. Con el aprendí a compartir, a competir, a repartir, a departir y a creer en mi. Mis padres lo obligaron a que lo acompañara a todas sus fiestas hasta la secundaría, si no hubiera sido por su generosa y obligada paciencia seguiría siendo un introvertido antisocial. Juntos aprendimos todos los juegos y también la manera de molestar a todos los compañeros. Aprendí a servir las cubas en el asiento del copiloto y a preocuparme por su bien. Ahora estamos aprendiendo a correr un marathón juntos, y con mi cuñada Paulina nos están enseñando a todos que mi sobrino Santi tiene una bonita familia.

Mi hermana Alicia: Ella me enseñó que entre hermanos existe tanto amor y admiración, que pese a las diferentes maneras de ver la vida, seguiremos cerrando filas y disfrutando la cocina y la pista de baile. Me enseñó que no todo es la realización profesional, que hay otra maravilla que se llaman sobrinos (Manuela y José María) que co-produjo con mi cuñao’ que es a toda madre. De ella aprendí a arreglarme ocasionalmente y a no sentir tanta culpa por algunos lujos.

El tío Román: Es el mejor amigo de mi apa, de él aprendí que la buena suerte si existe, por lo menos para algunos, que no hay que comer grasas saturadas durante muchos años y que pensar que tienes siempre la razón puede hacer una conversación muy aburrida.

La tía Jose: Con ella aprendimos el valor de las posadas, de los picnics en Chapultepec y el poder correctivo de un jalón de patilla en mis primos.

Mi tía Sarita: De ella aprendí lo que es la metafísica cristiana, el poder de los decretos, y que se puede rezar en medio de un terremoto en una casa de tres pisos con cincuenta años de antigüedad. También que uno puede vestirse con colores vivos y pasteles, sin importar la década.

Mi tío Oscar: Nos enseñó a ir a los baños públicos a muy temprana edad y a soportar  altas temperaturas dentro del vapor. Junto con mi apa y mis primos nos enseñó a jugar beisbol. También aprendí que podías hacer contratos con tus hijos, pero lo que nunca supe fueron las consecuencias del mismo.

Mi tío Efraín: Cuñado de mi apa, esposo de mi tía Canela. De él y mis primos aprendí el gusto por una guitarra acústica y canciones con sabor a patria. El uso del bigote probablemente viene inconscientemente de su parte también.

Mi tía Marilú: La hermana de mi apa que vive en el Canadá me enseñó que uno puede bailar y sonreír sin importar cuantas primaveras tengas encima. También aprendí que hay que viajar mucho y tomar muchas fotos, de preferencia con una cámara profesional.

La tía Elvia: Nos enseñó a todos los primos a no sentirnos culpables por decir groserías, chingonérrima lección que hasta la fecha ocupo.

El tío Eco: Nos inculcó el gusto por la natación, a tal grado que nos entrenó como instructores a muy temprana edad a mi y a mi hermano. También aprendí que los congresos de natación tenían las mejores barras libres en la playa.

La tía Canela: De ella aprendí la chispa y el buen humor por encima de cualquier contratiempo, también que hay que cuidar y acompañar a la madre mientras se tenga.

Mi primo Román: Nos enseñó la anatomía humana vista desde el porno, también que la práctica del ninjitzu no garantiza caminar sobre el agua y a ser en extremo generoso con nuestras amistades. También me enseñó a cantar a José José y a no menospreciar las borracheras de buró.

El primo Gigio: Nos enseñamos a dibujar copiando ratones Miguelito, a echar relajo en bicicleta por Echegaray, a jugar a los soldados con granadas y ametralladoras de palo, y a correr como degenerado cuando se hacía una travesura con tono delictivo.

El primo Eco: Me enseñó que la fantasía de las películas se puede vivir en la vida real con mucha imaginación y el acompañamiento de algunos objetos punsocortantes o explosivos.

