Final feliz

diciembre 10, 2012

finals

Este proyecto nació sin ninguna finalidad, por mera recomendación de mi amigo Pacho Paredes me puse a escribir y a publicar en un blog, lo único que tenía claro era que quería mantener una estructura que constara de cuatro elementos: primero, abrir con una fotografía tomada con mi teléfono celular, una iPhonografía, segundo, narrar una anécdota personal, historia local o un breve ensayo sobre algún tema en específico; tercero, incluir citas célebres, ya sean de autores clásicos o de amigos chingones cercanos. Y cuarto, cerrar con una declaración personal, en tono de decreto, que subraye lo mejor de cada experiencia: encontrar y compartir esa parte positiva que hay en el aprendizaje de lo vivido.

Con el tiempo pensé que lo que estaba haciendo podía ser considerado la autobiografía-temprana de un artista visual que sobrevive en la Ciudad de México, una de las más pobladas del planeta. Que compartiera las preocupaciones de un cada vez menos joven profesional del mundo del arte, conocer sus confesiones personales para entender de dónde nacen ciertos intereses y obsesiones, consejos prácticos sobre la diversificación creativa y la cocina, o hasta reseñas a sus viajes por latitudes como Venecia, Los Ángeles, Fresnillo, Morelia, Ginebra, Sao Paulo, Buenos Aires, Santiago, Medellín, etc. Así que decidí ponerle un límite para cerrar dicho ejercicio, y decidí que quería escribir 365 posteos (capítulos), uno para cada día de un año. Desde que comencé han pasado casi cinco años y por fin hemos llegado al final. Este texto es el número 365, el último, con el que corono la experiencia, el que revisa el camino andando y con el que me despido.

Este blog ha sembrado más de 117, 000 palabras, que terminaron empaquetadas en más de 300 cuartillas, y generaron más de 120, 000 visitas en cuatro años con nueve meses, y consiguieron una cosecha de más de 700 comentarios. Pero más que números, me gustaría hablar de las letras y el uso que aprendí a tener de ellas con el ejercicio cotidiano de escribir. Gracias a este ejercicio bloguero, sin duda creo que me sé expresar mejor con la palabra. Agradezco infinitamente a todos los lectores, curiosos y navegantes que pasaron a degustar nuestras historias, consejos y terapias.

El futuro de este proyecto esta ya definido, terminarán de manera impresa en un breve pero coqueto tiraje con una selección de las 100 mejores rinostagias, y haremos un e-book para navegar en tabletas con los 365 capítulos. Esta modalidad nace de la mano de la amiga y cómplice Jocelyn Pantoja y su Proyecto Literal. El diseño estará a cargo de los diseñadores editoriales Davey Whitcraft y Ana Llorente, amigos del norte a quien agradezco públicamente el tiempo de espera para poder darle forma al futuro libro. Los invitados a presentar el libro en el prólogo y la introducción son nada más y nada menos que Tamara de Anda, la bloguera más chipocluda de este país, querida amiga y cómplice, y el talentoso Pancho Hinojosa, a quien le hago público mi agradecimiento por el honor de que sus letras y su humor abran las puertas de este impreso.

Comencé con un gran amigo esta experiencia y pienso terminar de la mano de otro. Jordi Soler dice que: “En esa zona de la vida donde aparentemente no hay nada, el talentoso Fernando Llanos, dotado de un singular ojo clínico, descubre el destello artístico”. Yo digo de entrada que me siento muy honrado del comentario que esgrime el amigo Soler sobre este proyecto, y la verdad, ahora que lo pienso, creo que más que una autobiografía esto es un libro de auto-ayuda para no perder la memoria, espero a algunos los comentarios, historias y reflexiones les sirvan a otros curiosos, o por lo menos les entretenga. Me siento muy feliz de haber compartido todas estas palabras, estoy seguro que cuando se añejen sabrán todavía mejor.

Amén.

