El calendario

diciembre 17, 2011

Llevar la cuenta de los días que pasan, es un ejercicio que he hecho de diferentes maneras y en varios proyectos. Este año he contado todos los días, anexando una frase y publicándola diariamente en la tuiter y el feisbuc. El año pasado hice una cuenta regresiva de los 365 días del año desde mi perfil del messanger. He hecho vídeos diarios durante un mes y uno todos los martes durante un año. Creo que más que tener una fijación con el paso del tiempo, mi interés está en el aprovechamiento del mismo. Probablemente es por cuestiones meramente prácticas, sin mencionar elucubraciones sobre lo efímero de la vida, o mi gusto por complicarme la existencia haciendo tantas cosas en tan poco tiempo. Me impulso en eso que algunos de mis amigos cercanos llaman “ansiedad”, pero que yo entiendo más como un apetito por comerme al mundo chopeado en un caldo de cultivo de intereses varios.

Independientemente de este gusto por el ejercicio periódico cuidadosamente medido, me parece un sano hábito el usar agendas y calendarios, ayudan en el funcionamiento básico de cualquier profesión y en la proyección temporal que ayuda a encontrar cualquier meta. En mi caso las uso desde que estaba en la preparatoria, recuerdo que disfrutaba mucho las agendas de Carla Rippey por sus dibujos y acabados artesanales, cuando ella dejó de sacarlas comencé a usar las de TASCHEN, en ellas no nada más llevaba la relación cronológica de mis deberes, sino que también servían de espacio de apuntes para dibujar e intervenir las obras “sacrontemporáneas”que ahí publicaban. Otro tipo clásico de calendario, muy ameno e hilarante, era el de las tiras humorísticas de “The Far Side” de Gary Larson. De este formato me sorprendía su capacidad viral: comprabas un calendario, y con el paso del tiempo podías ver el mismo calendario expandido en libretas, refrigeradores, espejos y demás vitrinas de uso personal.

Cuando empecé a viajar con fines profesionales, dibujaba en la parte trasera de mis libretas de bocetos una agenda para organizar las actividades programadas. Este habito, más el gusto por hacer impresos, más la invitación de Nicolas Alvarado y su mujer Eunice Cortés a realizar una pieza que se pudiera regalar en la víspera navideña, me llevó a diseñar mi propio calendario para el próximo año, el mítico 2012. Para esto ordeñé todas mis libretas de dibujo, scaneamos cosas desde la prepa hasta lo más reciente, a esto le sumamos algunas iphonografías que he publicado en Instagram, y un prólogo de mi querida amiga Mariana H. El objeto quedo peculiarmente coqueto, y para aprovechar el tono apocalíptico del próximo año, decidimos hacer un calendario incompleto, terminarlo el 25 de julio, el día que los mayas llaman “el día del no tiempo”. La oportunidad colectivamente justificada de imprimir un calendario incompleto no se puede dejar pasar.

La gente hoy en día dice que los mayas dijeron que el próximo año se acaba el mundo, pero también dicen que el calendario gregoriano que usamos actualmente es inexacto, en lo que nos ponemos de acuerdo si hay que reajustar el calendario o deprimirse porque todo se va a ir al carajo, yo digo que hay que llevar bien la cuenta de los días, no vaya a ser que estos si sean los últimos que tengamos y no los háigamos aprovechado. Sea como juera, en todo lo que hagamos, siempre hay que poner toda la carne en el asador.

Amén.


Matria

diciembre 8, 2011

Después de meses de planeación, antier comenzamos a grabar mi primer largometraje, acompañado de un pequeño pero guerrerísimo crew en los que destacan los siguientes cómplices: Carlos Hidalgo y Emiliano Rocha en la foto, Raul Locatelli como sonidista, Mónica Avila y Danahe Krinis en la producción. Posteriormente, a este macizo equipo se le sumará el talento de Hector Falcón como director de arte, Esteban Azuela, Simon Gerbaud, Alejandro Loera y Luis Morales en las animaciones, la música será supervisada por Annetta Fradera y tendrá canciones hechas ex profeso de Michael Nyman, Changorama y Juan Cirerol, entre otros. El responsable de darle forma en la edición será Roberto Bolado. Me siento contento y muy seguro de estar construyendo esta historia con la colaboración de tantos brillantes amigos.

Este peculiar “documental-experimental-con burbujas de ficción” trata sobre casi cien años de historia de México, y el pretexto para hablar de ellas es mi abuelo, Antolín Jiménez Gamas, un tabasqueño que fue Teniente Coronel durante la Revolución y peleó al lado de Pancho Villa, se convirtió en masón grado 33, fue diputado dos veces por Oaxaca y presidente de la Asociación Nacional de Charros. También inventó un ejercito de hombres a caballo que se entrenó para repeler la posible invasión de los nazis a México a principios de los años 40′s. Tuvo dos esposas y ocho hijos, y murió siendo editor de leyes, en los baños de Liverpool Polanco a la edad de 85 años.

La película tiene varias intenciones: una es desmitificar la construcción de la identidad mexicana, mediante el entendimiento de la historia de varios clichés que dibujan nuestro imaginario como nación y a los cuales creo muchas veces les sobra solemnidad, la otra es hablar de manera frontal y en primera persona de tabúes sociales que arrastramos en el país a lo largo de décadas, y otra muy importante es la de retomar el amor a este pedazo de tierra en el que nos tocó vivir y que cada día se ve más ensangrentado.