La prima Ana: Que la buena onda y la empatía existe en todas las latitudes, y que nunca hay que aventar la toalla ante un amor de a devis. Aprendí a tocar y cantar el “Gato viudo” con ella también.

La prima Sara: De ella aprendí que un novio cabía en el closet, y que ser madre soltera era mejor que madre mal acompañada.

El primo Paquito: Nos enseñó a mis primos y a mí el peso del buen humor y de la sangre liguera.

De mis primos de Celaya: Aprendí a jugar footbal y mini olimpiadas en un patio, a comer rajas en vinagre en cantidades absurdas, y a leer Capulinitas y Condoritos.

Este sábado se casa mi primo Rafael aquí en Cuernavaca, seguramente ampliaré con la familia esta lista y podré recopilar de una mejor manera todas estas enseñanzas para el beneficio de familiares y lectores asiduos. El político y escritor irlandés Edmund Burke decía que Las personas que nunca se preocupan por sus antepasados jamás mirarán hacia la posteridad”, yo digo que sin pasado no hay futuro, pero que lo más importante es corregir entre todos el aquí y el ahora. Urge.

Amén.


Guía para comenzar a dibujar

noviembre 13, 2012

Siempre vale la pena saber para que se aprende algo, ayuda a direccionar la experiencia, definir los ejercicios y encontrar el conocimiento o experiencia en la dirección requerida. Es decir, si quieres dibujar figura humana, hay una serie de observaciones físicas y anatómicas que hay que cubrir. Si lo que se desea es dibujar para generar esquemas de flujo, desarrollar ideas o medir procesos, el lenguaje y los formatos pueden ser otros. Las mezclas de estos mundos e intereses son lo que hacen a cada creador particular.

Una vez sabiendo porque se quiere aprender a dibujar, se pueden empezar a definir acciones para ir mejorando nuestra capacidad. Como primer punto, comenzaría con un consejo básico: Tener una libreta del mejor papel al que podamos tener acceso, y una herramienta con la cual nos guste dibujar. Tan sencillo como esto. Todo proceso de aprendizaje se hace más entrañable (y por lo tanto repetitivo) si se comienza con las mejores herramientas, se toma más en serio el momento de ejercitar y se vuelve la experiencia más gratificante. Una vez enganchado en el proceso creativo se puede optar por materiales más perecederos para ejercicios más específicos. Para arrancar, una bitácora coqueta siempre ayuda, y traerla contigo todo el tiempo ayuda más.

El paso número dos es conocer nuestros ingredientes y herramientas, conocer con que vamos a dibujar (herramienta) y saber como reacciona él dónde vamos a dibujar (formato). Aquí lo que sugiero siempre es generar un muestrario de elementos gráficos básicos: puntos, líneas, planos y manchas. Esto es lo que conocemos como experimentar y sirve para ampliar nuestro abanico de recursos, imprescindible para después poder balbucear más conscientemente sobre el formato y con un mayor número de elementos.

El paso número tres, en un entendimiento muy académico y formal del dibujo, es ir calentando motores, es básico, repetitivo, y muy concreto. Lo llamo “el ejercicio de calibración de la impresora”, y es dibujar líneas horizontales, verticales, diagonales, círculos y demás figuras geométricas sobre la misma hoja de papel. Esto solo se hace al principio y para medir que tanto control se tiene con la mano. Ayuda a definir los retos o a desempatarse de formulas preestablecidas, pero de una manera consciente, no por incapacidad heredada o falta de ejercicio. El mejor punto de partida en la profesionalización de nuestra creación es conocer nuestras capacidades e incapacidades, y ver que se quiere pulir o que se quiere trabajar o aprovechar de estas.

Estos ejercicios son igual de monótonos que la digitación de la mano cuando se quiere aprender a tocar la guitarra. Repetir escalas no es crear en sí, pero te permite tener el músculo para poder inventar cosas de una manera más contundente posteriormente. Sin eso, el estilo es una suma de limitantes y aciertos repetidos, así las decisiones parten de la incapacidad, no de objetivos o metas concretas.