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Tradiciones, hábitos, rituales, obsesiones y manías

noviembre 1, 2012

Acciones. Algunas las repetimos de manera mecánica y otras las hacemos más conscientes, unas se aprenden al hacer y otras suceden cíclicamente, algunas son significativas o trascendentes y otras son automáticas e instintivas, algunas se disfrutan y otras incomodan o aburren. Positivas o negativas, a según el contexto y el criterio, las prefiero congruentes y constructivas. Saber operar cada una en el modo correcto es quizá un punto de partida para una madures que se encamine hacia la felicidad y cierta paz. A continuación una lista de acciones que me gusta repetir cotidianamente y/o cíclicamente:

– Cuando compro algo, lo que sea, trato de apoyar a la industria nacional, por eso tardo horas en el super, en lo que revisas de donde viene y con que esta hecho. Es lo que Chava Flores llamaba “las razones de buena vecindad”: acciones locales de apoyo a los vecinos en pro del bien comunitario.

– Los jugos de frutas que consumo en la mañana los sazono con reiki, así como los correos-e importantes, al apretar el botón de envío digo: Vaya con Dios. Es tan abstracta la internet como mi noción de Dios.

– Todos los días felicito a los conozco que cumplen años, tengo la convicción de que es una bendición cumplir años y que las fanfarrias saben más mientras más las escuchas.

– A veces tengo que encimar el dedo chiquito del pie sobre su dedo más cercano para poder dormir, esto lo hago desde niño, por lo cual lo puedo ya hacer en automático.

– Por formación e influencia familiar me persino en la carretera y cuando va a despegar un avión, por supuesto aplaudo al aterrizar. Dentro de esta señal de la cruz, me encanta cuando me dan la bendición mi ama, o mi sobrina Manuela. Y al igual que las marchantas, cuando me pagan me persino con los billetes.

– Soy freelancero desde hace muchos años, trabajo sin un sueldo fijo y para quien me contrate. Así que cada que cobró algo invito a comer o a cenar a mis seres queridos. Hay que compartir la caza con la raza.

– Por educación y profesionalismo contesto todos los correos que me mandan: si, gracias; no, gracias. Básico.

– Para aprovechar el tiempo, optimizo tiempo y espacio, duermo a cuatro pasos de mi oficina y corro literalmente entre actividades o hago dos cosas simultáneamente, como usar la elíptica y leer libros.

– Jamás pongo la lana por encima de una amistad. La lana va y viene, los amigos más vale que se queden.

– No uso popotes, y trato de usar la menor cantidad de servilletas. Me da pánico pensar todo lo que se necesitó para que eso exista y la poca vida funcional que va a tener antes de convertirse en basura.

– No fumo, soporto respirar la ciudad de México, creo que de todos los vicios es el que más se ha desgraciado, la gente fuma basura, ni tabaco real ni otras plantas milenarias, fuman por status, por ocio y por no se qué.

– Si hay algo que me parece desagradable, trato de entenderlo, de verlo sin prejuicios, si me sigue incomodando trato de evitarlo.

– Me encanta conectar gente, veo necesidades mutuas y personajes afines y vinculo. Es una detallito que creo hace a todos profesionalmente más felices y al país progresar.

– Trato de evitar lo más que se pueda los pochismos, me gusta el spanglish de la gente que vive en la frontera, me parece triste como el del resto del país usa el ingles para sentirse a la moda o globales.

– Cuando viajo, ya sea antes o después, me gusta ir a los tacos del Borrego Viudo, me despiden o me dan una bienvenida de antología.