Para la realización de esta videícula por primera vez estoy escribiendo un guión, todavía no se si lo vaya a usar como una estructura histórica de la cual me vaya agarrando para contar las nueve capítulos a tratar, o como una voz en off que vaya compartiendo reflexiones. Por supuesto tengo planeada la creación de dibujos, pinturas, y objetos hechos ex profeso que sean incluidos en el resultado final. Piezas que puedan funcionar tanto al momento de contar la historia, como físicamente en una exhibición: pinturas apócrifas de conflictos bélicos, recreaciones imaginarias de momentos improbables, especulaciones objetuales sobre la noción de identidad, dibujos que hablen sobre los nacionalismos paralelos entre el partido social alemán y la época de oro del cine mexicano, etc.

Estoy en la búsqueda de esas distintas y peculiares historias que me ayuden a conocer a mi abuelo, a mi familia, a mi ciudad, a mi país, a nuestra cultura y tradiciones. Voy disfrutando la alimentación intelectual del proceso de aprendizaje, descubriendo un pasado propio de dimensiones épicas, y gozando el tener la oportunidad de reinventarme profesionalmente: nada más vital que la aventura de explorar, descubrir y entender suelos desconocidos. Es un privilegio creativo que en gran medida le agradezco al Sistema Nacional de Creadores (FONCA) ya que sin su apoyo enfocarme en dicha tarea sería más complicado.

Mi abuelo decía que había que darlo “Todo por la Patria”, y  Matria es como le dicen los charros a la madre Patria. Yo digo que hoy vale la pena replantear la manera en que vemos al país, reajustar nuestros afectos y responsabilidades para con ella, y que mejor que conocer su historia para poder empezar a demostrarle nuestro gran amor.

Amén.


Puterias de bolsillo

diciembre 1, 2011

Se imprimen 2, 000 de estas publicidades diariamente. Todos los días hay quince bolanteros de nueve de la mañana a siete de la tarde pegándolos por las calles del micro centro de la capital de Argentina, dejándolos doblados entre las láminas de los teléfonos públicos o con masquín-tape en las paredes o postes. Si estas en el corazón de Buenos Aires es imposible no ver este tipo de pequeños anuncios eróticos para llevar, son aproximadamente de un octavo de hoja carta, con diversos diseños pero una receta similar: cuerpos generosos de mujeres en poca o nula ropa, frases breves, jocosas, y la información necesaria para entablar una conversación con fines mercantiles. Son eficientes, concisos y cachondos (en su acepción castiza y en la mexicana también). Y ostentan este tipo de frases, que pienso son de campeonato:

“¿Mucho frío? ¡Calentate con esta cola!”

“La foto es real…el momento inolvidable”

“Flaquitas y pulposas”

“Super completa, onda novia…¡Te cabalga como ninguna!”

“Mi colita para vos…¡Te espero!”

“Bebotas nuevitas”

“Las pelotas del mundial las tengo yo, vení a verlas”

Manuel, un uruguayo que cruzó el Río de la Plata hace cinco meses para probar suerte en Baires, gana 8 pesos por hora por hacer este trabajo. Las chicas que aparecen en las imágenes pueden ganar desde 30 pesos hasta 150 por hora, según quiera uno servicio y calidad. Cada chica tiene un promedio de 10 clientes por día, según el aguante de cada una.

Se dice que la prostitución es el trabajo más antiguo de la humanidad, algún día escuché a un chef decir que no, que preparar los alimentos seguro fue una actividad previa al acto, pero si a esas vamos, cazar o cultivar los alimentos seguramente ganaría esa partida, pero bueno, pensar en esos términos sería regresar a la idea de la generación espontánea. Prefiero pensar que probablemente todas las profesiones nacieron y evolucionaron juntas.

Lo que si es un hecho, es que hay ciertas latitudes y contextos más proclives a ciertas actividades, en el caso de Buenos Aires, por ser puerto y estar en un país de europeos nacidos en América, la hizo idónea para este tipo de actividades. “Aparece una topografía de la noche que imita a la de París mientras la inmigración trae prácticas y refinamientos cosmopolitas. Los turistas ricos, los argentinos que pasaban largas temporadas en París, los artistas y literatos que hacen viajes, llevan y traen noticias del país en expansión. En Europa se hablaba mucho de las mujeres que poblaban nuestros burdeles y del tráfico de esclavas blancas” narra Liliana Mabel en sus “Apuntes para una historia de la prostitución en Buenos Aires”.

Y no es algo que solo se lea, es algo que sí se camina se respira. La industria de las escorts, o acompañantes, es grande en esta ciudad, y me atrevería a decir que menos mal vista que en otras latitudes del continente. En mi primer viaje a Buenos Aires en 2003 lo único que me recomendó visitar un reconocido galerista chilango fue un prostíbulo que se encuentra en el barrio de Recoleta. Por supuesto, pa’no dejar y para tener otro tema de conversación con el amigo, pase una noche a curiosear. Y si, el lugar era una locación repleto de mujeres extremadamente lindas y con poca ropa. Conocía a Dany, una brasileña veinteañera güerita, de ostentosas curvas y más visibles brakets. Su historia era sencilla y funcional, era estudiante de Florianopolis que en un mes de trabajo en Baires sacaba para vivir todo el semestre y pagar sus estudios. La charla terminó cuando su insistencia por que me fuera con ella al hotel chocaba con mi insistencia por que me contara su historia frente a una cámara de video al día siguiente. Putear es una cosa, hacerlo público y vaya uste’ a saber en que foro, otra muy diferente.

Es un dato poco conocido, pero según el documental “La historia del cine porno” de Alex de Renzy, la primera película pornográfica se filmó en Buenos Aires a mediados de los 20′s. Otras versiones de la misma historia apuntan también hacia la capital de Argentina pero unas décadas antes: “El Satario” fechada en 1907 podría ser la primera película de este género. Esa industria que nació al sur de América, se comercializó y consumió en Europa, en específico en la ciudad de Paris. En Argentina se vive la sexualidad de una manera menos reprimida que en otros países que fuimos colonia.