Posteriormente, y para desglosar la magia del acto de dibujar, sería bueno manosear algunas ideas básicas, por ejemplo, dibujar se divide en tres momentos:

1. Adquirir información (ojos). 

Generalmente es a través del acto de observar, pero también puede ser por otros sentidos, como el tacto, el oído o el gusto. Hay que conscientizar esto porque significa que el contexto donde se crea influye sobre lo que se genera, y nuestra mirada o atención es lo que va a nutrir dicha creación. Aquí lo que se ejercita generalmente es la observación: ¿qué se ve, cómo se ve, qué se percibe, y porqué? El para qué, que ya implica una interpretación, lo pondría en el segundo punto.

Cuando se dibuja abstracto, es como cuando se improvisa, sabemos que lo que hacemos no es generación espontánea, sino que parte de algún referente capturado por alguno de nuestros sentidos, pero nos gusta la composición formal, y el juego de los elementos. Esto de todos modos implica un momento concreto de adquirir la información que estamos generando y genera una especie de circuito cerrado mental,  actividad que definitivamente va de la mano con el siguiente punto.

2. Traducir o interpretar dicha información (mente).

Esto es un acto personal, mental, de conexiones y aberraciones, de obsesiones y gustos, aquí es donde vale la pena definir si nos mueven las tripas o los sesos, o ambos y en que porcentajes. Si dibujamos para cumplir una función, para inventar mundos, para entender el propio, etc. Por ejemplo en mi caso, dibujo para poder entender en un solo golpe de vista cosas y situaciones que rebasan mi memoria a corto plazo, por eso dibujo esquemas, sentimientos, opciones, rutas y motivos. Dibujar me ayuda a tomar decisiones de vida.

3. Construir gráficamente (mano).

Aquí se desarrolla la capacidad psicomotriz, y es tan sencilla y compleja como meter un balón de basketball en la canasta, mientras más se repite la acción, más se perfecciona. El consejo más sencillo y contundente es el de ejercer, si quieres aprender a dibujar: dibuja. No hay otro camino, pero si hay consejos que sistematizan dicho camino y hacen el trayecto más entretenido intelectualmente.

Entre estos tres campos hay una serie enorme de divertidos ejercicios que se pueden hacer para poder entender, afinar, cuestionar, descubrir, e inventar maneras de gráficas de creación. Y si se tiene un tema, obsesión o gusto que explorar con el dibujo, todo se vuelve una cadena de piezas, frases visuales y momentos que se van entretejiendo y dialogando entre si. Esto genera un cuerpo que permite a los demás poder curiosear a sus anchas, más a gusto e inventando relaciones, lecturas y justificaciones. Ese diálogo entre pieza y espectador, ese momento donde sociabilizas la creación, es el que le da sentido al acto creativo.

Picasso decía que Lo único que puede frenar la creatividad es el buen gusto”. Yo en medio de una eterna primavera, y con una sola mano, digo que lo único que nos empuja en la creatividad es la curiosidad y el gusto por degustar nuevas experiencias.

Amén.


Martes de tintos y tintas

septiembre 4, 2012

“EspejulAcciones” es un libro de artista hecho a dos manos, escrito y dibujado durante un par de años por Felipe Ehrenberg y su seguro servidor, la idea original era publicarlo con la Libreria del MUAC con un pequeño pero coqueto tiraje. Las editoras serían las queridas Sol Henaro (curadora de la colección del MUAC) y Paola Sman (la que lleva la librería), y la diseñadora responsable de darle la forma final a nuestra maqueta era Selva Hernández.