Recientemente tomé un taller de Ayurveda con mi amiga Alejandra Echeverría, para como la entiendo esta consiste en desintoxicarte mejorando tus hábitos de higiene y ajustando tus hábitos alimenticios, me he sentido sorprendente maravilloso en estos días. “Y como es arriba, es abajo” estoy seguro que en mi vida diaria puedo mejorar muchos si cambio otros hábitos en mi proceder. Mi apa esta escribiendo sus memorias, en ellas dice que mi abuelo Juventino Llanos le decía diariamente: “¿Que hiciste hoy para tener nuevos amigos, que hiciste hoy para ser menos malo que ayer?”. Yo digo que pese a que no conocí a mi abuelo, he de seguir sus consejos, con el pequeño ajuste en el peso de la culpa. Diariamente me he de preguntar “¿Que he hecho hoy para ser más bueno que ayer? Hoy por la noche mientras ponga el altar de muertos con mis vecinos en la Romita, me habré de responder.

Amén.


Martes de tintos y tintas

septiembre 4, 2012

“EspejulAcciones” es un libro de artista hecho a dos manos, escrito y dibujado durante un par de años por Felipe Ehrenberg y su seguro servidor, la idea original era publicarlo con la Libreria del MUAC con un pequeño pero coqueto tiraje. Las editoras serían las queridas Sol Henaro (curadora de la colección del MUAC) y Paola Sman (la que lleva la librería), y la diseñadora responsable de darle la forma final a nuestra maqueta era Selva Hernández.

Posterior a una de las juntas en Acapulco Ediciones, se nos ocurrió a Paola y a mi ir a darnos unos mezcales a La Clandestina, para hablar de números: costos y tiraje, repartición de beneficios y responsabilidades. Ella traía unos papelitos cuadrados que puso sobre la mesa, y supongo que retomando el espíritu colaborativo del libro que estábamos por imprimir, nos pusimos a hacer unos dibujos parcelisados: yo mitad derecha y tu mitad izquierda. Tomábamos un mismo motivo y lo dibujábamos a la mitad, pero obviamente no coincidía porque no tenían el mismo punto de vista. Hicimos varios y nos divertimos un par de mezcales. Dibujar es 50% observar, 50% trazar y 100% reflexionar mediante el diálogo que establecen estas dos actividades, si a esto le sumas una ecuación gráfica en paralelo con la cual puedes interactuar, la construcción es más amena e interesante.

Así que al pasarla tan bien, decidimos que sería una buena idea juntarnos con más amigos un día a la semana a conbeber y convivir mientras dibujábamos. Así nacieron los martes de tintos y tintas, un par de amigos compartiendo plumas, pinceles, hojas, anécdotas, brindis y ese tipo de conversación de café que nuestra apresurada generación canalizó a las redes sociales y el whatsapp. Creo que por eso el historiador gastronómico Edmundo Escamilla subraya constantemente el valor de la sobremesa en el proyecto “Los sabores de la historia”, que realiza junto con el jefe de cocina Yuri de Gortari, dice que las infinitas sobremesas ayudan a combatir el espejismo del capitalismo y hasta el consumo de narcóticos, y sirven para transmitir la historia y la cultura viva. A lo mejor por eso nos gusta ese sano paréntesis, sirve para el desahogo, el cotilleo y hasta de nido para futuras colaboraciones…o no.

Ahora van cada semana un aproximado de quince o veinte personas, y hemos ejercido todo tipo de dinámicas, desde proponer un mismo tema, hasta intercambiar las hojas cada diez minutos, hemos hecho cadáveres exquisitos o ejercitar creaciones personales. Por ahí han pasado grandes artistas que respeto y admiro: desde Carla Rippey, a quien como dibujante admiro desde la prepa; Betsabe Romero, que en su última expo del Piso 51 me dijo que una de sus piezas de dibujo había nacido en un martes de tintos y tintas; el mismo Felipe Ehrenberg, Hector Falcón, Alejandro Pintado, periodistas como Edgar Hernández e Inbal Miller, curadores como Tania Ragasol o Kerstin Erdmann, varios publicistas y por si fuera poco se han sumado varias gentes de letras, la poeta Soledad Labaca, la académica Mónica Quijano, el guionista Hector Avélica y hasta la química Jimena Zugazogaitia que a la par del animador 3D Daniel Cosio pusieron el collage de moda sobre la mesa. ¡Bueno, hasta rockeros de formación plástica como León Larregui nos han acompañado!