Erotizado por esta información, y por la cantidad de despampanantes porteñas con polleras primaverales, comencé a hacer una serie de dibujitos de las mujeres que deambulan, no por las calles, sino por mi memoria. En una libreta de las mismas proporciones que las publicidades fotocopiadas, pegué mi colección de papelitos y me puse a trazar líneas que copiaban la receta original: mujeres y frases. Decidí no romper la costumbre y ejercitar la dibujoterapia, hablar de mis historias, de las medallas al mérito o al fracaso obtenidas en batallas campales de alta alcurnia o bajos instintos, esas batallas ganadas que irónicamente pesan y duelen más que las perdidas.

En mi país dicen que hablar de este tipo de sentimientos no es de hombres, es de putos. Quizá por eso conviven tan bien en esas páginas las sexo servidoras porteñas con mis cursis recuerdos. Guerreras de ambos mundos conviven tiernamente sin un prejuicio moral al interior de mi libreta. He pesando que lo justo sería fotocopiar mis dibujos y contratar al uruguayo Manuel para tapizar el micro centro de Buenos Aires con ellos.

Amén.


Una lección de vida

octubre 28, 2011

Pedalear en sentido contrario dentro del carril del metrobus es algo que ya había hecho muchísimas veces, la diferencia es que en esta ocasión iba con la mano derecha, y la visión, ocupada en mi teléfono inteligente. Me sorprende la cantidad de estupideces que uno puede hacer con estos aparatos, pero lo más idiota y suicida es mezclarlos con ruedas en movimiento. Pedaleaba por la Condesa, mirando repentinamente hacia adelante para evitar sorpresas, el problema fue seguir viendo el teléfono durante una curva, cuando levanté la mirada tenía un autobús avanzando hacia  mi a menos de siete metros. Con toda la adrenalina entrando de sopetón a mi torrente sanguíneo, sin pensarlo frené, pero como la mano que tenía controlando la bicicleta era la izquierda, y como con esa mano es con la que se activa el freno de la llanta delantera, el resultado de mi automática reacción paso de ser sorpresivo a predecible: salí disparado en dirección al autobús, que entre mi irresponsable acto y la contundente velocidad del camión, peligrosamente acortábamos la distancia que nos separaba.

Volé por encima de mi bicicleta nueva con todo y y el chihuahueño que llevaba en la maleta sobre mi espalda. Para mi fortuna y la de Chamaco, el señor chofer del autobús no iba twitteando sino poniendo atención a la calle, así que se frenó y mi lesión no llegó a ser defunción, pagué mi cuota de golpes, raspones y un hombro dislocado. Me salió barato. Chamaco y “el beso”, mi bicicleta nueva que bauticé con el nombre del caballo de mi abuelo, quedaron intactos. Como todo accidente que se construye con madrazos, adrenalina, dolor y las ganas de no quedar tendido en el pavimento, el momento trágico se vuelve difícil de desmenuzar y de entender, no recuerdo con que parte de la bici me golpee que parte del cuerpo, en esos casos todo siempre pasa demasiado rápido.

Asustado y adolorido me levanté abrazando mi brazo izquierdo, quité mi bicicleta y a mi perro de la vía del metrobus. Llegó un policía y me preguntó si me habían atropellado, “Para detener al conductor” me dijo. Le contesté que no, y dejó al transporte público seguir su camino. Ahora que lo pienso, debí de haberle agradecido al conductor el no haberme atropellado, pero la inmediatez del dolor generalmente ayuda a olvidar los protocolos. Algunos polis me llevaron a una ambulancia para ver si ahí me podían poner el brazo en su lugar. Es la sexta vez que se me disloca el hombro, ya más o menos se como funciona, si alguien te lo pone en caliente, el problema se soluciona en chinga. Si se tarda en regresar a su lugar, el músculo se empieza a enfriar y la pesadilla comienza: el nervio del brazo se empieza a comprimir, la sangre tiene dificultad para irrigar el brazo, los músculos  extendidos se lastiman, etc. Todo eso que un hueso fuera de su lugar provoca.

Después de media hora de intentos medievales por colocar mi brazo en su lugar, decidí optar por la vía larga y cara, ir al hospital. Le marqué a mi socio Falcón y junto con su esposa Ximena y el amigo Alex me llevaron a urgencias para repasar el ritual que ya conozco de memoria: dar tus datos y checar tus signos en lo que le llaman al doctor en turno, después te sacan una radiografía, quesque pa’ cerciorarse donde quedo tu hueso -pero aquí entre nos, me sabe a que no más te siguen ordeñando-, y el momento cúlmen es cuando dejas de odiar la burocracia y la ineptitud del personal, cuando la morfina entra en tus venas y te desvaneces. Despiertas, el brazo esta en su lugar y todo esta mejor que bien. El amor fluye por los pasillos del hospital y tu eres uno mismo con pacientes, enfermeras y doctores.

Hay lecciones que se aprenden así, de golpe, y en este caso asumo el costo porque creo que me salió barato. Los doctores dicen que ya debería de operarme los ligamentos, pero después te dicen que no esta garantizado que no se te vuelva a salir el brazo. Entre dimos y diretes de momento estoy inmovilizado, funcionando a un ritmo más despacio y disfrutando el tener que abrazarme todo el día para entender que debo dejar de hacer estupideces. De niño tuve muchos accidentes por atrabancado, me hacían pensar que tenía mala suerte, ahora que veo mi colección de accidentes creo que es todo lo contrario, soy una persona afortunada porque puede seguir contándolos.

El fisiólogo húngaro Albert Szent-Gyorgyi, estudioso de la química de la respiración y el descubridor de la vitamina C, decía que “Un descubrimiento se dice que es un accidente encontrado por una mente preparada”. Yo digo que estoy listo para seguir descubriendo y entendiendo cosas de preferencia saltándome la parte dolorosa de la lección.

