
El festejar año nuevo con mi nueva familia, esa que hereda uno con la pareja, me ha traído a conocer otras latitudes del país, me ha ayudado a descubrir más caras de ese México real, el de adeveras, el polvoroso, grotesco, grasoso, chillante, lleno de olores, descuidado, vibrante y algo peligroso, ese México que tanto me gusta.
En el peculiar pueblo de Fresnillo, Zacatecas, donde la arquitectura adquiere un protagonismo que refleja el dudoso gusto de los nuevos ricos vinculadas al lavado de dinero o a las remesas que envían los exiliados en Gringolandia, he conocido tres cantinas muy peculiares que reseño a continuación:
La Casa Verde
Fundada en 1944 y atendida por un Juanito que no se dedica a la política, se ufana de haberle vendido tequilas a José Alfredo Jiménez y Lola Beltrán. Saturada de fotos, dibujos y pinturas en las paredes, los parroquianos la consideran el mejor museo de arte zacatecano, y en ese mismo tono, por supuesto sin exagerar, un asesor del presidente municipal la denomina “el ombligo del mundo”. Cabe mencionar que dicho asesor terminó unas horas después dormido sobre la mesa y posteriormente sacado en hombros por la puerta principal, definitivamente exageró, por lo menos con la bebida.
En esta cantina venden uno de los tragos más bizarros que he probado, se llama “Conejo”, es una combinación de whisky con rompope y un toque de agua mineral. No se a quien se le ocurrió tan sacrílega combinación, pero al igual que la peculiar arquitectura fresnillense, se agradece tan desbordante libertad y mal gusto. Y hablando de la insistencia por liberar el espíritu, en este bar se acostumbran servir olivas (aceitunas) con hielo y chile, “porque así saben mejor” – dicen.
Una de las fotos que coronan la rocola, retrata a un equipo de futbol integrado por puro bigotón, norteños uniformados con camisetas que muestran por completo la bandera de Inglaterra impresa en el pecho, “Los Rebel’s” dicen que se llama el equipo y pese a que ha obtenido menos triunfos que el equipo estatal de basquet, su “look” tan mestizo me hizo sonreír.
Bar el Trebol
Este bar ha dejado mella en mi memoria, por su penetrante olor a orines y su famoso caldo de rata -solo servido los lunes-. Su clientela es de pocas pulgas, tienen toda la pinta de matones y narcos, pero se rumora que respetan a los visitantes, por si las moscas y por sugerencia de mi acompañante, finjo ser argentino. Estoy nervioso y eso que no me asusto al primer hervor.
Las paredes ostentan, junto al precio de las cagüamas, a chicas desnudas, güerotas despampanantes, de esas que seguro promete el país vecino a la mitad de zacatecanos que se van a buscar oportunidades por allá. Se dice que el 50% de la población estatal, un millón, esta buscando su sueño americano en los Estados Unidos. ¿En que momento perdimos de vista que el sueño americano se puede y debe buscar en todo el Continente Americano?
Fui a este bar acompañado de mi nuevo primo Pancho, fuimos a buscar el famoso caldo de rata porque aparte de sonar a un platillo exótico que uno tiene que probar, los beneficios sonaban sorprendentes: “sientes mucha paz y tranquilidad…un bienestar indescriptible, como cuando la dopamina y la cerotonina deambulan en tu cerebro”.
Siempre he dicho que mi única regla dentro de la cocina es “mientras más exótico, mejor”. Cuando vi la parte superior del tronco de un roedor en mi plato pozolero, en una cantina con olor a orines y escuchando canciones norteñas a todo lo que daba, no-lo-podría-creer. De hecho me costó trabajo comenzar a masticar al ratón, tuve que seguir los pasos de mi primo, y así finalmente compartimos el corazón y las viseras para cerrar el festín.
El Cuerno de Oro
Dicen que este local existe y tiene este nombre porque el dueño se encontró un cuerno de oro en ese lugar. Tiene los vampiros más famosos del pueblo, y mientras los degustaba me quedé pensando en que resume mucho de la naturaleza de nuestra gastronomía, contiene chiles, salsas, verduras, frutas, tequila en generosas proporciones, jugos y cerveza. Así, todo de sopetón, todo en un vaso generoso de a litro y pa’ llevar.
Las cantinas, como todos los mexicanos sabemos, originalmente tenían prohibido el acceso a las mujeres y los uniformados. El cuerno de oro resolvió dicho paradigma inaugurando un segundo piso amparado bajó el término de “Lady’s bar”. ¡Ole!
En fin, estas son algunas experiencias etílicas zacatecanas, valdría también la pena reseñar la vinculada a los nombres de las taquerias, he encontrado varias con nombres muy raros: “El mil ovejas”, tacos de cabeza “El pescador”, tacos grandes “Los envenenados” y hasta una pizerría que se llama “El Taquito”.
Yo digo que la libertad en los pueblos, gracias a Dios, se respira MUY diferente que en las grandes urbes. Que así siga y nos podamos alimentar nuestro espíritu de ambas ubres.
Amén.