Y lo hacemos en Lilit por la sencilla razón de que ahí se ofrece el 50% de descuento a toda persona que dibuje el martes por la noche. Personalmente también me gusta mucho su música y sus viandas. Llevamos medio año haciendolos, y no nada más la hemos pasado bomba, si no que ahora ya podemos integrar mejor las complicidades en papel, es como tocar un instrumento en una banda o como el sexo, vas encontrando, sin pedirlo, una manera de acomodarte con el otro.

Dicen que el hábito no hacer al monje, yo digo que independientemente de tu preferencia religiosa o de vestimenta, hay que tener sanos hábitos, como el de ver amigos y cómplices de manera regular, y entre trazos y tragos, inventar y construir cosas, a nosotros nos gusta el verbo dibujar, somos una serie de puntos que nos unen muchas líneas, una de ellas la amistad.

Amén


40

agosto 25, 2012

Adorada familia, queridos todos:

Mi apa me pidió que diera unas palabras para este especial festejo. “Hazlo como escribes en tu blog”, me dijo, así que en ese tono relajado y reflexivo empiezo.

Todos los presentes saben que de mis hermanos soy el único soltero, sin hijos, con tres arrejuntamientos fallidos y un parche de paternidad de cuatro patas llamado “Chamaco”. Por lo tanto la petición de mi progenitor me sonó jocosa, irónica y absurda, pero en una segunda instancia, un intento desesperado por parte de mi padre para ponerme a reflexionar sobre el tema, una última chance de salir “aunque sea en rifa” como bien diría él.

Por dicha razón, y pese a que soy fanático del tema del amor y la pareja, no pienso hablar en abstracto sobre lo que no poseo, y mejor pienso enfocarme en lo que si tengo, unos padres que siguen juntos, queriéndose, con una historia de cincuenta años de haberse conocido y con cuatro décadas de haber asumido un compromiso ante su clan y su Dios. Cuarenta años de casados suenan bien, pero si los desglosamos saben aun mejor, son: 14 600 días, 350 400 horas, 21 024 000 minutos o 1 261 440 000 segundos de compartir felicidades y penas, retos y logros, fracasos y sonrisas, amigos y familiares, gloriosos domingos y hasta lunes de subida. Todos esos números se podrían destilar en unos más básicos: 1 sano amor + 3 hijos (que yo sepa) + 3 nietos, mucha familia, chingos de amigos y 3 chihuahueños.

Ante las estadísticas de divorcio, la costumbre de lo desechable, el tsunami de excitabilidad que nos merma por los medios, las crisis de las instituciones, y la comodidad cuasi genética del zapping o el cosquilleo generacional del shuffle, se que muchos de mis congéneres y yo nos preguntamos: ¿donde esta el secreto?, ¿cual es la fórmula para no claudicar entre los que tuvieron la fortuna de encontrar a un cómplice que quiera apostar el todo por el todo?, ¿será genético o cultural?, ¿estará vinculado al optimismo sateluco del origen de su matrimonio?, ¿será su fe en Dios?, o simplemente el amor, respeto y cariño con que se cuidan el uno al otro, día con día.

Para tratar de entenderlo hice un ejercicio de retrovisor, trace el árbol genealógico de ambas familias para ver si podía ver un patrón que se repitiera. De entrada me sorprendió ver la cantidad de personas que se tuvieron que conocer para que mis padres existieran, y no me puedo imaginar las múltiples cosas que tuvieron que pasar para que coincidieran en un espacio-tiempo, y con un accesible estado del humor. Recordé la famosa poesía de Eugenio Montejo que Guillermo Arriaga citó en su película de “21 gramos”:

“La tierra giró para acercarnos, 

giró sobre sí misma y en nosotros,

hasta juntarnos por fin en este sueño,

como fue escrito en el Simposio.