Amén


Mister Bala

septiembre 7, 2011

Gracias a Dios, y a la chinga que se ha puesto todo el equipo que colaboró en el largometraje “Miss Bala”, la película se ha paseado ya por varios aclamados festivales, y esta haciendo bastante ruido. No solo gana buenas críticas y reseñas, sino que también se expande exponencialmente en el boca a boca, posteo a posteo, twiteo a retwiteo de las redes sociales, canales tan necesarios hoy día para ganar visitas en las salas de los cines.

Sobre esta película se ha dicho mucho: “Me encantó” dicen dijo Loret de Mola, Jesús Silva-Herzog escribió hoy en su blog: “Es uno de los mejores retratos emocionales del México de hoy” y anoche me dijo por whatsapp Emilio Valdés, joven artista visual y su actor principal en su segundo largometraje: “Es la mejor película de la década en México”. Cuando una obra que retrata una situación tan traumática como la que viven millones de familias en este país, genera tanta empatía con tanta gente, de tantas diversas esferas, el fenómeno vale la pena conocerlo, reflexionarlo y difundirlo.

Pero no pienso escribir aquí de Miss Bala, de ella ya se escribirá bastante en los próximos días, prefiero escribir sobre su director Gerardo Naranjo, mi “primo”, nos adoptamos como tales hace muchos años. Lo conocí en la prepa cuando yo vivía en Morelia y él en Salamanca, posteriormente, cuando los dos nos mudamos a la Ciudad de México, pude convivir más con él, a esas tempranas edades universitarias antes del talento se ve la pasión, la curiosidad y la entrega, y de eso tenía mi primo en hartas cantidades, aparte de un gran carisma y generosidad, factores primordiales en una persona para desatar amistades a su paso.

Complicidades y aventuras hemos tenido varias, en compañía de otros dos amigos nos perdimos en la sierra de Oaxaca, llegamos a un pueblo llamado “La Luna” y  Gerardo se gastó decenas de fotos en perros y cantinas; hicimos un mural sobre papel kraft en su azotea para una actuación de su hermano en la escuela de derecho; actué en estado de ebriedad en uno de sus primeros cortometrajes, una historia de Cortazar sobre un dibujante que moría por accidente al caer por una ventana; lo vi armando una casa de cartón en su azotea no más por el gusto de saber que se sentía vivir así; fui cadenero en una de las míticas fiestas que organizaba para poder financiar sus cortos; fui testigo de su intento por entrar al mundo de la pintura con cuadros de personajes sombríos nada mal hechos, y de su subsecuente bateo por una universidad yanky para estudiar artes plásticas (cosa que probablemente, y gracias a sus pelis, muchos agradecemos); pedimos dinero y hasta un edificio para montar una distribuidora de video juntos llamada “Lokoteka”, etcétera.

A Gerardo lo respeto y quiero como persona, y como creador audiovisual casi generacional (me lleva unos años) digamos es de los que más admiro, por todo el empeño y rigor con el que ejecuta su trabajo. He compartido tantas horas de pláticas desde nuestras respectivas trincheras sobre el quehacer creativo, que me da un enorme gusto ver como despega hecho la bala para latitudes cada vez más altas. Hace seis años cité a mi primo Naranjo en una ponencia que dí en Argentina, se titulaba: Responsabilidad Creativa, él en alguna conversación etílica me dijo: “¡Yo por una buena película daba un dedo meñique!”. Yo digo que admiró esa entrega y agradezco que para hacer su cuarto largometraje, Miss Bala, Gerardo no haya perdido ninguna falange. Ojalá mi primo, y demás guerreros del cine nacional, sigan contando historias que nos ayuden a entender esta realidad que nos tocó vivir.

Amén.


Sobre el correr

septiembre 7, 2011

Llevo tiempo corriendo, me gusta este deporte por varias razones: la primera es de carácter hedonista, corro porque siento que me mantiene en forma, es la manera más rápida de quemar  calorías, razón por la cual puedo comer más sin empezar a inflarme como globo, ademas con el ejercicio tu cerebro libera sustancias placenteras que te acompañan todo el día. La segunda es más creativa, trotar de alguna manera me permite oxigenar mis ideas y refrescar mis pensamientos, recuerden que cuando se corre no solo se corre, se piensa, se ajustan emociones y se sudan aberraciones. La tercera razón es más topográfica, considero que solo así, a pie, es que se puede dimensionar una avenida, una colonia, una ciudad. Me encanta correr cuando estoy de visita en otro país, solo a esa velocidad y desde esa perspectiva se puede trazar un mapa vivencial de esa nueva geografía.

Comencé a correr cuando una vecina muy guapa me preguntó a medio reventón: ¿Te gusta correr?, la vi y dije:  No me gusta…¡me fascina! Ese fin de semana estábamos en la pista del Sope en el Bosque de Chapultepec a las 7 de la mañana, ella corriendo y yo sufriendo. Sin embargo por el gusto de verla diario comencé a correr regularmente por las mañanas, hasta que como todo los hábitos y vicios, le agarras el gusto o de perdis le pierdes el asco. Así nació esta pequeña pasión por una actividad que hasta la fecha realizo. Se ha ido perfeccionando y profesionalizando un poco más, ya corrí varios medios maratones, y estoy pensando que en una de esas me chuto uno completo.

Corró periódicamente también en las carreras que se han puesto de moda en todo el planeta, y si, tienen su encanto, no se puede imagina la adrenalina medieval que se vive cuando se corre en la misma dirección y con el mismo uniforme junto a 12, 000 personas, o lo emotivo que es superar el dolor físico estimulado por una simple porra o grito de aliento de un desconocido. Para mi las carreras son ríos de emociones, de estímulos, paréntesis mentales para reordenar ideas y acomodar las viseras, son la oportunidad de demostrarnos que somos más de lo que pensamos, pesar nuestro esfuerzo, calar nuestro llanto, medir nuevas satisfacciones y ejercitar nuestra perseverancia.