Posterior a una de las juntas en Acapulco Ediciones, se nos ocurrió a Paola y a mi ir a darnos unos mezcales a La Clandestina, para hablar de números: costos y tiraje, repartición de beneficios y responsabilidades. Ella traía unos papelitos cuadrados que puso sobre la mesa, y supongo que retomando el espíritu colaborativo del libro que estábamos por imprimir, nos pusimos a hacer unos dibujos parcelisados: yo mitad derecha y tu mitad izquierda. Tomábamos un mismo motivo y lo dibujábamos a la mitad, pero obviamente no coincidía porque no tenían el mismo punto de vista. Hicimos varios y nos divertimos un par de mezcales. Dibujar es 50% observar, 50% trazar y 100% reflexionar mediante el diálogo que establecen estas dos actividades, si a esto le sumas una ecuación gráfica en paralelo con la cual puedes interactuar, la construcción es más amena e interesante.

Así que al pasarla tan bien, decidimos que sería una buena idea juntarnos con más amigos un día a la semana a conbeber y convivir mientras dibujábamos. Así nacieron los martes de tintos y tintas, un par de amigos compartiendo plumas, pinceles, hojas, anécdotas, brindis y ese tipo de conversación de café que nuestra apresurada generación canalizó a las redes sociales y el whatsapp. Creo que por eso el historiador gastronómico Edmundo Escamilla subraya constantemente el valor de la sobremesa en el proyecto “Los sabores de la historia”, que realiza junto con el jefe de cocina Yuri de Gortari, dice que las infinitas sobremesas ayudan a combatir el espejismo del capitalismo y hasta el consumo de narcóticos, y sirven para transmitir la historia y la cultura viva. A lo mejor por eso nos gusta ese sano paréntesis, sirve para el desahogo, el cotilleo y hasta de nido para futuras colaboraciones…o no.

Ahora van cada semana un aproximado de quince o veinte personas, y hemos ejercido todo tipo de dinámicas, desde proponer un mismo tema, hasta intercambiar las hojas cada diez minutos, hemos hecho cadáveres exquisitos o ejercitar creaciones personales. Por ahí han pasado grandes artistas que respeto y admiro: desde Carla Rippey, a quien como dibujante admiro desde la prepa; Betsabe Romero, que en su última expo del Piso 51 me dijo que una de sus piezas de dibujo había nacido en un martes de tintos y tintas; el mismo Felipe Ehrenberg, Hector Falcón, Alejandro Pintado, periodistas como Edgar Hernández e Inbal Miller, curadores como Tania Ragasol o Kerstin Erdmann, varios publicistas y por si fuera poco se han sumado varias gentes de letras, la poeta Soledad Labaca, la académica Mónica Quijano, el guionista Hector Avélica y hasta la química Jimena Zugazogaitia que a la par del animador 3D Daniel Cosio pusieron el collage de moda sobre la mesa. ¡Bueno, hasta rockeros de formación plástica como León Larregui nos han acompañado!

Y lo hacemos en Lilit por la sencilla razón de que ahí se ofrece el 50% de descuento a toda persona que dibuje el martes por la noche. Personalmente también me gusta mucho su música y sus viandas. Llevamos medio año haciendolos, y no nada más la hemos pasado bomba, si no que ahora ya podemos integrar mejor las complicidades en papel, es como tocar un instrumento en una banda o como el sexo, vas encontrando, sin pedirlo, una manera de acomodarte con el otro.

Dicen que el hábito no hacer al monje, yo digo que independientemente de tu preferencia religiosa o de vestimenta, hay que tener sanos hábitos, como el de ver amigos y cómplices de manera regular, y entre trazos y tragos, inventar y construir cosas, a nosotros nos gusta el verbo dibujar, somos una serie de puntos que nos unen muchas líneas, una de ellas la amistad.

Amén


40

agosto 25, 2012

Adorada familia, queridos todos:

Mi apa me pidió que diera unas palabras para este especial festejo. “Hazlo como escribes en tu blog”, me dijo, así que en ese tono relajado y reflexivo empiezo.

Todos los presentes saben que de mis hermanos soy el único soltero, sin hijos, con tres arrejuntamientos fallidos y un parche de paternidad de cuatro patas llamado “Chamaco”. Por lo tanto la petición de mi progenitor me sonó jocosa, irónica y absurda, pero en una segunda instancia, un intento desesperado por parte de mi padre para ponerme a reflexionar sobre el tema, una última chance de salir “aunque sea en rifa” como bien diría él.