Pasaron noches, nieves y solsticios;

pasó el tiempo en minutos y milenios.

Una carreta que iba para Nínive llegó a Nebraska.

Un gallo cantó lejos del mundo,

en la previda a menos mil de nuestros padres.

La tierra giró musicalmente llevándonos a bordo;

no cesó de girar un solo instante,

como si tanto amor, tanto milagro

sólo fuera un adagio hace mucho ya escrito

entre las partituras del Simposio.”

Pero mis padres no namas se conocieron, si no que en cierto momento se tomaron de la mano y tiraron pa’lante, y no se han soltado pese a desencuentros, enojos, berrinches, caprichos, ronquidos, fobias, parientes, carencias, accidentes y rachas de buena fortuna. Por alguna bonita razón, siguen decidiendo día con día que son el uno para el otro, y que se han de lamer las heridas en la misma cueva y acompañados de preferencia por sus cachorros.

Sí, somos una familia muegano, de esas que disfrutan las buenas y las malas, y que pese a que alguno salimos patas de perros, el eje sanguíneo nos reúne lo más pronto posible para compartir un asado o una peli de Pedro Infante en piyama los domingos. Esto no es gratuito, es una chamba de tiempo completo, fruto del cariño instaurado por Jesus y Eugenia, para con sus hijos, nietos, sobrinos, primos y tíos, vecinos y amigos que para los Llanos Jiménez  sabemos son una familia adoptiva.

Me consta que mis padres no son perfectos, nadie lo es, pero si son re-cariñosos, simpáticos y buena onda. Mis hermanos y yo hemos visto que cada vez refunfuñan más, como toda buena pareja dorada, pero al poco tiempo se vuelven a tender la mano y a decir “cielo” el uno al otro. Supieron pasar del yo, al tú, de tengamos un “el” o “ella” para formar un “nosotros”, de compartir espacios y soportar manías. Recientes teorías científicas dicen que así empezó la vida en la tierra, un astro que chocó con un planeta portó bacterias a la tierra. Supongo que para que haya vida tiene que haber diferencias y choques, pero también un ambiente propenso que la mantenga y promueva.

En fin, creo que el retrovisor llegó muy lejos, pero es que al hablar del amor me sabe todo a Big Bang, voy a dejar de tratar de descifrar el secreto de mis padres, gracias a Dios ellos están aquí con nosotros y no lo pueden compartir en vida sin tanta especulación. Quiero felicitarlos en sus bodas rubí, agradecerles infinitamente por los hermanos tan chingones que me dieron, por la estabilidad emocional que me da saberlos juntos, y sobre todo porque su ejemplo me sigue invitando a creer en el amor.

¡Que vivan los novios!

Amén.


La cuna del Universo

agosto 17, 2012

A Tlaxcala se le llama “la cuna de la nación” por que fue el lugar donde instalaron los españoles su primer centro de operaciones, ahí organizaron alianzas con los locales y planearon el ataque a la gran Tenochtitlan. Si consideramos esos factores no sería equivocado mejor llamarla “la cuna de la invasión”, pero dejando de lado la polémica historia de nuestro origen bipolar, para el reverendo Rubén García Badillo, el estado más pequeño del país no es el origen de la nación, ni del mestizaje forzado, si no del tiempo y el espacio, el religioso afirma que Tlaxcala es el lugar donde Jesucristo creó el Universo. Ahí no más.

Dar con la casa del padre Rubén no fue difícil, las paredes de su amplia propiedad tienen murales que van desde pinturas prehispánicas, la Capilla Sixtina, hasta el descubrimiento de la partícula de Dios. Al centro de un enorme jardín su casa luce una paleta multicolor y muros pintados con motivos peculiares: la Virgen de Guadalupe, un Cristo bizarro con ojos en la barba y Tlaxcala enmarcada con el volcán de la Malinche.