En ese mar de gente que comparte la calle con uno en una carrera de 5, 10, 16 o 21 kilómetros, hay muchísimos que personalizan su camiseta con frases, hay unas geniales, por ejemplo: “Luis no me sigas, vamos juntos”, “No es sudor, mis células de grade están llorando. Susie Te Amo” o “Rajarse no es una opción”.

Ahora que estoy haciendo mi primer largometraje, me gusta pensar en un paralelo entre correr largas distancias y armar una historia más compleja y ambiciosa. Uno se prepara de una manera similar en ambos ambiciosos proyectos de largo aliento, corriendo cada vez más largas distancias, concentrándose cada vez más, sufriendo y sonriendo cada vez mejor. Todos los que terminan son campeones por el hecho de llegar a la meta, no mas que unos tiran a ganar y otros no más a llegar. Cuando corrí mi tercer medio marathón me pinté con un plumón indeleble la siguiente frase: ¡Va por México!. Yo digo que en ambos casos, cuando corro y al hacer mi trabajo, se lo dedico a este pedazo de tierra que tanto quiero, para sacarlo del hoyo en el que esta se merece el esfuerzo diario de cada uno de nosotros.

Amén.


La ética porno

septiembre 3, 2011

A mi amiga Otoño la conocí en una exposición en Buenos Aires, es una mujer muy guapa y tiene la misma cicatriz que yo por encima de los labios, esto fue un excelente pretexto para entablar una conversación. En poco tiempo supe que teníamos algo más en común: nos gustan las chicas. Resultó que una de sus fotografía era la única pieza que me había interesado en la Feria de Arte de Buenos Aires, una fotografía de una mujer desnuda, virada a rojos, tomada dentro de un jakuzzi. Sencilla pero contundente, como toda toma sexual bien hecha.

Otoño es brasileña y trabaja tomando fotos de chicas desnudas para revistas de caballeros con logo de conejito, un día me pidió por correo-e que paseara a una amiga suya que venía de visita a la ciudad de México, al ubicar la latitud de donde provenía, el personaje que lo solicitaba y el ostentoso hotel sobre Reforma en que se hospedaba, dije inmediatamente que si.

Pase por ella en un taxi decidido a llevarla a los lugares más macarras, cutres e interesantes de esta gran ciudad. Era una morenaza guapa y de medidas desbordadas por el bisturí, más tardamos en presentarnos que empezar a hablar de lo que hacíamos. Me dijo que hacía fotos desnuda, y le pregunté si nada más había hecho desnudos, y me contestó: No, antes hacía pornografía dura (hardcore). Me brillaron los ojitos. Nunca había conocido a una guerrera de esa industria, así que emocionado empecé a bombardearla con todo tipo de preguntas.

Dijo que a diferencia de muchas compañeras de set, su historia comenzó sin violaciones, ni abusos, empujada por una sencilla pero potente razón: le encantaba coger. Venía de una familia zapoteca de emigrantes mexicanos que vivían en al este de Los Ángeles y su relación familiar, en la que no ahondó, sonaba algo dañada. No hablaba español, no le enseñaron el idioma sus padres para que no fuera segregada en ese país de las libertades y los dólares. Su primera vez fue con su novio a los 13 años, el novio era un pastor de no se que religión, seguro una muy liberal.

Comenzó en su adolescencia prostituyéndose en la calles por 70 verdes. De ahí entró a una compañía pornográfica como recepcionista y cuando vio lo que le pagaban a las chicas que estaban frente a la cámara se le hizo pequeño el mar pa’echarse un buche. Se despojó de pudores y del resto de la ropa, y dio el salto hacia la fama. Me explico la “ética porno”, una serie de reglas que uno tiene que seguir para poder llegar a la cima. Primero puedes tener sexo con otra mujer, luego puedes grabar escenas con un caucásico, después dos chicos güeros simultáneamente y posteriormente puedes pasar a darte uno de color, y así sucesivamente. Llegó a grabar con cinco chicos al mismo tiempo. Me explicó que si te saltas un paso de estos, se acorta tu carrera porque empiezas por lo más duro. Había cogido con maquinas pero no con animales, -¿Eso es ilegal, no? me preguntó.

Le pregunté con quien había compartido no escenarios, sino flujos, citó nombres míticos de la industria como Rocco Siffredi o Jenna Jameson, y confesó que se quedó con ganas de darse a Sasha Grey. Me platicó hasta de la tortuga que tiene Ron Jeremy y que dice que es Dios. Uno pensaría que le pagaban cantidades exhorbitantes de dinero, y nada es más alejado de esa intensa realidad. Por llamado le pagaban mil dólares, sin importar cuantas veces ni con quien, eso, menos el 50% que le quitaban de impuestos. Si, inverosímil que una chamba tan desgastan (literalmente) como esa sea menos pagada que ser edecán o modelo. Por cierto, y hablando de billetes, tuvo un contrato anal por dos años. La redacción de dicho documento ha de ser una joya del absurdo capitalismo.

Por supuesto hablamos del amor, sobre lo complicado que era para ella encontrar pareja con ese tipo de trabajo. No recordó tener ninguna pareja fuera del negocio o que no fuera su fan. Ahora tenía un novio millonario hindú de sesenta años, que por supuesto le daba una mensualidad, ella sabía que no era la novia exclusiva. Cuando le pregunté quien era el amor de su vida me respondió que su papa.