Por dicha razón, y pese a que soy fanático del tema del amor y la pareja, no pienso hablar en abstracto sobre lo que no poseo, y mejor pienso enfocarme en lo que si tengo, unos padres que siguen juntos, queriéndose, con una historia de cincuenta años de haberse conocido y con cuatro décadas de haber asumido un compromiso ante su clan y su Dios. Cuarenta años de casados suenan bien, pero si los desglosamos saben aun mejor, son: 14 600 días, 350 400 horas, 21 024 000 minutos o 1 261 440 000 segundos de compartir felicidades y penas, retos y logros, fracasos y sonrisas, amigos y familiares, gloriosos domingos y hasta lunes de subida. Todos esos números se podrían destilar en unos más básicos: 1 sano amor + 3 hijos (que yo sepa) + 3 nietos, mucha familia, chingos de amigos y 3 chihuahueños.

Ante las estadísticas de divorcio, la costumbre de lo desechable, el tsunami de excitabilidad que nos merma por los medios, las crisis de las instituciones, y la comodidad cuasi genética del zapping o el cosquilleo generacional del shuffle, se que muchos de mis congéneres y yo nos preguntamos: ¿donde esta el secreto?, ¿cual es la fórmula para no claudicar entre los que tuvieron la fortuna de encontrar a un cómplice que quiera apostar el todo por el todo?, ¿será genético o cultural?, ¿estará vinculado al optimismo sateluco del origen de su matrimonio?, ¿será su fe en Dios?, o simplemente el amor, respeto y cariño con que se cuidan el uno al otro, día con día.

Para tratar de entenderlo hice un ejercicio de retrovisor, trace el árbol genealógico de ambas familias para ver si podía ver un patrón que se repitiera. De entrada me sorprendió ver la cantidad de personas que se tuvieron que conocer para que mis padres existieran, y no me puedo imaginar las múltiples cosas que tuvieron que pasar para que coincidieran en un espacio-tiempo, y con un accesible estado del humor. Recordé la famosa poesía de Eugenio Montejo que Guillermo Arriaga citó en su película de “21 gramos”:

“La tierra giró para acercarnos, 

giró sobre sí misma y en nosotros,

hasta juntarnos por fin en este sueño,

como fue escrito en el Simposio.

Pasaron noches, nieves y solsticios;

pasó el tiempo en minutos y milenios.

Una carreta que iba para Nínive llegó a Nebraska.

Un gallo cantó lejos del mundo,

en la previda a menos mil de nuestros padres.

La tierra giró musicalmente llevándonos a bordo;

no cesó de girar un solo instante,

como si tanto amor, tanto milagro

sólo fuera un adagio hace mucho ya escrito

entre las partituras del Simposio.”

Pero mis padres no namas se conocieron, si no que en cierto momento se tomaron de la mano y tiraron pa’lante, y no se han soltado pese a desencuentros, enojos, berrinches, caprichos, ronquidos, fobias, parientes, carencias, accidentes y rachas de buena fortuna. Por alguna bonita razón, siguen decidiendo día con día que son el uno para el otro, y que se han de lamer las heridas en la misma cueva y acompañados de preferencia por sus cachorros.

Sí, somos una familia muegano, de esas que disfrutan las buenas y las malas, y que pese a que alguno salimos patas de perros, el eje sanguíneo nos reúne lo más pronto posible para compartir un asado o una peli de Pedro Infante en piyama los domingos. Esto no es gratuito, es una chamba de tiempo completo, fruto del cariño instaurado por Jesus y Eugenia, para con sus hijos, nietos, sobrinos, primos y tíos, vecinos y amigos que para los Llanos Jiménez  sabemos son una familia adoptiva.