Supongo que tanta imagen en su vivienda responde a que el sacerdote dice estar autorizado por la Iglesia católica para desarrollar investigaciones en el campo del arte. Pero su curiosidad va más allá, rebasa la esfera de lo artístico, va por lo transdiciplinario y se sublima con la teología y la física cuántica. Rubén afirma tener pruebas científicas que demuestran que la recién descubierta partícula de Dios fue codificada en Tlaxcala y que en ella están contenidos los nueve personajes de las profecías mayas:  Frida Kahlo, Miguel Ángel Buonarroti, Leonardo Da Vinci, el Faraón Akhenatón, la Reina Nefertiti, Albert Einstein, Juan Pablo II, Barack Obama y por supuesto el mismísimo Padre Rubén García Badillo.

Y para despejar las dudas sobre la seriedad de sus peculiares teorías ha publicado dos libros de tamaño considerable: “Frida se Confiesa” y el “Código Freida”, el primero narra las confesiones en sueños que le hizo Frida Kahlo, su examante, sobre su posesión demoniaca, y el segundo propone la teoría de que la pintora mexicana encriptó importante información en su obra gráfica. Pese a que las dos ediciones son extensas, lo que más me sorprendió fue el reporte de cuarenta y siete páginas que le mandó al Papa Benedicto, con copia al presidente de los Estados Unidos: Barack Obama. Dicho documento incluye narraciones de sus sanaciones a distancia al cáncer del senador gringo Kennedy, menciones a los ultraterrestres santos con formas de la Virgen María y Diego Fernandez de Ceballos que en forma de nube rodean su casa, la física cuántica, las eucaristías en la cuarta dimensión, el Santo Sudario con la cara en 3D revelada por el History Channel y las profecías mayas. Todo ilustrado con fotografías que son majestuosamente recontextualizadas por el sacerdote. Una joya maestra del arte de la mala interpretación, la manipulación y la apropiación, sin tapujos, ni medias tintas. Un posible ejemplo de arte conceptual “outsider”.

Y para muestra un fragmento de lo que le dice a su Santidad: “Queridísimo Santo Padre, tengo todo documentado y me preocupa: Jesucristo se transforma en mí y yo en Él…En mi casa o donde voy muchas veces se realizan signos y prodigios nunca vistos fuera del Evangelio. Mi rostro aparece en muchos lugares y cosas, en el Sol, en las nubes, en el agua, en las piedras, en los árboles, y ya comprobado, dentro de los cerebros de la gente. Todo esto Santo Padre lo tengo documentado por la ciencia; Dios me confirma varias cosas de ciencia y me lleva a otros mundos, como Usted nombra, a otras dimensiones, y algunas veces voy con Moisés, Isaac y Jacob; a Japón a detener las torres atómicas para que Japón no desapareciera en el Tsunami.”

“¿Y ya le contestó el Papa?”, le pregunté. “No, ellos tardan trescientos años en contestar” me dijo. Me quede pensando en la cantidad de archivos de esa generosa naturaleza creativa que seguramente reciben a diario en el Vaticano. Deberían de estar en su museo para consulta. Fue un honor haber conocido la cuna del universo, ese que habita en la cabeza de este peculiar cura. Dicen que “cada cabeza es un mundo”, yo digo que en el caso de este señor, el mundo se quedó corto y su big-bang se pasmó en loop.

Amen…sus historias, la libertad de clero y sobre todo la de interpretación.


Sumando talento

agosto 1, 2012

Hace más de una década trabajé en “Dancer in The Dark” de chalan jala-cables y de peón multiusos, era la segunda peli en la que chambeaba y no me importaba pagar derecho de piso. La finalidad de dicha experiencia era conocer a la mítica Bjork y a mi director favorito de aquellos mozos años: Lars Von Trier. Dicha aventura fue tan peculiar que terminé publicando la anécdota en la revista mexicana “El Huevo” y las fotos en la revista argentina “URL”. 