Respuesta tras pregunta, cinismo tras sorpresa, el personaje me enganchaba por la manera de contestar todo, sin tapujos ni pena, con un gusto por compartir lo más escandaloso de ese mundo que a tanta gente cautiva. Pasamos de comer en un mercado, a tomar pulque en el centro histórico, para el momento del digestivo, que fueron unos mezcales en la calle de Regina, ya estábamos con tal confianza que la invité a seguir la entrevista en unos baños públicos de la calle de Isabel la Católica. Bebimos cerveza desnudos en un baño turco, tenía unos tatuajes increíbles, pero los que recuerdo eran uno en su brazo derecho con la leyenda Califonian heart, y en el brazo izquierdo una calavera mexicana, perforaciones por todos lados. Yo me sentía el plomero de una peli para adultos a punto de comenzar.

Se salió del mundo de la pornografía después de diez años, renunció porque su agente la quería meter al Bunny Ranch, un prostíbulo para ex-actrices XXX que como ella ya habían agotado todo el espectro de la ética porno. Era algo ya muy decadente y barato, prefirió irse a Nueva York a ser asistente de un curador. Le gusto tanto la entrevista que me sugirió ir al Valle de San Fernando en California, su novio tenia un millón de dólares para invertir, y hacer un documental le parecía una gran idea. Le dije que no gracias, que si iba para allá seguro no salía y estaba feliz en este país inventando mis proyectos.

Cuando nos despedimos lo primero que hice fue googlear su nombre artístico, encontré cientos de vídeos, fotos y ligas. ¡Era una profesional en toda la extensión de la palabra! Pero también encontré un video donde salía llorando, en él confesaba que todas sus escenas las había hecho en un estado sórdido de ebriedad, hablaba de un aborto que tuvo y de las múltiples veces que contrajo gonorrea, de como Dios le tenía un propósito más grande para ella en la tierra que el de cubrir su cara con semen. Si, se había vuelto cristiana y miembro de la Fundación anti-pornografía Pink Cross. En el video ella terminaba diciendo “Gracias Dios mío, todas las cosas son posibles”.

Yo no supe que decir, me encantó el personaje y su historia, pero definitivamente coincido con ella…toda las cosas son posibles.

Amén.


Momentos peculiares australianos

septiembre 1, 2011

Gracias al amigo Tim Webster que conocí en Brasil, tuve la oportunidad de venir a conocer el continente que me faltaba: Australia. Con ayuda de la promotora cultural Annemarie Kohn me trajeron a dar dos talleres, tres conferencias y presentarme con unas intervenciones en el mejor festival de música de este país: Splendour in the Grass. Como en cualquier viaje, coleccioné una serie de anécdotas, de momentos que atesoro y a continuación comparto.

1. Welcome
Por inverosímil y absurdo que suene, el oficial de inmigración que me recibió en la escala de Los Ángeles tenía por nombre de pila: Bienvenido. Lo leí en su placa y no lo podía creer, y por supuesto tampoco me podía reír, conociendo la poca tolerancia y humor que tienen esos personajes, lo único que pude hacer fue preguntarle para confirmarlo: Your name is “Bienvenido”? Volteo a verme con la cara de alguien que esta cansado de repetir esa misma explicación, y afirmó con un breve y casi inaudible “Yes”.

Sus padres habían sido videntes al nombrarlo así, o lo habían marcado de por vida al darle semejante nombre. Me quedé con unas ganas terribles de tomarle una foto a su placa, o por lo menos de saber como se llamaba el resto de la familia.

2. Entre Dios y el Diablo
Me gusta la frase “Dios proveerá”, se puede usar para lavarse las manos y desligarse de responsabilidades, pero también como perfecta bandera para la práctica de la deriva. Con dicha frase en la mente me vine a Sydney sin saber donde me iba a quedar, y solo como 300 dólares en la bolsa. En el avión me encontré al hijo de un gran amigo que estudia acá, Juanito. Me dijo que tampoco tenía donde quedarse pero que tenía muchos amigos en la ciudad. Al llegar fuimos a visitar a uno que le apodaban “El Diablo” a un edificio muy coqueto ubicado en una zona al lado de la bahía en el centro, nos recibió crudísimo en la sala, dormido en el sofá, dijo que casualmente otro par de mexicanos habían dejado el departamento de arriba, que lo podíamos usar. Nos dio las llaves para irlo a ver, era una maravilla de tres habitaciones, con cable, internet y vista al mar. Por si fuera poco uno de los mexicanos dejó su teléfono celular, el cual por supuesto utilicé todo el resto del viaje.

Dicen que Dios proveerá…y bueno, a veces el Diablo también.

3. El provocador
En la prepa decían que era detestable, por la manera en que me gustaba estar verbalmente incomodando y cuestionando a los demás, mis amigos me apodaron Nasty, y hasta la fecha mi hermano y varios cercanos me dicen así. En Lismore, Australia, me contrataron para ser “provocador” de 15 artistas emergentes. Complicarles la tarea y la vida era mi trabajo durante 15 días. ¡Que bonito ha sido  poder capitalizar profesionalmente hasta eso que los demás consideraban defectos en uno!

Al final del viaje una chica ya me estaba proponiendo matrimonio, creo que hasta para eso de provocar hay que tener ciertos límites.

4. Ayudando a los niños a sonreír
La economía de este país es bastante sólida, por lo cual sus jóvenes tienen la etiquete de ser una generación malcriada, digamos que son unos ninis con mucho presupuesto. Entendiendo esto podemos imaginar como es el mejor y más grande  festival de rock en el que tuve el gusto de trabajar, un hedonismo-cinco estrellas-buena onda que se antoja disfrutar sin ninguna preocupación social o existencial en la cabeza. El paréntesis perfecto, la burbuja anhelada pero sin paz, solo ritmos y sustancias que alteran la percepción.