Me consta que mis padres no son perfectos, nadie lo es, pero si son re-cariñosos, simpáticos y buena onda. Mis hermanos y yo hemos visto que cada vez refunfuñan más, como toda buena pareja dorada, pero al poco tiempo se vuelven a tender la mano y a decir “cielo” el uno al otro. Supieron pasar del yo, al tú, de tengamos un “el” o “ella” para formar un “nosotros”, de compartir espacios y soportar manías. Recientes teorías científicas dicen que así empezó la vida en la tierra, un astro que chocó con un planeta portó bacterias a la tierra. Supongo que para que haya vida tiene que haber diferencias y choques, pero también un ambiente propenso que la mantenga y promueva.

En fin, creo que el retrovisor llegó muy lejos, pero es que al hablar del amor me sabe todo a Big Bang, voy a dejar de tratar de descifrar el secreto de mis padres, gracias a Dios ellos están aquí con nosotros y no lo pueden compartir en vida sin tanta especulación. Quiero felicitarlos en sus bodas rubí, agradecerles infinitamente por los hermanos tan chingones que me dieron, por la estabilidad emocional que me da saberlos juntos, y sobre todo porque su ejemplo me sigue invitando a creer en el amor.

¡Que vivan los novios!

Amén.


El eterno motivo

julio 19, 2012

Dibujé durante dos meses los 420 cuadros del storyboard de Amores Perros, esa acción kamikaze, cuya finalidad mundana era poder primordialmente pagar la renta y posteriormente entender algo del proceso creativo cinematográfico, me hizo acreedor a una tendinitis en el codo derecho, razón por la cual terminé el trabajo dibujando con la mano izquierda.

Al poco tiempo y después de haber tomado un respiro de esa experiencia, se me ocurrió que seria buena idea saber cual podría ser el récord Guinness de la mayor cantidad de horas dibujando sin parar. Para dicho experimento decidí que la mejor idea era dibujar a una mujer, a una que considerara extremadamente bella. Así que le marqué por teléfono al bombón más espectacular que tenía en mi agenda, una amiga de muchos años que contaba con todos los atributos donados por la madre naturaleza y el padre genética.

Le propuse un domingo inusual: que me dejara dibujarla todo el día hasta no poder trazar más, ella, que aparte de ser hermosa era regüena onda, dijo que sí. Así que llegó el séptimo día, y se apareció a las 8 de la mañana dispuesta a cumplir simultáneamente la función de conejillo de indias y musa. Había comprado la libreta más grande que tenía en existencia la tienda, junté todas mis herramientas: pinceles, carboncillos, plumillas, lápices y tintas, y me programé para disfrutar toda el día entre el goce estético y el desarrollo profesional. Quería saborear desde la ociosa complicidad por conocer un límite absurdo, disfrutar la manualidad y la terapia ocupacional de dicha ocurrencia, vivir el asombro retiniano por su anatomía y ejercitar el ameno juego de trazar puntos, líneas y planos sobre el papel.

Algo que disfruto de sobremanera de la acción de dibujar, es que se puede combinar con otras acciones placenteras: comer, beber, escuchar música y platicar. Por eso disfruto tanto ir a Lilit a los “Martes de tintos y tintas”. Algunas congéneres míos se juntan a jugar fútbol en el Ajusco, yo me junto con otros seres de mi misma especie a disfrutar de los trazos y los tragos. Deporte y arte, maravillosos pretextos culturales para convivir y conocer al otro. Y de alguna manera esta idea juntaba un poco de ambos, la acción buscaba un extremo físico que se viera reflejado en un proceso gráfico.

La jornada fue antológica, dibujé todo lo que pude ver: ombligos, uñas, pelo, ojos, cejas, labios, dientes. Arrugas, pliegos, manchas, lunares y texturas. Respiros, suspiros, ideas, miedos, afinidades, asombros y tensiones. Futuros recuerdos que quería se quedaran en ese papel de la mejor manera. Es impresionante como otra persona puede convertirse en un motivo formal infinito a explorar, y lo glorioso de esta relación artista-modelo era el diálogo que mantuvimos durante horas, no se limitó a una observación clínica, si no en un pretexto para conocernos más.