Después del wrap up le pregunté a Tony Grob, el productor de las fechas en los Estados Unidos, que porqué hacia producción, me parecía un trabajo aburrido de trámites y papeleo. – Es la parte más creativa del proceso cinematográfico, me dijo. “¡Ah chingao! ¿Pos qué no era dirigir?”, le dije en un ingles con sabor cholo. – Por supuesto que no, porque el productor escoge al director, al fotografo y al escritor con el que va a contar la historia. Me quedaron dos cosas claras: la primera que el cine es un negocio y que los dólares pesan en la industria; y la segunda, que él hablaba de ese otro modelo, el que no es de autor y que tiene todas las concesiones para buscar ingresos.

Recordé las “conciliaciones”, más no concesiones, que buscó con los productores Guillermo Arriaga durante “Amores Perros”. Detallitos que a la mayoría de los mortales seguro nos pasarían desapercibidos, pero que para aquél que construyó de cero ese mundo eran medulares. Pensé en eso y sonreí sintiéndome seguro en mi burbuja del videoarte, del realizador que hace las cosas a su ritmo, capacidades y voluntad, sin necesidad de ayuda externa, sin omega3, vitaminas o minerales, puro perseverancia orgánica mezclada con mundo interno sin transgénicos, catapultado por las ganas de decir algo, y aterrizado en las precarias herramientas que tenga a la mano. No en vano mi primera casa productora se llamó “FVIDEO, one man’s production”, y me ufanaba de aparecer en los créditos como un todologo.

Afortunadamente las cachetadas que da la vida con los años despabila, la inocencia y pubertad se despellejan un poco al madurar y uno aprende que el universo no solo florece en nuestro ombligo, y que para poder crecer es necesario el otro, su participación y complicidad. Una persona ensimismada solo se atrofia, con dos personas se aprende a hablar (o bailar) y ya con tres hasta un público (literalmente) puede existir. El monólogo puede ser interesante, pero un diálogo de dos es más enriquecedor, una charla entre varios es un mar de oportunidades y una manifestación masiva es el comienzo de un big bang.

Esto lo entendí después de haber hecho proyectos en colaboración con otros artistas, un festival de animación con todo un equipo de trabajo profesionalizado en cada área, y hasta un bar con otros socios. Ahora que estamos haciendo mi primera película, un fabuloso documental que revisa la historia de este país, al sumar el talento con el que la estamos construyendo, recuerdo las palabras del amigo Tony en Seattle. La creación tiene varios niveles, y no solo el que ejecuta o realiza es el responsable, menos en una pieza colectiva. En esta cacería tribal, uno tira línea pero se apoya en el potencial con el que cada uno puede hacer crecer el proyecto.

Entendiendo esto he tratado de invitar amigos que aporten, que sumen y que tengan la camisa puesta con el tema, así que para el soundtrack decidí poner a dos gallos de diferentes latitudes y generaciones a jugar en la misma cancha, por un lado a Michael Nyman, celebre músico y compositor ingles que ha trabajado en innumerables largometrajes, y por el otro al chico del momento, el punk-norteño Juan Cirerol. Ambos aceptaron a conocerse, y al conocerse, e intercambiar algunas referencias sonoras, aceptaron gustosamente a meterse en la aventura-palomazo creativo del “a ver que salé” en el estudio. Seguro nos harán vibrar a un nuevo ritmo, inédito pero familiar.

Su complicidad me recuerda la que he mantenido con Ehrenberg desde hace años, hacemos y deshacemos periódicamente algo por el simple gusto de intercambiar opiniones, entender nuestras diferencias y similitudes generacionales, y con esto al mundo que nos tocó vivir. Este rompecabezas en forma de documental es una excelente pretexto para generar nuevos vínculos, jugar nuevos juegos o por lo menos en nuevas posiciones dentro de la cancha, y así sumarnos a la milenaria cadena de complicidades de donde la cultura es.