En este contexto, de madrugada encontré un toldo de los Rotarios que ofrecía desayunos por 10 dólares, un precio accesible en comparación con el resto de las opciones. El lugar estaba repleto de ancianos entusiastas que preparaban, servían y cobraban, en medio de esta pandilla de sexagenarios estaba trabajando una adolescente güera con braquets, su entusiasmo y entrega me hicieron sonreír. No todo estaba perdido en este perfecto primer mundo, existían también esas excepciones de inadaptados que nos permiten seguir creyendo en la humanidad.

Disfruté mi desayuno con lágrimas en los ojos.

5. La verdadera muerte de Videoman
…y de mi amigo el artista Paul Gazzola, casi se da en una carretera de esas en las que uno avanza del lado izquierdo. Veníamos de Byron Bay a Lismore, regresábamos de surfear, nadar y comer. Yo como buen pésimo copiloto, pero excelente dormilón, en cuanto nos subimos al auto cerré los ojos y quede dulcemente noqueado. Me despertó el ruido de las llantas cuando salieron de la carretera, las piedras del acotamiento hicieron vibrar al coche de una manera súbitamente preocupante. El conductor también se había quedado dormido.

Lo bueno fue que nos tocó en una recta, lo mejor fue que nos salimos hacia el lado izquierdo, donde había espacio y no coches en sentido contrario, y lo excepcional fue que le dije a Paul: “Are you Ok?”,
- Yes, I just fall sleep for a second!, contestó exaltado.
“Ok” le dije, y me volví a dormir.

6. Perros paralelos
En Melbourne hay una tienda que se llama “La linterna mágica”, la lleva un chico argentino que casualmente se dedica a pintar chihuahueños con cabezas de cámara de foto, cine y video. Cuando le mostré las fotos del Videohuahua no lo podía creer. Nos fuimos a comprar unas pizzas y un tinto para festejar. Su perrita chihuahua se llamaba Norma.

7. Cuestión de enfoques
Turisteando en la ciudad de Adelaide me subí al tranvía rumbo a la playa, en el mismo vagón había un viejito en silla de ruedas rodeado de señoras de su misma edad charlando, de repente el señor comentó que iba para México, y dijo la siguiente frase: “Todo mundo esta feliz allá”. Sorprendido me acerqué para tratar de entender mejor el contexto de la charla y a los personajes. El señor explicaba su emoción por ir a pasear por las tierras aztecas, y las viejitas solo asentían con la cabeza. Al acercarme vi que tenía un pin sobre su chaqueta que decía “Visión impared person”, pensé en cómo a veces es una bendición no leer las noticias.

El señor se bajo en un lindo pueblo llamado Glandore, donde todo era limpio y no había barrotes en la ventanas.

8. El ataque de los pericos asesinos
Si vas a Oceanía tienes que conocer en persona a su rarísima fauna, así que mis amigos Hector y Vanessa me llevaron a una especie de zoológico para darle de comer a los kanguros y los koalas. Para entrar a dicho espacio teníamos que pasar por la jaula de las aves y a la preciosa hija de dos años de mis amigos  se le ocurrió entrar comiendo una manzana. Recibimos rápidamente el ataque de varias pequeñas aves de colores, se prensaban de mi camiseta y del pelo mientras hacían un ruido espeluznante. Inverosímil, absurdo, precioso. Recordé la película “Pájaros” de Hithckok. No me había sentido tan amedrentado por un animal desde que un mono araña me atacó en su jaula en Orizaba en la infancia. No me había reído tanto en muchos años.

Cuando regresé a mi casa ya no pude ver con los mismos ojos a Juanga y a Noa, la pareja de periquitos australianos que tengo en la sala.

-

Hay gente que dice que “Las anécdotas son un lenguaje que utiliza la vida para proporcionarnos información”, yo digo que son los detritos de la vida que vale la pena destilar y compartir para la sonrisa común.

Amén.


El Cirerol

agosto 31, 2011

Su música la conocí por recomendación de Txema Novelo, un artista que se le ocurrió inventar una disquera para sacarle un vinilo a este mushasho veinteañero de Shicali. Cuando bajé su LP del sitio de Vale-vergar-discos y lo escuché por primera vez inmediatamente me enganchó, me gustó su música, sus letras, su fresca, cómica y entregada manera de cantar, me gustó porque sabe a México, al norti, a un punk deslavado, como mucho de lo que se importa y se malentiende para bien de algo nuevo, de esas cosas que se reinterpretan a pasto en los estados fronterizos.

Lo conocí en persona en Lilit hace casi un año, un día llegó con una banda, y ya que los dos estábamos vestidos a la norteña, mi primer comentario territorial fue: “Oras, bienvenido, esta es tu casa, por cierto…mi hebilla es más grande que la tuya”, a lo que con indiferencia dijo…“Oras, chilo”, y se fue a tomar unas cheves con su banda. Esa noche recordé lo mucho que me gustaba su música así que le mandé un mail a la palomilla recomendando bajaran su disco, decía así “Me gusta su onda porque es sencilla: guitarra + voz, una combinación entre Chava Flores, algo de rock urbano pero con onda re-norteña y algunos solos estilo Violent Femmes. Es una honesta propuesta jovial”.

Después reflexioné un poco más, ya no sobre porqué me gustaba a mí, sino porque estaba gustando tanto a tanta gente, y pensé que las razones podrían ser varias: el hecho de que viniera de los estados del norte, tan castigados por la violencia y el narco; o porque sonaban a pueblo sus rolas; por su virtuosismo en la guitarra; por su honestidad -que raya en cinismo- con el que trata el tema de las drogas; o por el hecho de ser un contrapunto que surge de la zona de donde hace diez años nació el movimiento de música electrónica más importante que ha tenido este país: Nortec.

Pero lo que uno piensa de otra persona, es muy diferente a lo que uno cree que los demás piensan de esa otra persona, y es opuesto a lo que esta persona cree de si misma. La semana pasada le hice una entrevista en mi casa, y le pregunté porque creía que a la gente le gustaba su música, me contesto: “Porque soy buen músico y hago buenas melodías”. Tan sencillo y tajante como eso.