El día se nos fue, la tarde pasó y la noche llegó no’ más a interrumpir. La dibujé por más de trece horas y al final se tuvo que ir porque al parecer la tendinitis no iba a llegar jamás y ella tenía una vida que seguir. Desde ese experimento fallido trato de medir la atracción o fascinación por otra persona en el número de horas que podría dibujarla. Para esta generación tan dispersa que nos toco vivir, el poder enfocar la atención durante un periodo de tiempo, sin mirar de reojo al teléfono inteligente, es un lujo que sabe cada vez más a placer. Pablo Picasso decía que “para dibujar hay que cerrar los ojos y cantar”, yo digo, más que cerrarlos, el secreto en este tipo de situaciones esta en poder mirar al otro de frente y dibujar a duo un canto sin final.

Amén.


La línea de la vida

julio 6, 2012

Hace muchos años, cuando mi hermano Rodrigo y yo estábamos entrando a la adolescencia, para ser más exactos íbamos a la mitad de la secundaria, nuestro padre nos explicó lo que es “La línea de la vida”. Llegando del trabajo se quitó su saco y se encerró en nuestro cuarto para darnos una inolvidable lección, de esas que se dan de padre a hijo y en contadas ocasiones. Si mal no recuerdo había decidido tener esa formal charla con nosotros por alguna situación escolar adversa, algún reporte por conducta o calificaciones, o algo que lo hizo preocuparse por sus “chavos”, como él ochentósamente nos dice hasta la fecha.

En lugar de enojarse y regañarnos, se sentó en la cama, saco una hoja de papel y una pluma y se puso a dibujar una línea, y con muchísimo amor nos explicó que todos tenemos un principio y un fin, y que la línea comienza en ascendente, y que en algún punto se estabiliza y madura, para después comenzar a declinar hasta que desaparece. Que a esta vida se viene a hacer cosas de bien y de preferencia para compartir con los demás. Recuerdo que usó el ejemplo de un ejercito, dijo que él de momento estaba al mando de las fuerzas, y que nosotros éramos algo así como soldados rasos, pero que en algún momento ya no estaría y nos tocaría a nosotros tirar pa’lante, por nosotros y por nuestra familia. En la parte de la linea intermedia-avanzada se ubicó él y a nosotros nos dibujó en la parte del principio, de subida todavía. Dijo que aun estábamos jóvenes, pero que creceríamos y en algún punto teníamos que dejarnos de pendejadas y ser más responsables con nuestras metas y compromisos. Dijo también que la vida la teníamos prestada y que teníamos que hacer algo bueno con ella, que no había que desperdiciarla. Mi hermano y yo terminamos en llanto, el impacto de sabernos mortales nos ayudó a dimensionar un poco mejor donde estábamos parados y quizá hacia donde sería bueno empezar a avanzar. Nos abrazamos, lo besamos y probablemente nos fuimos a cenar.

Eso fue hace muchos años, y la línea de la vida gracias a Dios se sigue dibujando en nuestro camino. Ninguno de mis abuelas ya nos acompaña, pero ahora ya hay nuevos miembros atrás de nosotros, cubriéndonos la retaguardia. Cada quien va tejido su línea como quiere y puede con la de los demás miembros de la manada. Hemos compartido muchas cosas como familia, afrontando retos y disfrutado bendiciones, hemos crecido y madurado, y hemos sabido dibujar, desde mi modesto y optimista punto de vista, una grande y bonita línea. Hoy fue el cumpleaños de mi apa, festejó 69 vueltas al sol, me encanta saber que todavía es feliz trabajando por el bien del país, es un campeón de un gran corazón, y es un honor que siga encabezando las fuerzas especiales de este clan.

Mi padre siempre ha dicho que “En la vida hay que saber hacer amigos”, yo digo que desde que nací tuve al mejor de ellos a mi lado, espero que este placerón nos dure muchas, muchas, pero muchas más vueltas al sol.

Amén.