Amén.

pd. La iPhonografía es de Daniela González


El eterno motivo

julio 19, 2012

Dibujé durante dos meses los 420 cuadros del storyboard de Amores Perros, esa acción kamikaze, cuya finalidad mundana era poder primordialmente pagar la renta y posteriormente entender algo del proceso creativo cinematográfico, me hizo acreedor a una tendinitis en el codo derecho, razón por la cual terminé el trabajo dibujando con la mano izquierda.

Al poco tiempo y después de haber tomado un respiro de esa experiencia, se me ocurrió que seria buena idea saber cual podría ser el récord Guinness de la mayor cantidad de horas dibujando sin parar. Para dicho experimento decidí que la mejor idea era dibujar a una mujer, a una que considerara extremadamente bella. Así que le marqué por teléfono al bombón más espectacular que tenía en mi agenda, una amiga de muchos años que contaba con todos los atributos donados por la madre naturaleza y el padre genética.

Le propuse un domingo inusual: que me dejara dibujarla todo el día hasta no poder trazar más, ella, que aparte de ser hermosa era regüena onda, dijo que sí. Así que llegó el séptimo día, y se apareció a las 8 de la mañana dispuesta a cumplir simultáneamente la función de conejillo de indias y musa. Había comprado la libreta más grande que tenía en existencia la tienda, junté todas mis herramientas: pinceles, carboncillos, plumillas, lápices y tintas, y me programé para disfrutar toda el día entre el goce estético y el desarrollo profesional. Quería saborear desde la ociosa complicidad por conocer un límite absurdo, disfrutar la manualidad y la terapia ocupacional de dicha ocurrencia, vivir el asombro retiniano por su anatomía y ejercitar el ameno juego de trazar puntos, líneas y planos sobre el papel.

Algo que disfruto de sobremanera de la acción de dibujar, es que se puede combinar con otras acciones placenteras: comer, beber, escuchar música y platicar. Por eso disfruto tanto ir a Lilit a los “Martes de tintos y tintas”. Algunas congéneres míos se juntan a jugar fútbol en el Ajusco, yo me junto con otros seres de mi misma especie a disfrutar de los trazos y los tragos. Deporte y arte, maravillosos pretextos culturales para convivir y conocer al otro. Y de alguna manera esta idea juntaba un poco de ambos, la acción buscaba un extremo físico que se viera reflejado en un proceso gráfico.

La jornada fue antológica, dibujé todo lo que pude ver: ombligos, uñas, pelo, ojos, cejas, labios, dientes. Arrugas, pliegos, manchas, lunares y texturas. Respiros, suspiros, ideas, miedos, afinidades, asombros y tensiones. Futuros recuerdos que quería se quedaran en ese papel de la mejor manera. Es impresionante como otra persona puede convertirse en un motivo formal infinito a explorar, y lo glorioso de esta relación artista-modelo era el diálogo que mantuvimos durante horas, no se limitó a una observación clínica, si no en un pretexto para conocernos más.

El día se nos fue, la tarde pasó y la noche llegó no’ más a interrumpir. La dibujé por más de trece horas y al final se tuvo que ir porque al parecer la tendinitis no iba a llegar jamás y ella tenía una vida que seguir. Desde ese experimento fallido trato de medir la atracción o fascinación por otra persona en el número de horas que podría dibujarla. Para esta generación tan dispersa que nos toco vivir, el poder enfocar la atención durante un periodo de tiempo, sin mirar de reojo al teléfono inteligente, es un lujo que sabe cada vez más a placer. Pablo Picasso decía que “para dibujar hay que cerrar los ojos y cantar”, yo digo, más que cerrarlos, el secreto en este tipo de situaciones esta en poder mirar al otro de frente y dibujar a duo un canto sin final.

Amén.