Ahora ya somos compás, se ha quedado unos días en mi casa, le he ayudado a armar su press-kit, y a conectarle algunas entrevistas, ahora entiendo a Arriaga y a Ehrenberg, de cómo cuando me conocieron me ayudaron sin mayor interés que el de facilitarme la vida. Creo que los que nos abrimos nuestro propio camino, después, cuando pasan los años, valoramos a los que vemos más jóvenes abriendo paso de la misma manera que nosotros lo hicimos, aplaudimos a los que le apuestan con todo, y con ganas no nos quedamos en ayudar a hacer su travesía más amena.

Juan Cirerol trae en su cartera una estampa de Juan Gabriel que dice “número 1″, se rumora que a su corta edad ya tiene 100 canciones compuestas, el martes pasado escuché a una crítica musical jurar que tenía 300 rolas. Así nacen los mitos, y así despegan las carreras. Se dice tanto de este plebe, que más que decir lo que dice los invito a que escuchen su música, esta templada con hartas horas de trabajo y una constante búsqueda de audiencia. Yo digo que sería una gran bendición que el país tuviera más gente con esta pasión en su chamba.

Amén.


Influencias

junio 27, 2011

Nadie nace por generación espontánea; todos respondemos a una historia y a un contexto que se construye con estímulos, situaciones, objetos, ideas, experiencias o personas que nos mueven, marcan, empujan, contagian, etc. Todos nos alimentamos de algo, al principio de lo que nos toca a nuestro al rededor, posteriormente y si nos va bien, de lo que nos gusta y escogemos. Este tipo de interacción suele ser unidireccional, pero puede estar encadenada: uno crece y uno puede hacer crecer: esa es una de las riqueza de vivir dentro de la tribu.

A este flujo de información, de paso de estafeta, algunos le llaman “influencias”, “referentes”, “detonadores”, etc., es lo que nos motiva e inspira o hace transpirar para llegar a nuevas latitudes; es lo que ha permitido que las ideas crezcan, que las experiencias se transmitan, que el conocimiento se sume, que en pocas palabras se genere CULTURA. Así, en negritas y mayúsculas.

Es un ejercicio entretenido y sano distinguir los diferentes tipos de influencias que nos afectan, para poderlas buscar, entender y digerir. Para aprovechar más conscientemente su empuje, pero también para poder dejar un campo de acción al instinto, al subconsciente, las apuestas personales, el azar y a las mezclas inusuales de la casa.

Hay influencias en nuestra vida en tantas áreas como lleguemos a entender: en lo social, lo espiritual, profesional, laboral, familiar, discursivo, político, sexual, etc. Para los que nos gusta construir un mundo interno se recomienda cruzar, malentender o rebarajear los referentes y las influencias. Cuando se cruzan los campos se refrescan las cosechas.

Como dinámica personal de construcción, en mi campo profesional trato de jalarme de aquello que me llama, y empujarme con todo lo que me repele, con este código binario entre la atracción y el rechazo se mueve uno mucho. Un sano ejercicio es hacer completamente lo opuesto, cruzar los cables: tratar de entender lo que nos desagrada y suprimir el autocomplaciente gusto. Lo importante en el mundo de la creación es no quedarse quieto: si no se produce, por lo menos se debe de estar en flujos de vivencias o información que alimenten el que decir.

Hace algunos años en una entrevista me preguntaron cuales eran mis influencias como artista, contesté que me sentía más influenciado por la comida y la música, que por otras producciones. Que me influenciaba más el mole que había comido en la tarde, y el mezcal que pensaba tomar por la noche, que mi película favorita. De hecho, durante muchos años solo tuve pósters de músicos y ninguna pieza de arte en mi estudio. Supongo lo mío son las influencias con transposición de sentidos, buscar la mentada sinestesia.

Si tuviera que hacer una lista de lo que me influye, con su respectivo ranking en el buscados de google, esta sería:

Un atardecer                        10, 7000, 000
Comida                                 162, 000, 000
Familia                                 423, 000, 000
Enamorarme                       3, 150, 000
Mezcal                                   3, 100, 000
Satélite                                  40, 800, 000
Morelia                                  26, 700, 000
Domingo                               573, 000, 000
Viajar                                     99, 4000, 000
La complicidad                    4, 730, 000
Sexo                                        362, 000, 000
Producción local                  6, 920, 000
Politicamente incorrecto    351, 000
Malentender                          36, 4000

Algunos nombres de personas que admiro, respeto y por supuesto me han influenciado: de entrada, mi familia (Jesus Llanos, Eugenia Jiménez, Rodrigo Llanos, Alicia Llanos, Simona, Antolín y Manuela); personalidades como: Juan Gabriel, DJ Malboro, Dick el demasiado, Sigur Ross, Boby Smith, Manara, William Wegman,  Sadie Benning, José José, Yo la tengo, Ibargüengoitia, Pancho Villa; y mis amigos: Alejo, Constantini, Henaro, Naranjo, Ehrenberg, Arriaga, Pacho, Soler, Minter, Rocha, Lerner, etc. Esta lista puede ser muy grande, y dependiendo el rubro, a mayor conocimiento del campo, mayor número probable de influencias, el amplio criterio solo es saberse parte de ese mar de correlaciones.

Hace tiempo le pregunté a mi ex-asistente Alejandro Loera, quien por cierto estaba haciendo su tesis sobre el trabajo del artista visual Gabriel Orozco, que prefería: la influencia de Juan Gabriel o la fama de Gabriel Orozco. Me dijo que prefería la fama. Yo digo que, por supuesto, me quedaba con la influencia de Juanga.

Amén.


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.